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Imagen de una de las primeras visitas realizadas en junio de 2020 a los residentes del centro sociosanitario de El Pino tras el confinamiento. J.C. ALONSO
Los centros sociosanitarios isleños acusan la quinta ola con siete muertes y 177 casos

Los centros sociosanitarios isleños acusan la quinta ola con siete muertes y 177 casos

Desde julio, el virus ha entrado en 25 residencias, afectando a 127 usuarios y 50 trabajadores. Esta semana se detectaron 27 positivos San Juan de Dios

Carmen Delia Aranda

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 8 de agosto 2021, 02:00

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La onda expansiva de la explosión de contagios de coronavirus ha impactado en las residencias sociosanitarias de Canarias y, desde el pasado mes de julio, ha causado, siete muertes y, al menos, 177 infecciones; 50 diagnosticadas en el personal y 127, en los usuarios, según los datos que maneja el área de Salud Pública del Gobierno de Canarias.

En concreto, esta quinta ola ha entrado en 25 centros sociosanitarios de Canarias ; 15 de ellos de Tenerife, con un total de 30 trabajadores afectados, 58 usuarios y cinco muertes; ocho de Gran Canaria (17 trabajadores, 53 usuarios y dos muertes), uno de Lanzarote (dos residentes positivos) y otro en La Palma (cuatro usuarios y tres empleados contagiados). El más numeroso de los focos infecciosos se originó en julio en la Residencia Los Olivos, en el municipio grancanario de Santa Brígida, y afectó a siete trabajadores y 36 residentes, de los que dos fallecieron. El segundo de los brotes más virulentos se produjo en la residencia tinerfeña Virgen de Begoña II, con trece trabajadores y 28 residentes positivos, de los que fallecieron dos. Otra persona murió en una casa de acogida de Tenerife donde se detectó un total de 28 infectados; cuatro empleados y 24 usuarios. La séptima víctima mortal por covid en las residencias canarias durante julio se registró en el centro de mayores Magnolia de Tenerife, en un residente que no ocasionó contagios secundarios.

Con estas siete muertes en Canarias han fallecido con covid en los centros sociosanitarios 83 personas desde el inicio de la pandemia, según el informe del Ministerio de Sanidad.

El último de los brotes detectados surgió el miércoles pasado en San Juan de Dios, en Gran Canaria, y, hasta el momento, acumula 24 contagios entre sus usuarios y tres en el personal.

Los efectos de esta quinta ola en las residencias canarias se han podido minimizar gracias a la vigilancia de las medidas preventivas. Así lo demuestra el hecho de que en doce centros las infecciones solo afectaron a los trabajadores, sin que se dieran contagios secundarios entre los residentes, como ocurrió en la residencia Taliarte Sur, donde se identificó a una persona positiva en su plantilla.

El jefe de la sección de Epidemiología de la Dirección General de Salud, Amós García Rojas, sostiene que la llegada de la quinta ola a las residencias del archipiélago ha sucedido «porque la incidencia acumulada de contagios es brutal y eso llega a todos lados». No obstante, asegura que su impacto se ha atenuado gracias a la vacunación y que la proporción de muertes entre los residentes contagiados -7 de los 103 infectados en julio- coincide con el porcentaje de personas en las que las vacunas no generan una respuesta inmune. «Las vacunas tienen una eficacia de entre el 90 y el 95%. Eso quiere decir que entre el 5 y el 10% de las personas vacunadas puede enfermar», explica.

En todo caso, cree que hay que valorar el beneficio de la vacunación. «¿Cómo sería la quinta ola si no estuvieran vacunados? Aquella fila de ataúdes que vimos en el Palacio de Hielo de Madrid se multiplicaría por cinco», apunta el presidente de la Asociación Española de Vacunología.

Respecto a la posibilidad de obligar a vacunarse a quienes trabajan en centros sociosanitarios y sanitarios, recuerda que en España la vacunación es voluntaria, pero asegura que no parece razonable que una persona que presta un servicio público «no haga todo lo posible para evitar trasladar un problema de salud al público al que tiene que servir». En este sentido, afirma, hay que buscar fórmulas alternativas «que posibiliten controlar esta situación y que esos pocos irreductibles no supongan un riesgo para las personas a las que cuidan».

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