Imagen del cráter de Cumbre Vieja tomada ayer. / Cober/Gerardo Ojeda

Se atisba el final del volcán: «La actividad eruptiva ha disminuido hasta casi desaparecer»

Los científicos piden cautela antes de dar por concluida la erupción. Desaparecen el tremor y la lava, pero la emisión de gases sigue alta

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

El volcán sin nombre de La Palma ha cesado de emitir lava y piroclastos en el mayor apagón registrado desde el inicio de la erupción. Sin embargo, los científicos no se atreven a dar por concluida la erupción ante la posibilidad de que se trate de un parón momentáneo y que se pueda producir una reactivación.

En todo caso, el comité científico constató ayer que «la actividad eruptiva ha disminuido hasta prácticamente desaparecer». Este cese se produjo después de un intenso, aunque breve, pulso explosivo, con una fuerte emisión de lava y cenizas, cuya violencia llegó a asustar a los gestores de la emergencia en la tarde del lunes, en concreto, entre las 17.45 y las 19.00 horas. «Se generó una colada con 200 metros de ancho», explicó ayer el director técnico de la emergencia, Miguel Ángel Morcuende, quien lamentó no poder certificar el final de la erupción.

Sin embargo, tras este violento episodio, el tremor -el ruido sísmico provocado por la circulación de fluidos por los conductos volcánicos- enmudeció y ayer el volcán solo emitía fumarolas de gases de forma más débil que en días anteriores.

El flujo de lavas seguía discurriendo por tubos volcánicos, aunque con el caudal muy disminuido respecto al del lunes, indicó el comité científico del Pevolca en su informe diario sobre la evolución de la erupción. En todo caso, todos los parámetros que miden la actividad eruptiva «parecen indicar signos de agotamiento» del volcán, señalaron los científicos en su boletín.

El tremor desapareció casi por completo desde las 22.00 horas del lunes y hasta la hora de cierre de este diario. La eliminación de este ruido sísmico permitió detectar terremotos de escasa magnitud que hasta ahora habían sido camuflados por los sonidos de la erupción. La sismicidad fue escasa a profundidad intermedia y se mantuvo con niveles muy bajos a profundidades de más de 20 kilómetros. El mayor de los registrados ayer se localizó a 11 kilómetros de profunidad en Fuencaliente con magnitud 3,4.

En el caso de la deformación del terreno, ayer no se detectaron cambios en las estaciones cercanas al cono ni tampoco en el resto de la red.

El único indicador que se mantiene alto es, según Morcuende, el volumen de dióxido de azufre emitido por el volcán, que aún está en un rango muy elevado, entre 1.000 y 29.999 toneladas al día, si bien durante la tarde de ayer se esperaba realizar una nueva medición.

«No podemos decir que nos encontremos ante lo que usted quiere y yo más que usted: que esto se acabe», dijo Morcuende respondiendo a un periodista sobre la posibilidad de que la erupción haya llegado a su final. Añadió que «la impresión puede ser una y la realidad puede ser otra», así que la actitud del comité científico del Pevolca es «de prudencia, tranquilidad y espera. En principio esto va razonablemente bien pero nada más», subrayó el portavoz.

No es la primera vez que el tremor desaparece momentáneamente. Este hecho se dió el pasado 27 de septiembre cuando el volcán enmudeció durante unas cuatro horas tras las que reanudó su actividad.

La presencia de dióxido de azufre se redujo ayer notablemente en el Valle de Aridane y en todas las estaciones la calidad del aire fue buena o razonablemente buena, salvo en Los Llanos, donde se registraron valores altos de partículas en suspensión menores de diez micras.

La columna de ceniza alcanzó ayer los 2.200 metros y se prevé que hoy se mueva hacia el oeste, lo que podría afectar a la operatividad del aeropuerto de La Palma, donde ayer se suspendieron los vuelos durante la mañana.

Según el Cabildo de La Palma, las coladas ya ocupan 1.221 hectáreas, con una anchura máxima de 3.350 metros entre ellas.

De las 7.000 personas evacuadas, 2.297 han resultado afectadas por tener su residencia bajo el volcán, que ha destruido 1.318 casas, según el catastro.

hectáreas han sido cubiertas por las coladas, según los últimos datos aportados por el Servicio de Innovación del Cabildo de La Palma. De esta superficie, 369,95 hectáreas se corresponde a cultivos destruidos. Más de la mitad, 228,58, eran plataneras.