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Detrás de la columna, la cama plegable en la que duerme Francisca M. en uno de los pasillos de El Pino. C7
Una anciana vive desde hace dos años en un pasillo de El Pino para estar con su hijo

Una anciana vive desde hace dos años en un pasillo de El Pino para estar con su hijo

ASUNTOS SOCIALES ·

Las instituciones buscan cómo solucionar una situación excepcional: Francisca M. tiene casa, pero prefiere dormir cerca de su hijo, ingresado en Salud Mental

Luisa del Rosario

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 12 de marzo 2023, 01:00

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Francisca M. tiene 85 años y, desde hace casi dos, su domicilio es uno de los pasillos de acceso a la residencia sociosanitaria de El Pino, que también atiende a personas con algún trastorno de salud mental. Por eso está allí ingresado su hijo, y esa es la razón por la que ella no quiere irse. Se trata de un caso excepcional, conocido por las instituciones públicas y ante el que no se ha podido dar respuesta.

La anciana comenzó durmiendo en una butaca en la parte baja de las zonas comunes del complejo residencial. Cuando se dieron cuenta, le explicaron que no podía quedarse allí y Francisca M. se fue. Pero, en lugar de regresar a su casa, se echó a dormir en la zona del muelle de carga del edificio. Por eso, la consejera de Políticas Sociales del Cabildo de Gran Canaria, Isabel Mena, instó a que no la obligaran a marcharse cuando llega la hora de cerrar las puertas. «Es que se me parte el alma», asegura.

«Es una historia muy triste», reconoce Mena. Una historia en la que, de una u otra forma, buena parte de los trabajadores y trabajadoras de la residencia sociosanitaria y de la Dirección General de Dependencia y Discapacidad de Gobierno canario, que está en el mismo edificio, se han intentado involucrar sin éxito.

«Francisca quiere vivir con su hijo, dentro de la habitación», dice Mena, lo cual no está permitido. Pero tampoco se le puede ofrecer una alternativa, como una plaza en la residencia pública, porque no cumple con los requisitos.

En 2018 se comenzó a tramitar la dependencia de Francisca, pero la valoración le otorgó grado I, el más bajo y el que entre los servicios a los que tendría derecho no incluye una plaza sociosanitaria. Sí tiene reconocida una discapacidad del 80%, pero eso tampoco le brinda lo que ella demanda. Vivir allí, con su hijo.

Francisca M. tiene vivienda, pero su hogar es donde está su hijo: en El Pino. El personal cree que, posiblemente, vaya a su domicilio a asearse o, tal vez, lo hace en los baños de la residencia. Tampoco parece que tenga problemas económicos para sobrevivir, pues recibe una pensión. Lo que no tiene es la compañía de su ser querido, que es con quien pasa todo el día paseando por los alrededores de la calle Tomás Morales.

Cuando detectaron su presencia en ese pasillo, se alertó a los servicios sociales municipales. Fueron ellos quienes advirtieron que quizás podría tener algún problema mental, pero que no estaba diagnosticada. De hecho, su caso llegó a ponerse en conocimiento de la Fiscalía, pero se cerró el expediente al entender que Francisca M. tenía capacidad de decisión, explica Rosa Rubio, fiscal delegada de la Especialidad Civil y de Protección Jurídica de las Personas con Discapacidad en Canarias

El Pino le ha facilitado a Francisca M. una cama plegable para que descanse por las noches y no duerma en una butaca, pero, conscientes de que esa no es la solución, el Cabildo de Gran Canaria ha pedido a Fiscalía el ingreso no voluntario de la anciana. Para ello se requiere que, desde el Instituto Anatómico y de Ciencias Forenses, se emita un informe, por lo que un o una profesional debe valorarla. Lo difícil será que quien deba hacer el informe forense pueda citar a Francisca enviándole una carta a una casa en la que no vive, según la queja de trabajadores sociales. Hay que «respetar la voluntad» de las personas, recuerda la fiscal Rosa Rubio, señalando la entrada en vigor de la nueva ley 8/2021 que reformó la legislación civil y procesal para el apoyo a las personas con discapacidad en el ejercicio de su capacidad jurídica. Aun así, no descarta que en esta ocasión sea diferente para Francisca M.

Las pertenencias de Francisca M. en una butaca del pasillo. C7

«Yo no me valgo sola, y la soledad es muy triste mi niña, muy triste»

L.R.G.

Las Palmas de Gran canaria. Francisca M. se ayuda de un andador para moverse. En él cuelgan las bolsas con sus cosas más preciadas y también la cena que empieza a sacar y colocar en una mesa. Al ser preguntada sobre el motivo por el que se queda a dormir en un pasillo, en lugar de irse a su casa, responde convencida. A su casa no, que ella no se vale por sí misma. «Mírame, yo no puedo estar sola», dice, señalando hacia sus piernas y dando a entender que tiene problemas de movilidad.

Con todo, a Francisca M. le pesa más la soledad. Cuenta que hace siete años perdió a su marido a quien «quería muchísimo». Según ella, «era un hombre buenísimo» del que se sentía orgullosa, porque ayudaba a todas las personas a las que podía, incluso trabajando de forma gratuita.

Con su hijo ingresado en el área de Salud Mental y sus otras dos hijas viviendo fuera de las islas, Francisca M. se encuentra desamparada. «La soledad es muy triste, mi niña, muy triste». Quedarse a vivir en El Pino, aunque sea en esas condiciones, es mejor que la soledad.

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