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Le pegaban y le insultaban en un colegio de Canarias por ser homosexual

Elías sufrió durante años constantes agresiones físicas y verbales en el colegio donde estudiaba en Tenerife. Sus compañeros le esperaban a la salida de la escuela para escupirle e incluso llegaron a tirarle por las escaleras mientras otros esperaban para darle patadas, relata

CANARIAS7 Las Palmas de Gran Canaria

El acoso escolar es un fenómeno que lleva plagando los centros escolares desde hace tiempo. Miles de alumnos han sufrido alguna forma de acoso escolar o incluso maltrato por parte de sus compañeros.

A pesar de las incesantes campañas de concienciación que se realizan en los centros para evitar este tipo de conductas y comportamientos, cada vez son más los casos de acoso escolar.

Elías es un joven tinerfeño, de 31 años, que aún recuerda el sufrimiento causado por el bullying que vivió durante 12 años en su etapa escolar por ser homosexual, en el insituto de Ravelo, en El Sauzal, según cuenta en una entrevista en Cope

Tal y como explica Elías, el acoso empezó simplemente por el hecho de ser afeminado, cuando él aún no era consciente de su propia sexualidad y recibía «insultos y amenazas por parte de sus compañeros, que se convirtieron en agresiones físicas».

En un principio Elías trató de resolver la situación por cuenta propia, sin acudir a sus padres ni profesores. No obstante, una vez los profesores y demás personal escolar supieron del trato que estaba recibiendo, no hicieron nada al respecto, por lo que no recibió ayuda alguna, exceptuándo el apoyo de algunas de sus amigas.

Sufrió en completo silencio durante dos cursos hasta que fue capaz de contárselo a sus padres. Su madre se personificó en el centro para exigir una solución que tampoco llegó.

La situación se tornó tan dura que Elías se vió obligado a abandonar el centro donde estudiaba. Sus compañeros le esperaban a la salida de la escuela para escupirle e incluso llegaron a tirarle por las escaleras mientras otros esperaban para darle patadas.

Obligado a abandonar el equipo de fútbol

Pocos años después, se vio obligado nuevamente a abandonar el equipo de fútbol en el que jugaba. Por aquel entonces ya había reconocido su sexualidad, pero sus compañeros evitaban compartir el espacio de los vestuarios con él.

Actualmente, Elías aboga por el conocimiento. Quiere que la sociedad sea consciente de que las víctimas de acoso sufren las secuelas durante el resto de sus vidas.

«Es muy duro, sobre todo en estas edades tan difíciles en que eres preadolescente y adolescente, porque tú te estás conciendo a ti mismo, todavía no sabes ni qué eres, ni qué no, ni qué es lo que te gusta, ni qué no. Entonces te intentas adaptar al medio para pasar desapercibido, para no recibir esos insultos, esas agresiones físicas y te pierdes. Y luego pasas tu etapa adulta intentando encontrarte de nuevo», explica Elías.

Desde entonces ha recibido apoyo psicológico y ayudas que le han permitido superar la situación, pero subraya que el dolor todavía persiste.

«El mensaje que le mando a los niños es que busquen apoyo. Muchas veces sentimos que vamos a decepcionar, que no vamos a estar a la altura con nuestra familia, con nuestros amigos, con nuestro entorno, pero no pasa nada. Todos tenemos algún tipo de problema, todos somos diferentes y todos tenemos derecho a que nos ayuden y a apoyarnos en los demás» puntualiza Elías.

Finaliza su testimonio a consejando a los padres el estar pendientes de los pequeños cambios que puedan experimentar sus hijos, sobre todo cuando ya no quieren acudir a la escuela o buscan excusas para no relacionarse con los demás. También recomienda ayudar a los otros desde el cariño y no desde la imposición para evitar el malestar de la víctima.