Acento canario ante Francisco en Marruecos

31/03/2019

Francisco inició este sábado una visita oficial de dos días a Marruecos. Y visitará a las monjas de Temara, en las afueras de Rabat, un ejemplo de entrega a los demás y entre las que durante medio siglo ha estado la grancanaria sor María Luisa

Son tres monjas españolas que al día curan a quince personas con quemaduras, dan de comer a 150 niños pobres, enseñan matemáticas y lenguaje a alumnos con dificultades y alfabetizan a mujeres adultas. Y ahora van a recibir al papa Francisco. En esa labor solidaria se ha escuchado durante medio siglo acento canario: el de la monja sor María Luisa, natural de Gran Canaria, que en 2010 ya tuvo el honor de ser condecorada, junto a sus compañeras, por el propio rey Mohamed VI. Pertenecen a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y en aplicación de las consignas del papa -«salir a la periferia»- llevan a cabo una callada labor de asistencia allí donde la ciudad da paso al campo, con todo lo que eso significa en un país como Marruecos: un salto brutal a la pobreza.

A las afueras de Temara, una ciudad que ya es en sí misma la periferia de Rabat, el «centro rural» que regentan las monjas es toda una referencia en la región, pero la superiora, la hermana Gloria, puntualiza una cosa: aquí solo se atiende a los verdaderamente necesitados.

Atención sanitaria

Cuando la hermana Gloria habla, hay de fondo un llanto agudo de un niño que en ese momento está siendo curado por las otras monjas, ambas con formación de enfermería: los accidentes domésticos son moneda corriente en las humildes casas de la región, donde una madre cría sin ayuda a varios hijos pequeños, y es muy frecuente que los niños se quemen con teteras o cacerolas llenas de agua hirviendo.

Cada día, entre quince o veinte niños -también hay adultos, pero son menos- acuden a ser sanados de sus quemaduras por las monjas. Solo en medicamentos las monjas gastan 3.000 euros al mes, que financian exclusivamente con aportaciones benéficas anónimas, pero eso es solo una parte de todos sus gastos, porque además dan clases de apoyo escolar y alimentan a unos 150 niños cada día.

Huele en los pasillos a sopa de guisantes secos, la popular besara marroquí, que el almuerzo de un día normal junto a dos huevos duros. Los niños se sientan en sillas adaptadas a su edad, y las hay tan chicas que algunas parecen de juguete. Al día siguiente habrá albóndigas, y pasado mañana, fideos con pescado.

Formar musulmanes

Llama la atención que no haya en el centro ni un solo crucifijo ni tampoco una imagen de San Vicente de Paúl; por el contrario, en cada habitación hay una foto del rey Mohamed VI.

La hermana Gloria quiere dejar las cosas claras: «Aquí formamos a buenos musulmanes, personas que el día de mañana puedan formar parte de esta sociedad marroquí», recalca.

Por eso, la capillita donde ellas rezan por las tardes está en sus aposentos privados. Ni punto de proselitismo. Desde siempre, el vecindario ha aceptado a las monjas tal como son, gracias a todo lo que hacen por ellos.

También encuentran tiempo las hermanas para alfabetizar a las mujeres de la zona: «A veces vemos que un niño falta a clase, y nos cuenta: ‘Es que tuve que acompañar a mi madre a la ciudad porque ella no sabe leer’; así que decidimos abrir clases para esas madres, no solo de lectura y matemáticas básicas, sino también de costura, para que puedan hacer o arreglar la ropa de sus hijos», dice Gloria.

Respeto a la fe

Ha sido esta vertiente asistencial de la iglesia en tierra musulmana, dentro del respeto a la fe de los marroquíes, lo que sin duda ha pesado para que el papa haya elegido el centro rural como una parada dentro de un viaje muy cargado de actividades institucionales. La hermana Gloria ha sido la primera sorprendida: están acostumbradas a la labor callada, y no al baile de periodistas y dignatarios que estos días se acercan para verificar que todo, también la pequeña carretera de acceso recién asfaltada, estará en su punto para la visita papal. Alineados por edades, unos cuarenta niños de los que asisten a las clases de apoyo ha aprendido de memoria una canción de bienvenida que van a recitar para el Santo Padre. Hoy domingo, aunque es su día libre, los niños se vestirán con sus mejores galas para recibir al Pontífice. Francisco pasará apenas una hora en el lugar, pero será suficiente para charlar con los quemados, los niños del centro y las tres hermanas. No habrá discursos ni grandes palabras, sino pequeños gestos.

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