Historia

El mulato lagunero agitador del liberalismo

14/08/2017

Muchos canarios jugaron papeles importantes en la historia de España y América pero hubo uno que tuvo una relevancia mayor de la que se piensa. Fue Diego Correa (1772-1843), un lagunero, de origen humilde y mulato, para más inri, que estuvo presente en los momentos más importantes del liberalismo español y hasta planeó matar a Napoleón.

Diego Correa no era un aristócrata ni pertenecía a una familias de rancio abolengo de las instaladas en Canarias. Era hijo de un orfebre, bueno, eso sí, entre cuyas obras destaca el frontal de plata repujada de la iglesia del Pino, en Teror. En su taller se inició Diego Correa, aunque sin éxito. Espabilado a rabiar, pero con una deficiente formación académica, este lagunero, de origen humilde y, por si fuera poco, mulato se decantó por la carrera militar ante su poca habilidad artística y, como militar, estuvo presente en prácticamente todos los acontecimientos importantes de su época, contribuyendo a difundir la masonería y las ideas liberales en España y en América.

De tan curioso personaje, apodado El enemigo de los tiranos, vuelve a echar mano Manuel Hernández, doctor en Historia, y especialista en Historia de América de la Universidad de La Laguna (ULL), para, «a través de su vida, ver cómo fueron los cambios introducidos por los liberales, la lucha contra el absolutismo y la independencia de las colonias».

En Liberalismo y masonería entre Europa y América. Diego Correa (1772-1843), el nuevo ensayo biográfico recién salido de la imprenta, Manuel Hernández retoma las vicisitudes de un personaje que vivió la crisis del Antiguo Régimen y el ocaso del Imperio Español gracias la documentación, mucha inédita, hallada gracias a «nuevas investigaciones en archivos españoles y cubanos» que han enriquecido de forma «notable», dice, lo que había sobre él y se suman a lo ya publicado en 1992 y luego en 2007 y 2010.

De Diego Correa dice Manuel Hernández que fue «uno de los más destacados representantes del liberalismo exaltado, a mitad de camino entre la adhesión a la masonería, de la que siempre formó parte, y la escisión hacia la comunería -nacida en el periodo del Trienio Liberal para profundizar en el carácter burgués y liberal de la revolución- y en la que se integró tanto en Cuba como en el Madrid y el Cádiz constitucional». Los Cien mil hijos de San Luis acabaron en 1823 con la aspiración liberal, repusieron el absolutismo con Fernando VII y llevaron a Correa al exilio, del que solo volvió tras la muerte del rey y repuesto el régimen liberal.

En la nueva documentación aparecen también aspectos hasta ahora inéditos de la biografía de su hijo Segundo Correa Botino que permiten, apunta Hernández, adentrarse «en la evolución de padre e hijo hacia el progresismo del sector social y político de donde procedían, más próximo al liberalismo exaltado».

Pero si hay algo que llama la atención en la vida de Diego Correa, más allá de sus idas y venidas desde Canarias a Madrid, Cádiz, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Cuba, son sus publicaciones. Numerosos textos en destacados periódicos liberales como El Diario Mercantil, El Duende de Cádiz o El Español Constitucional y hasta se atrevió a hacer un alegato anticlerical contra la inquisición en La historia verídica de la Judit española (Cornelia Bororquia), publicado en Londres.

La biografía de Diego Correa, asegura Manuel Hernández, «representa como pocas los anhelos, limitaciones y contradicciones del proyecto sociopolítico del liberalismo hispano».