Listas de espera para arrimar el hombro

20/08/2019

El colegio Rafael Gómez Santos de la Vega de San Mateo se ve desbordado por la cantidad de gente que quiere sumarse a un equipo que lleva una semana volcado en ayudar a los desalojados. La ejemplar imagen se repite en Teror, Gáldar o Moya.

El equipo del comedor del colegio Rafael Gómez Santos de la Vega de San Mateo está viviendo jornadas más intensas que las de un curso escolar. Reforzado por manos amigas y personal ya jubilado, que no ha dudado en descolgar el delantal del ropero de los recuerdos para sumarse al contingente de voluntarios que estos días se ha puesto a disposición de los desalojados de Tejeda. El voluntariado se ha desbordado estos días, con listas de espera incluso para arrimar el hombro en esta situación de emergencia que vive Gran Canaria.

El ejemplo de San Mateo es válido y sirve para ilustrar lo que estos días se ha vivido en los distintos municipios de la isla, se vieran o no afectados por el fuego. Como Moya, que vio como Fontanales era amenazada por las llamas. «No dudamos en subir a ayudar a salir a la gente de sus casas. Muchas personas mayores necesitan apoyo y por eso nos prestamos sin dudarlo. Incluso pasamos la noche aquí, en muchos casos entre risas, para ayudarlos a distraerlos», explica sobre el parqué verde del polideportivo de Moya Inma Ojeda, una de las numerosas voluntarias que estos días se ha dejado la piel.

Los que estos días han sido bendecidos con el apoyo de vecinos que desinteresadamente se han puesto a su disposición no creen que sea un tópico subrayar como la mejor lección de estos días de pesadilla el apoyo recibido.

Los voluntarios siempre ofrecen en una sonrisa e, incluso, llegan a hacer noche para acompañar a los desalojados

En San Mateo lo saben especialmente. Los fogones del Rafael Gómez Santos no se han prácticamente apagado desde que el pasado sábado comenzaron a recibir vecinos desalojados de Tejeda. Pero es que tampoco lo hicieron durante la semana pasada, cuando el primero de los tres incendios que han carbonizado Gran Canaria, ya obligó a reubicar a los vecinos del municipio cumbrero.

Listas de espera para arrimar el hombro

«Es espectacular cómo se ha volcado todo el mundo. Tenemos profesores que han venido a ayudar, el personal del comedor y hasta jóvenes del Claret han llegado hasta aquí voluntariamente para colaborar con nosotros», señala equipada en la cocina del Gómez Santos Leticia Gutiérrez, una de sus docentes.

Eso es inmediatamente ratificado por Vanessa Déniz, directora del centro. «Es muy emocionante todo lo que hemos vivido. Tenemos una lista de espera en que hemos apuntado toda la gente que nos ha querido ayudar estos días. En cocina, por ejemplo, uno de los cocineros del Gloria Palace en el sur se ha querido sumar», relata mientras habla rodeada de un equipo que a pesar de llevar muchos días sumando para colaborar es todavía capaz de exhibir una enorme sonrisa colectiva.

Las vivencias de San Mateo convierten a la Vega en zona cero de la solidaridad en la isla, con una comunidad educativa que se movilizó desde el primer momento.

Pero afortunadamente no son los únicos. «He vivido estos días cosas que ponen los pelos de punta, como se ha volcado el pueblo», indica en Moya Poli Suárez, exalcalde y ahora diputado que se encontraba entre ellos en el pabellón.