Tías mira a la generación ‘sufrida’ del tomate

15/09/2018

El stand del Ayuntamiento en la feria insular de artesanía recrea la actividad de empaquetado durante la era dorada de la producción y exportación, entre 1957 y 68, a cargo de las mujeres del municipio

El Ayuntamiento de Tías hace este año, en la feria insular de artesanía, un homenaje a los agricultores que llevaron al municipio al segundo puesto en actividad económica, tras las conserveras de Arrecife, en el periodo anterior a la llegada del turismo y la constucción.

Así, el stand del consistorio recrea el trabajo de empaquetado manual del tomate, a cargo de las mujeres del campo, «que son quienes aportaban el trabajo fuerza en esta etapa», explica Juan Cruz. El autor del libro El postigo de Tías ha cedido fotos y documentos para la recreación de la actividad. Los tomates isleños eran muy apreciados por su sabor, resistencia y tamaño, aunque había que transportarlos con sumo cuidado, envueltos en papel uno por uno y en cajas llenas de virutas, además de muy verdes, para que maduraran en el viaje. La época dorada de la producción y exportación de tomate y cebolla en el municipio se sitúa entre 1957 y 1968. «Tías tuvo menos de 3.000 habitantes hasta los años 70 y llegó a haber 510 hectáreas dedicadas al tomate y 400 a la cebolla, casi desde la costa hasta la parte de arriba de la carretera, con 350 agricultores y 218 braceros que, con sus familias, practicamente sumaban el 80% de la población», aduce Cruz. También subraya la labor de la que llama generación sufrida, que, «gracias al binomio tomate-cebolla, pudo revertir el perfil social del campo y dar, por primera vez, estudios a sus hijos», explica el docente, él mismo miembro de una de aquellas familias. En los 50, tras la llegada de Gran Canaria de los hermanos Betancort (que dan nombre a las naves de la salida de Arrecife), el mercado dio un giro y se comenzó a pagar el kilo de tomate a una peseta sobre el terreno, «un precio mucho mayor de lo que hasta la fecha decidían los terratenientes, que se reunían al comienzo de temporada en el bar Janubio de la Calle Real para unificar precios». En 1957 incluso se pagó el kilo a 7 pesetas. «Los Betancores llegaban a Los Mármoles, desde donde salían los barcos a Londres y Barcelona y compraban la producción de otros empaquetadores», asegura Cruz. El trabajo no dejaba de ser duro para los agricultores, en especial para las mujeres, que tenían triple labor, con el hogar y la ayuda en el campo, además de su empleo como empaquetadoras. Tampoco ayudaban las condiciones climáticas de Lanzarote para este cultivo en secano, que había que regar con imaginativos medios. Sin embargo, la prosperidad del sector empezó a cambiar el perfil del agricultor, que poco a poco se hizo también con parcelas vinícolas en La Geria y pudo dar un futuro a sus hijos, hasta que irrumpió el fenómeno turístico, que cambió la actividad económica para siempre.

Materiales. La familia Rodríguez Valerón y José García Hernández han cedido elementos de la época como cajas, cestos, un medidor, una pesa, cajillas y una mesa de trabajo y clasificación, que se exhiben en el stand. Las frutas debían ser envueltas en un papel azul especial y colocadas meticulosamente en las cajas junto a virutas de madera para amortiguar los golpes del trayecto.