La visión de César que había que ocultar

01/09/2019

El secuestro, aunque el Cabildo dice que es una parada en la difusión, del libro del catedrático de Arte Fernando Castro, ‘César Manrique: Teoría del Paisaje’, podría estar motivado en 20 páginas en las que se cuestiona la forma en que la Fundación que lleva el nombre del artista difunde su legado

El reciente secuestro desde el Cabildo de 700 libros -aunque éste lo desmiente, alegando que es una parada en la difusión y venta- de l del libro del catedrático de Historia del Arte por la Universidad de La Laguna, Fernando Castro Borrego, ha despertado el interés de gran parte de la opinión pública por saber qué motivos han podido llevar a la institución que preside Dolores Corujo Berriel (PSOE) a adoptar esta medida, sin precedentes.

Auque la institución ha aducido como motivo «revisar el trámite de edición para ver que todo está en regla», y «analizar si la obra tienen rigor científico», sin embargo para muchos existe la inquietud de saber qué contenido tiene dicha obra. Quizás el motivo real pudiera estar en 20 páginas de las 180 de que se compone el libro. Aunque resulta imposible resumir el contenido de estas 20 páginas, aquí se adjuntan algunos pasajes e ideas del polémico capítulo «Paisaje y Política».

En primer lugar, el autor expone con datos y fechas la vinculación de Manrique con el régimen franquista, del que la FCM siempre ha querido desligar al genio lanzaroteño. Así se cita la inauguración del proyecto del Lago Martianez, en Santa Cruz de Tenerife, como punto culminante de sus relaciones con el régimen franquista. Además se relatan anécdotas detalles y fechas sobre los contactos del propio César con el poder del régimen, al más alto nivel, incluido Fraga Iribarne, autentico mecenas de parte de sus obras, siendo Ministro de Información y Turismo del régimen.

Sin embargo esta vinculación no se realiza en tono crítico, sino en su contextos real de los años en los que César, por encima de todo, lo que busca es desarrollar su obra.

«¿Puede realizarse una obra de tal escala sin contra con la colaboración del poder político? - se pregunta el autor- Evidentemente no. César jugó siempre con el poder, fue así desde el inicio de su carrera y con las elites económicas del país también jugo. También se relata que César «No fue un artista que quisiera constituirse en contra poder, era pragmático y consideraba que no tenía sentido oponerse a los poderes económicos. Prefería seducirlos para que financiaran sus proyectos».

Cuenta el autor que la teoría del paisaje de César Manrique está ligada a circunstancias políticas que determinaron que hubiera podido llevarse a cabo, y añade que «Diríasé que la maldición de la política le persiguió al artista desde que fue condenado por la izquierda española por su no implicación con la lucha antifranquista», y añade que «como siempre fue apolítico no podía esperarse que fuese su propia fundación, la que desentendiéndose de las tareas que debe cumplir, que es mantenerse fiel a su memoria y al espíritu de su obra, haya utilizado su nombre y su legado como un arma arrojadiza en la lucha política». Para demostrar la tergiversación de la figura de César, Castro pone dos ejemplos: la alianza o hermanamiento con la Fundación Saramago, cuya ideología es marxista, contraria a la del artista. En segundo lugar, el rechazo de los dirigentes de la FCM a recibir el premio de la Fundación Benetton Carlos Scarpa, algo que según Castro era bueno para Manrique, pero no para sus dirigentes, que no fueron capaces de aceptar el premio.

Sobre el hermanamiento con la fundación del escritor portugués «No hay conciliación posible entre sendas maneras de ver el mundo», dice Castro, la trayectoria de César y el régimen de Franco, los hacía incompatibles, como las desavenencias de Saramago con el Régimen de Olveira Salazar, porque César no se identificó nunca con el marxismo, y se pregunta entonces Castro cuál era la motivación para esta alianza, y responde que «la necesidad de casar la ideología marxista de los dirigentes de la FCM», lo cual califica de «tergiversación imperdonable» y «traición a las convicciones del artista».

Así señala que «el destino de la Fundación creada por el artista está siendo gestionado como un medio para conseguir un fin que no corresponde con el que persiguió el artista en vida. Esto no solo es una tergiversación, sino una manipulación de su legado. Es como si Fernand Léger, pintor francés ferviente comunista, hubiera creado una fundación al frente de la cual estuvieran un grupo de fascistas» ¿Qué pensarían los franceses?».