Fernando Castro: «La FCM usa a César como al caballo del Cid»

13/04/2019

Catedrático de Historia del Arte, amigo, biógrafo y nombrado por César Manrique para formar el gabinete científico de su Fundación, ayer visitó la exposición 100 años, Lanzarote y César, en El Almacén.

— Va a publicar un libro sobre la dimensión arquitectónica de Manrique.

— César Manrique tiene una parte de su obra que es paisaje construido, los Centros Turísticos. Creo que hacía falta tratar los aspectos estéticos y cognitivos, porque toda esa obra responde a unos principios que a menudo se olvidan.

— ¿Qué claves son esas?

— Toda su obra espacial, arquitectónica, tiene una fundamentación cósmica, un sentimiento espiritual, panteísta. Su verdadera religión era la religión del cosmos. Su obra arquitectónica no debe confundirse con el fin turístico y económico. Los Centros son santuarios para contemplar el cosmos, lugares sagrados. Es la tesis que aporto de la teoría del paisaje de César.

— ¿Esto es realmente inédito?

— Esto es inédito. He escrito mucho sobre César, fui amigo suyo, y lo conocí bien, escribí su biografía, pero en César es imposible separar la arquitectura de la pintura, por ello opté por desarrollarlo en este estudio apunto de publicarse.

— ¿Inicialmente lo iba a publicar el Parlamento de Canarias?

— La razón de que no lo vaya a publicar el Parlamento es porque hago algunas observaciones sobre la deriva política de la Fundación César Manrique (FCM), a la que pertenecí como miembro de su Comité Científico, y digo que la Fundación tiene un posicionamiento político equivocado, no se corresponde con la ideología de César. Ellos optan por una ideología extremista de izquierdas. Yo no estaba dispuesto a que mutilaran ese capítulo y como el Parlamento lo preside una dirigente socialista, pues no lo publicará. Lo hará el Cabildo de Lanzarote.

— ¿Se ha politizado a César?

— Claro, la FCM lo ha convertido en el Cid que cabalga después de muerto, que las tropas cristianas usaban para amedrentar a los moros, y ahora la Fundación lo utiliza como un ariete contra partidos y empresarios que no son de su cuerda.

— ¿Usted no tiene cortapisas?

— La libertad intelectual lleva a eso. Hablo como experto y expreso mi opinión sobre el legado de César y cómo se gestiona actualmente.

— ¿Cómo se administra su legado?

— Mal, por esa deriva sectarista. Se pueden tener ideas políticas, pero si diriges una fundación tienes que ser fiel al espíritu del artista. El activismo político es una dimensión más de César, no exclusiva. Ellos (la FCM) vienen a decir que César es interesante cuando deja el pincel, coge el megáfono y se pone al frente de una manifestación. Pero eso no es correcto, porque nunca dejó el pincel.

—¿Cesar tenía dimensión política?

— La tesis de la FCM es que César empieza a ser interesante cuando abandona la estética y se convierte a la causa de la ética, pero él siempre fue un esteta. Hay que integrar ambas dimensiones. Yo no digo que la lucha ecológica de César no tenga una dimensión política, que él asumía, porque si defiendes la naturaleza chocas con intereses económicos; y él, por defender la isla, se peleaba con cualquiera, pero la manera en que lo están enfocando es errónea. Su dimensión estética estuvo por encima de la ecología, porque la mayoría de sus obras espaciales hoy, desde un punto de vista político-ecológico, estarían precintadas.

— Había otro concepto del paisaje

— Claro, y no digo que sean ilegales, que se entienda. En realidad él siempre actuó como creador y no aceptaba cortapisas, y no era un conservacionista. Tenía ideas ecologistas, pero no lo era.

— ¿Era un hombre de izquierdas?

— No, ese es otro de los errores. La Fundación evidencia un claro posicionamiento político ideológico de izquierdas y no tiene sentido. Él fue un artista que se relacionó siempre con el poder económico (por ejemplo la familia Huarte). Negociaba con empresarios, esto no lo entiende la FCM, y respecto a los poderes políticos, el régimen franquista lo apoyó, García Escámez, Fraga...

— Pero César estaba al margen del régimen franquista...

— Sí, y por ejemplo, cuando le dieron el premio Carlo Scarpa de la Fundación Benneton, el premio de paisaje más importante del mundo, hubo alguien lo vinculó al régimen, y no era cierto, Dalí, sí, pero él no. Se declaraba apolítico, pero si tenía que hacer una obra y había que hablar con Fraga, hablaba.

— No se casaba con nadie pues.

— Cuando hizo el Museo del Castillo de San José, toda la izquierda española se le echó encima y dijo, «yo por defender la isla, me caso con el diablo», esa era su postura.

— ¿Ve radical a la FCM?

— Cuando le dan el premio de Treviso (Italia), -esto no se sabe- el premio se lo dan a una obra de él, el Jardín de Cactus, y al paisaje anónimo de La Geria, a los agricultores. Pues la FCM, no fue a recoger el premio, porque iba el presidente del Cabildo, Pedro San Ginés, y pensaban que iba a ir el del Gobierno de Canarias, y mandaron una carta diciendo que no iban como protesta por la Ley del Suelo.

— ¿Cree que César no admitiría la línea actual de la FCM?

— En efecto, hay cosas para él inaceptables. Ese premio para él era muy importante.

— ¿Por qué se sale usted del Comité Científico de la Fundación?

— Me cesaron por mi discrepancia.

— Pero lo nombró César.

— Él me nombró, no sé si hay algún miembro más nombrado por él. Yo no decía que la lucha política de la FCM en defensa de la naturaleza no sea necesaria, pero hay que modularla, no cargar todo en esa faceta.

— ¿Opina que la FCM tiene alguna vinculación con algún partido?

— Claro, con el PSOE y Podemos.

— ¿Cómo ve la polémica con el Cabildo por la celebración del centenario?

— Es lamentable. La FCM, no pueden aspirar a tener el monopolio. César es del pueblo de Lanzarote. La manera que ellos interpretan el legado, es equivocada. Piensan que el hijo de Pepin Ramírez, José Juan Ramírez, es el heredero, y tienen derecho a plantear cualquier cosa, y a la vez, vetar otras iniciativas.

— ¿Cómo ve las acusaciones de politización del centenario?

— La FCM dice que se está politizando pero creo que son ellos los que politizan por su pretensión de monopolizarlo todo.