Adiós al plástico tóxico, inútil y caro

29/12/2018

La Oficina de la Reserva de la Biosfera consigue que la isla sea referencia mundial en la lucha contra la contaminación gracias a un congreso con un notable seguimiento. Se debe rebajar la producción y buscar la optimización de los recursos.

m.j. tABAR / ahora.PLUS / arrecife

Magdalenas individualizadas con plástico. Pepinos enfundados en plástico. Productos ecológicos de Sevilla que contradicen su nombre viajando a Lanzarote que se venden en bandejas y envoltorio de plástico. La industria dedicada a producir plástico lleva años sirviéndose del marketing para implantar un mensaje: el plástico no es un problema si se recicla bien. Los datos científicos le contradicen: la lucha contra la contaminación plástica debe pasar obligatoriamente por una reducción de la producción y por un uso responsable de un material que la naturaleza es incapaz de descomponer.

«El plástico no es el villano de esta historia», explica el biólogo marino Richard Thompson, «es un material ligero, versátil, duradero y barato que proporciona beneficios. Se trata de usar el plástico con responsabilidad». Este profesor de la Universidad de Plymouth es una eminencia mundial, un pionero en la investigación de microplásticos, término que acuñó en 2004 tras descubrir las primeras partículas hace años en la isla de Man, cuando recogía muestras de arena para un experimento. Días atrás abarrotó el salón de actos del Cabildo para hablar sobre el enorme reto que se le presenta a la sociedad. Poco después de la muerte de su padre, este científico británico halló una novela de dos químicos escrita en 1937. Plastics imagina la era del plástico como una etapa humana brillante y eficaz, que incluso ayudaría a los aliados a ganar la Segunda Guerra Mundial y permitiría «un mundo libre de óxido y lleno de color». No ha sido así.

En 1950 se fabricaban 5 millones de toneladas de plástico. Hoy rondamos los 300 millones. «La producción ha aumentado exponencialmente y no hay señal de que vaya a remitir», dice Thompson. «No diseñamos productos pensando en el final de su vida útil, ni pensando que deben tener un proceso de reciclado eficiente. Los diseñamos para que sean adecuados y atractivos para el consumidor. Llevamos sesenta años creando un comportamiento de usar y tirar». La ciencia sabe qué tipo de composiciones textiles son las que generan más microplásticos. Podrían dejar de usarse. ¿Y el uso de bioplásticos, fabricados con derivados vegetales procedentes de la soja, la papa o el millo? «No conseguirían reducir la acumulación de plástico. No nos podemos permitir producir más plantas para producir plástico de un sólo uso», dice el investigador. Estamos usando una cantidad de energía inaudita para fabricar cosas que usamos unos minutos.

«El 80% del pescado que se comercializa en Canarias tiene plástico», dice Ana Liria Loza, doctora en Biología en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. El plástico está en el océano, en el agua depurada, en la nieve, en el agua dulce, en la sal... Pero ni el pescado, ni el agua son las principales vías de llegada de plástico a nuestros organismos. Cada vez que cogemos el coche, por ejemplo, el desgaste de nuestros neumáticos genera partículas contaminantes. La fauna marina está sufriendo las peores consecuencias por ingesta de plástico de diversos tamaños, además de por enmallamientos con bolsas de rafia de 50 kilos (para pienso del ganado o almacenar papas).

En octubre de 2016, el director del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada, Nicolás Olea, llenó la Sociedad Democracia para hablar sobre los efectos que tiene en nuestra salud la exposición ambiental a los contaminantes químicos. El catedrático en Medicina lleva décadas investigando la relación que tienen los factores ambientales con enfermedades como el cáncer hormonodependiente. Se ha demostrado que dosis muy bajas de bisnefol A, compuesto químico usado para fabricar utensilios de cocina de plástico y latas de conservas, han afectado al desarrollo embrionario de ratones. Gracias a la denuncia que presentó parte de la comunidad científica, la UE prohibió la venta de biberones fabricados con policarbonato.

Thompson señala que la basura plástica es un síntoma de que el modelo financiero es «ineficiente y caduco». El plástico está dañando también nuestros recursos económicos. Sólo en Reino Unido se emplean 20 millones de libras en limpieza de playas, «un montante que podría invertirse en mejorar los hospitales del país». El investigador británico dice que existe una solución que pasa por sumar las fuerzas y las voluntades de la industria, los gestores públicos, las empresas de gestión de residuos y de los consumidores, sobre los que se está ejerciendo, cree, una presión desmedida.

Es la primera vez en 25 años que hay un consenso en la existencia de demasiada basura plástica. «Vivimos también una eclosión de las investigaciones científicas sobre plásticos», señala Bethany Jorgensen, del departamento de Recursos Naturales de la Universidad de Cornell (Nueva York), colaboradora del proyecto Agüita con el Plástico -creado por la Oficina de la Reserva de la Biosfera- y de Marine Sciences for Society, colectivo impulsado por científicos marinos. Uno de sus fundadores es el oceanógrafo Juan Baztán, que hace una década, de vacaciones en Lanzarote, se percató de los mosaicos de colores que empezaban a aparecer en la arena.

«¿De qué sirven todos nuestros estudios y datos si no ayudan a mejorar la situación? ¿Cómo podemos convertir nuestra información en acción?. De ahí surgió la idea de Marine Sciences for Society», explica Bethany. Ana Carrasco, bióloga y responsable de la Reserva de la Biosfera de Lanzarote, cita alguna de las acciones urgentes que se han desarrollado en la Isla: «En el proyecto Colegios de la Biosfera los padres hacen concienciación, tenemos la primera sala VIP de un aeropuerto sin plástico, se está trabajando para que todos los eventos y festivales que se organicen eliminen los plásticos de un sólo uso, estamos hablando con comercios, restaurantes y supermercados para eliminar plásticos, hay campañas de limpieza. Tenemos que empezar por eliminar de casa todo el plástico que veamos innecesario».

La legislación de algunos países africanos va por delante de la europea. En Kenia y Uganda ya han eliminado las bolsas de plástico porque el ganado se las comía. En Europa eso no sucederá hasta 2020.