Homenaje

Montiano, rescatado del olvido

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13/04/2018

Montiano Placeres, dramaturgo local e hijo ilustre de Telde, tiene finalmente una tumba reconocible en el cementerio de San Juan después de casi 40 años de que se retirara su lápida. La mañana de ayer el Ayuntamiento saldó esta deuda pendiente rindiéndole un merecido homenaje.

La ciudad de Telde ha saldado una deuda pendiente y al reponer la tumba de una de las figuras más emblemáticas del municipio, el poeta Montiano Placeres después de más de tres décadas en el olvido. En el cementerio de San Juan descansan, finalmente, los restos del impulsor de la Escuela Lírica de Telde bajo una lápida reconocible, de color negro, en la que se pueden leer unos versos de El remanso de las horas. Un lugar donde ayer se congregaron decenas de personas en un emotivo acto.

El acto

La iniciativa comenzó en el interior de la capilla del camposanto, debido a la incipiente lluvia, con unas palabras del cronista oficial, Antonio González, que valoró la «generosidad» del Ayuntamiento. Allí, dos alumnas de sexto de Primaria del colegio de Jinámar al que da nombre Montiano Placeres leyeron una breve biografía y dos de sus poemas. También estuvo presente Agustín Castro Placeres, sobrino del poeta, recitó convenientemente El hogar.

La alcaldesa del municipio, Carmen Hernández –junto a la concejala de Cultura, Marta Hernández, y la exconcejala Guadalupe Santana– quiso dedicar unas palabras a «la persona que contribuyó con su vida y su obra a un espacio para la discusión, la cultura y el debate que enriqueció singularmente a la ciudad».

Tras las intervenciones, dos antiguos profesores de la Escuela Municipal de Música de Telde rindieron tributo al homenajeado con una pieza a dos flautas, e hicieron lo propio al finalizar el acto, aunque esta vez para honrar a la ciudadanía.

Finalmente, las nubes parecieron dar tregua para realizar la ofrenda floral ante el sepulcro de Montiano Placeres, un lugar que ahora indicará a todos los visitantes que allí descansa sus restos mortales porque, como reza la lápida, «el alma del divino poeta es inmortal».