El Molino del Conde, Bien de Interés Cultural

23/04/2018

El Gobierno de Canarias ha declarado Bien de Interés Cultural ‘El Molino del Conde’, ubicado en el municipio de Telde, en Gran Canaria, por considerar que se trata de un molino de gofio y harina de carácter excepcional que, unido al estado de conservación de la estructura del edificio que albergó la industria, añade su valor histórico, su antigüedad y la especial estructura de molino vertical o de aceña, uno de los pocos existentes en Gran Canaria.

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El Ejecutivo considera que su reconocimiento mediante esta acción de protección debe enmarcarse, además, en un contexto mayor que toca varios aspectos de fundamental importancia como el didáctico-educativo, la creciente valorización del respeto al medio ambiente, el aumento de la demanda de turismo cultural e industrial como dinamizador económico, así como el interés de la ciudadanía por conocer e interactuar con su pasado.

El denominado Molino del Conde se encuentra situado en la calle Roque, del barrio de Los Llanos de San Gregorio, en el municipio de Telde, lugar históricamente conocido como Arnao, en alusión a uno de sus primeros propietarios, Antonio de Arnao. El Molino de El Roque participa, junto a la Noria de Jinámar, ya declarada Bien de Interés Cultural, de las innovaciones tecnológicas de la 2ª Revolución Industrial que, en materia de mecánica hidráulica, introduce su promotor Agustín del Castillo y Bethencourt en Gran Canaria y, Canarias en general, a mediados del siglo XIX.

Desde hace siglos este enclave fue escogido por el Heredamiento de Aguas de Telde para instalar la segunda caja de agua de las siete que distribuían el riego a los distintos cultivos. A esta cantonera, llamada Arnao, llegaban las aguas del Barranco Real.

La construcción del molino del Roque fue solicitada después del 10 de junio de 1829, cuando el cuarto conde de la Vega Grande de Guadalupe, Agustín del Castillo Bethencourt, se dirigió a la junta de la Heredad para solicitar la construcción de un molino a sus expensas, en donde llegaba la nueva acequia que la heredad estaba construyendo.

El objeto que perseguía Agustín del Castillo era atender las necesidades del vecindario y de sus propios trabajadores, así como dar salida, mediante la elaboración de harina y gofio a las producciones propias.Durante mucho tiempo el molino de El Roque funcionó con la fuerza motriz hidráulica con dos pares de piedras que se movían por la propulsión del agua que corría por la vega mayor de Telde. La excepción de este molino, a diferencia del resto de los existentes en la isla de Gran Canaria, fue su sistema de molino vertical.

El Molino del Conde, Bien de Interés Cultural

El edificio que alberga el Molino del Conde es de gran monumentalidad. Arquitectónicamente, su estado de conservación en general es bueno, derivado tanto de ser una obra de fábrica de traza historicista, que se observa en la calidad de su ejecución, y en la elección de los materiales empleados, soluciones de piedra y madera, como en el mantenimiento de la instalación. El exterior presenta diferentes fachadas, caracterizadas por líneas rectas bien definidas. Destaca la sobriedad del parámetro, proyectado a modo de fachada pantalla, sin ventanas, que no permite adivinar que en su interior se realice actividad industrial alguna.

El interior se encuentra, en general, en buen estado de conservación. Entre los bienes muebles vinculados cabe señalar la rueda hidráulica o aceña, la limpiadora, la tostadora, las ruedas dentadas, la cinta transportadora; y de los elementos mecánicos existentes en la sala de molienda.

La significación histórica de este inmueble se debe a que en Gran Canaria los molinos de agua se implantaron desde el primer momento, después de La Conquista, dada la necesidad de abastecer de pan a la nueva y cada vez más numerosa población. Se instalaron junto a las corrientes de agua, barrancos y acequias, para posibilitar el movimiento de las piedras trituradoras del grano. Su ubicación se inició en Las Palmas, Telde y Gáldar. Los primeros molinos estuvieron ligados a los ingenios azucareros, dada la necesidad que había de pan para atender a la población que trabajaba en estas haciendas, por lo que podemos decir que se contaba con tantos molinos como ingenios existían. No obstante, a medida que se avanzaba en la roturación de las tierras, y el cultivo de cereales en medianías y zonas costeras aumentó su número, fueron surgiendo los molinos harineros debido a la demanda social y como concesión propia de los heredamientos. Su necesidad e importancia queda recogida en el propio Fuero de Gran Canaria.