El jaque rumano de Los Llanos

22/04/2019

El maestro internacional de ajedrez Neboisa Illijin juega en el club de Telde y ha sido clave para que lidere la competición en su categoría. Con su equipo fue tres veces campeón de Rumanía.

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Primero le trajo a Gran Canaria el ajedrez, que ha sido el motor de su vida, y después una de sus hijas, que reside aquí, pero lo cierto es que, de paso, le ha regalado al Club Telde Los Llanos «el honor, el orgullo y el prestigio» (son palabras de su presidente, Juan Viera) de contar entre sus miembros con un maestro internacional de la talla de Neboisa Illijin, el jaque rumano de Telde. En la liga de este año no ha perdido una sola partida y Viera sueña con que pueda retrasar un mes su vuelta a su país natal y les ayude a ganar la liguilla de ascenso para llegar a la categoría preferente, la más alta en Canarias.

No será fácil. Neboisa no para. Aparte de las temporadas que pasa en Rumanía y en Gran Canaria por motivos familiares, disputa torneos en otros países como Eslovenia o Suiza, donde también es reconocido e igualmente le reclaman. Es normal. Ninguno de los clubes con los que compite quiere verse jugando sin un ajedrecista con su experiencia, que lleva más de 60 años de sus 77 estrechamente vinculado a este deporte y que ha disputado más de 300 torneos internacionales por medio mundo, desde Canadá a los Emiratos Árabes.

«El ajedrez es mi vida». Son palabras de Neboisa y se las dijo a su jefe en una de las primeras empresas en las que trabajó cuando este le quiso hacer ver que era un buen ingeniero y que debía dedicar aún más tiempo a la compañía. «Yo trabajé mucho en aquella empresa, pero necesitaba mi tiempo libre para el ajedrez, así que le dije que si no me dejaba jugar, me iba, y me fui». Neboisa lo tenía claro. No iba a renunciar a los tableros. Cambió de firma. De una empresa de transporte pasó a otra de construcción y pudo seguir jugando.

Siempre fue así. Tuvo que combinar su profesión y su trabajo como ingeniero mecánico con su pasión por el ajedrez. Y no era fácil. «Nunca fui un profesional de este deporte, si lo hubiera sido podría haber llegado a gran maestro». Estuvo cerca, muy cerca, dos veces, a apenas un punto de conseguirlo. Primero fue en Bled (Eslovenia), en 1981, donde compitió en su primer torneo como maestro internacional y quedó tercero. «Allí gané a muchos grandes maestros». La segunda vez fue en Suiza, donde obtuvo 6,5 puntos de 9 partidas. «Con 7 puntos hubiera sido suficiente para hacerme con el título de gran maestro».

Neboisa empezó de crío, con seis años, y jugando en la familia, con un tío suyo. «Eso es muy importante, si en la familia el nivel es alto, el niño juega mejor». Jugó con él por primera vez con 10 años, y perdió todas las partidas, 20 o 25. Con 15 o 16 años le ganó Neboisa dos a uno. Y cuando ya sumaba 18, le superó en todas. Y todo esa evolución la consiguió con la práctica en la escuela y en la calle, pero completamente amateur, sin ayudarse de libros, lo que en su opinión no es bueno. Es más, cita uno a partir del cual dio un salto como jugador, el que escribió Kotov sobre la vida ajedrecista del campeón mundial Alexander Alekhine. Había vuelto a su ciudad natal, Timisoara, de vuelta de Bucarest, donde se había ido estudiar ingeniería y se enroló en su club de siempre en su país, el Medicina Timisoara. A partir de ahí fue a más.

En 1967 ganó con su equipo el primer título de campeón de Rumanía. Neboisa fue decisivo. «Cogí 5 puntos de 6». En 1970 jugó su primer campeonato nacional individual de Rumanía. Compitió 8 veces, y sus mejores resultados fueron en 1974, en que quedó quinto, y en 1976, que fue séptimo. Entre 1974 y 1977 jugó en el equipo nacional de Rumanía. Y con el Timisoara ganó el nacional de equipos otras dos veces, en 1975 y 1976. Aparte, atesora con el club otras 15 medallas. Y tiene claro que su mejor año fue 1976. «Gané todo lo que tenía que ganar». Ese año, precisamente, se hizo con su primera norma (para ser maestro hay que tener dos). Fue en Lublin, Polonia, en un torneo «muy fuerte y muy difícil». Y la segunda fue en Satu Mare, en Rumanía. De hecho, dice que el mejor periodo de su vida fue de 1970 al 2000.

Desde 2010 pasa temporadas en Gran Canaria y compite con el Club de Ajedrez Los Llanos, del que es el primer tablero y donde también ayuda a formar a los chiquillos. Ojalá su experiencia y su espejo se proyecte en los más jóvenes. Quien sabe si de su buen hacer sale un gran maestro.