Gran Canaria

Metro: Un centro comercial fantasma

18/05/2018

En el corazón de Playa del Inglés se mantiene en pie a duras penas un inmueble en ruinas que ejemplifica la decadencia de lo que en otros tiempos fue una de las zonas más prósperas del sur grancanario. Clausurados en 2012, salvo unos comercios que dan al exterior, unos 170 locales se pudren entre la basura a la vista de los turistas

Apenas quedan abiertos cuatro locales de los 176 que conformaron uno de los centros comerciales más prósperos del sur de la isla. Metro, junto a Kasbah, se elevó como símbolo del desarrollo de Playa del Inglés, motor principal en otros tiempos del mayor municipio turístico de Canarias. Ahora solo es una sombra de lo que fue. Cerrado por el ayuntamiento desde 2012 por problemas estructurales, de seguridad y salubridad, solo permanecen abiertos algunos locales que dan a la calle, mientras el resto de propietarios se vieron obligados a cerrar sus negocios.

Es el caso de Tomasa Ojeda, cuyo único medio de subsistencia era Manneken Pis, una pequeña tienda de ropa de niños de apenas 18 metros cuadrados en el local 51 A. Impotente al ver el estado del centro comercial y, en concreto, el negocio que mantuvo a su familia durante 40 años, colgó un vídeo hace unos días en las redes sociales para denunciar su situación y el estado en el que se encuentra el centro comercial Metro. «Me emociono al ver cómo está mi tienda. Nos echaron en 2012 de nuestros negocios y, aunque seguimos pagando los impuestos, no nos han dado una solución. Ahora mismo estoy sin trabajo y ese podría ser mi medio de vida, pero han dejado morir el centro comercial. Estoy convencida de que hay intereses detrás de todo esto, porque solo eso explica que esta instalación esté en ruinas, llena de basura, sea un foco de prostitución y droga, que haya gente incluso viviendo en los locales, en pleno corazón de Playa del Inglés y a la vista de los turistas que van a Kasbah o pasean por las calles junto al centro comercial», afirma Tomasa Ojeda, conocida por sus clientes como Maxi, que no entiende como a algunos comerciantes les han permitido seguir con sus negocios.

Suciedad e inseguridad

«Si el inmueble es inseguro, lo es para todos. Aquí puede pasar una desgracia si no se toman medidas para volver a poner en funcionamiento el centro comercial, porque los precintos no existen y aquí se hacen fiestas todos los fines de semana. Hay basura por todos los lados, algunos locales se utilizaron como lugares de alterne y otros, como el mío, los desvalijaron para llevarse los materiales...», afirma emocionada Tomasa, que denuncia la falta de seguridad del lugar. «Los extintores están en desuso, no hay seguridad y se puede acceder fácilmente desde la calle. Como haya un incendio puede pasar algo muy grave...», afirma indignada por lo que considera una injusticia para los pequeños propietarios. «Aquí está mi vida. Comencé a trabajar muy joven para sacar a mi familia adelante haciendo muchas horas en este local del que solo quedan los recuerdos entre montañas de basura», afirma entre sollozos Tomasa. Dueña del local 51 A.

Metro: Un centro comercial fantasma
Okupas, prostitución y fiestas improvisadas de adolescentes

Sin que nada lo impida, cualquiera puede adentrarse en el centro comercial Metro. De hecho los clientes del supermercado, la tienda electrónica o los dos bares que permanecen abiertos pueden caminar por los fantasmagóricos pasillos del centro comercial a pesar de la basura e inseguridad. Locales tapiados, otros reutilizados como puntos de encuentro casuales o infraviviendas con colchones por los suelos, poco queda de la última obra que tuvo que realizar la comunidad de propietarios para intentar, sin éxito, que no se cerrase el inmueble. «Tuvimos que hacer una derrama enorme para adaptar los falsos techos a las exigencias de seguridad, pero de nada sirvió. Cerraron de igual manera el centro comercial, salvo algunos locales...».

A la vista del turista

Desde entonces, los comercios de la zona baja del edificio se han destinado a otras actividades si se atiende a los colchones, latas de cervezas y otros restos de inmundicia esparcidos por los pasillos y comercios desnudos tras el pillaje y el incivismo de los visitantes. Mientras, los turistas siguen paseando en sus alrededores viendo a golpe de vista una imagen tétrica y decadente de Playa del Inglés.

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