Medio siglo de la ‘rebelión’ de Sardina

14/09/2018

El 15 de septiembre de 1968 se produjo en el pago galdense uno de los hitos más relevantes de oposición al Régimen que se saldó con dos heridos de bala y decenas de detenidos, entre ellos, el secretario del PCE en las islas, Tony Gallardo.

Jennifer Jiménez / ahora.plus las palmas de gran canaria

La lucha obrera en Canarias cobró fuerza a finales de los 60 y principios de los 70, aún en plena dictadura franquista. Primero, con la huelga portuaria de febrero de 1968 y después con el que ha pasado a la historia como gran hito del movimiento de oposición al Régimen en las Islas: los sucesos de Sardina del Norte. Aquel 15 de septiembre de 1968, miembros del entonces clandestino Partido Comunista celebraban un asadero en la cala de Martorell, en el municipio grancanario de Gáldar. El objetivo era brindar su apoyo a los trabajadores de la empresa de asfaltado Satra, encargada de los trabajos de la carretera del Norte, y que llevaba meses sin pagar a sus trabajadores. Sin embargo, lo que se organizó como un encuentro pacífico terminó con dos personas heridas de bala y unos 50 detenidos, entre ellos el líder del PCE en Canarias, Tony Gallardo, que fue condenado a ocho años de prisión.

Testigos de este acontecimiento lo recuerdan 50 años después como un acto de valentía. José del Toro, referente de CC OO, explica que aquella comida se preparó con mucho entusiasmo y que incluso se contrataron guaguas para unas 120 personas que se desplazaron hasta la cala. Los miembros del partido estaban organizando una protesta por los derechos de las 53 familias afectadas. Cuenta que los trabajadores primero habían intentado solucionar su conflicto laboral con el Sindicato Vertical, pero en vista de que no se les daban respuestas acudieron al Partido Comunista. Ese día se elaboró un escrito con la intención de llevarlo al día siguiente al gobernador civil, un documento que guardaron bien. Sin embargo, esa misma mañana, ya se empezaban a dar indicios de que la jornada no acabaría bien. Dos miembros del servicio de información de la Guardia Civil vestidos de paisano hicieron presencia en la zona, requiriéndoles documentación, pero al rato se marcharon y les dejaron celebrar el almuerzo. En el encuentro no faltaron largas conversaciones y cánticos antifranquistas, recuerda.

Ya empezaba a caer la tarde cuando llegaron guardias civiles uniformados ordenando que se levantara el campamento que había montado. «Nos obligaron a llevarnos todo y nos dirigimos hasta las guaguas, pero al llegar estaban precintadas», afirma Del Toro. En ese momento, decidieron cogerse unos a otros del brazo en señal de protesta mientras avanzaban hacia la playa.

Considera, al igual que otros testigos de la época, que lo que quería la Guardia Civil era detener a los cabecillas, pero ante la resistencia de estas personas comenzaron los disparos por orden del comandante Díaz Otero, a quien llamaban «el rebote». Jesús Redondo Abuín y Lorenzo Felipe resultaron heridos graves de ese suceso.

Hubo decenas de compañeros detenidos, pero otros consiguieron escapar. Una de estas personas fue Emilio Díaz Miranda, que era miembro activo del partido y que aprovechó sus dotes de nadador olímpico para salir por el mar, lo que se convirtió en una peligrosa hazaña por las corrientes de la zona y porque se vio obligado a escalar por una pendiente. Escapó ese día de ser detenido, aunque tiempo más tarde acabó en la cárcel como preso político.

José del Toro recuerda que esa noche llevaron a los detenidos a la sede del Gobierno Civil y empezaron los insultos y cachetones. Luego se decidió que se trataba de una cuestión de tipo militar, por lo que fueron trasladados a la comandancia de la Guardia Civil, donde se les interrogó y de ahí pasaron a la antigua cárcel de Barranco Seco, que hoy es un Centro de Internamiento para Extranjeros. Desde allí, los presos fueron trasladados a cárceles de la Península, y condenados a penas de entre dos y ocho años por «rebelión militar» e «insultos a las fuerzas armadas». El miembro de CC OO rememora que la despedida fue emotiva ya que se escuchaban voladores desde La Isleta que lanzaron vecinos para apoyarles.

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