Tadeo, ¿un soldado de Van der Does?

11/08/2018

Los arqueólogos destacan la importancia del hallazgo del cráneo de Juan Rejón-La Carretera y apuntan como primera hipótesis de trabajo la posibilidad de que sea uno de los muertos en la invasión a la capital en 1599. Es probable que el resto del cuerpo esté enterrado junto a la calavera.

El cráneo que apareció en la obra que tiene abierta la calle Juan Rejón-La Carretera podría ser solo la punta del iceberg de un descubrimiento arqueológico más amplio. Y no solo por el hecho de que junto a la calavera -a la que los obreros han bautizado como Tadeo- aparecieran restos cerámicos que podrían pertenecer a un periodo comprendido entre los siglos XVI y XVIII, sino también porque es posible que el resto del esqueleto siga enterrado a la espera de que lo descubra la prospección arqueológica.

El Cabildo de Gran Canaria ha solicitado ya permiso al Gobierno de Canarias que le autorice la actuación arqueológica que servirá para datar los restos que se encuentren en esta parte de La Isleta.

Según los arqueólogos, el cráneo y las piezas de cerámica que se encontraron en la obra que tiene en marcha Red Eléctrica de España -y que ejecuta Endesa- aparecieron a una profundidad entre los cincuenta y los setenta centímetros en relación a la superficie de la vía. Todo el descubrimiento fue tapado con posterioridad con arena para evitar desprendimientos y otras posibles alteraciones del hallazgo hasta que el Ejecutivo autónomo autorice la investigación. Desde el Cabildo de Gran Canaria se confirmó ayer que antes de que acabe el mes ya pueden estar en marcha los trabajos. En todo caso, desde que se produjo el descubrimiento del cráneo, la obra cuenta con el seguimiento arqueológico de la empresa Tibicena Arqueología y Patrimonio. Además, el Cabildo solicitará al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria los permisos pertinentes para ampliar el área de intervención, que afectaría a una parte de la acera de la citada calle.

Varias son las posibilidades abiertas respecto a estos restos: que se trate de un aborigen, aunque la necrópolis de los antiguos canarios no estaba tan pegada a la costa; de algún habitante o visitante de la zona -recordemos que era un lugar de paso y descanso de pescadores de Telde- que hubiera muerto y fuera enterrado en las proximidades de la ermita de La Luz, aunque es menos probable; o que fuera un soldado muerto, probablemente uno de los integrantes de la partida con la que Pieter Van der Does invadió Las Palmas de Gran Canaria en 1599, que es lo que parece más factible hasta el momento.

A esta teoría se apuntan tanto el inspector de Patrimonio del Cabildo de Gran Canaria, José de León, como el codirector de la empresa Tibicena, Marco Moreno, quienes coinciden en que el hecho de su proximidad a los dos corsarios holandeses encontrados a apenas ochenta metros lineales, en la calle Rosarito, hace ya dieciocho años con motivo de la ejecución de unas obras de acondicionamiento del alcantarillado, refuerzan la tesis de que sea uno de los atacantes.

Además, la proximidad al castillo de La Luz -que jugó un papel destacado en la defensa de la Isla- y el hecho de que fuera enterrado en la arena, en plena costa, parecen indicar que se trata de un enterramiento apresurado, sin tener en cuenta las prácticas mortuarias de la época. Quedaría por saber si el cadáver de Tadeo fue enterrado boca abajo, como ocurrió con los dos cuerpos encontrados en la calle Rosarito. «Si se tratara de un atacante holandés, lo normal es que estuviera boca abajo», explicó José de León, en referencia a un trato diferencial que se podía haber dado al cadáver para distinguirlo de la población canaria.

«El descubrimiento puede profundizar en el conocimiento de la historia del Puerto y, sobre todo, del castillo de La Luz», explicó el arqueólogo del Cabildo de Gran Canaria, «enriquece el valor arqueológico, histórico y cultural de todo ese entorno».