Carnaval

«Me gustaría hacer un último traje»

16/02/2018

Carmen Hernández fue la diseñadora de Maracaibo, una comparsa mítica del carnaval capitalino nacida en La Isleta en 1979. También creó fantasías para candidatas a reina y cosechó varios premios. Hoy, a sus 80 años, aún guarda muchos de aquellos vestuarios en su casa y confiesa su deseo de hacer «un último traje», eso sí, «sin ruedas».

Carmen Hernández fue durante 12 años la diseñadora de la comparsa Maracaibo, una formación nacida en La Isleta a finales de los años 70 del pasado siglo que cosechó importantes premios en el carnaval capitalino y que siempre destacó por su vestuario. «Caribe fue la primera pero Maracaibo la superó», dice con orgullo quien además de idear sus fantasías, se encargaba de comprar los materiales para que las modistas les dieran forma y era la responsable de modelar «los armazones y los sombreros» de cada uno de los casi 50 componentes que integraban la formación. Una tarea que le ha pasado factura pues sus hombros y sus huesos se resienten de tantas horas de trabajo. «Siempre tuve mucha fuerza en las manos e hice uso de ella, y por eso ahora tengo tanto problemas», reconoce.

Pero además de vestir a la comparsa con la que trabajó más de una década y que tuvo que dejar para dedicarse a uno de sus cinco hijos, que sufrió un accidente de tráfico, también diseñó trajes de reina. «Hice trajes para Racsa y para La Ballena». Con estos últimos logró el máximo cetro del carnaval capitalino cuando las galas aún se celebraban en el teatro Pérez Galdós pero con la empresa aceitera siempre se quedó a las puertas, cosa que lamenta. «Me da pena no haber ganado con ellos», afirma esta creadora autodidacta que dice no saber dibujar pero que «le contaba a las modistas lo que tenía en la cabeza».

«Me gustaría hacer un último traje»

Apunta que entonces «todo se hacía a mano» y que ella viajaba a buscar material a Tenerife, Río de Janeiro y Sao Paulo, en Brasil, y a la entonces Checoslovaquia, para traer «el cristal» con el que enriquecía unos vestuarios «que luego me copiaban».

Asegura que las comparsas actuales «tienen unos trajes muy cuidados» y han mejorado sus cuerpos de baile «porque ya no hay tantas chicas gruesas».

A pesar de que Carmen ya tienen 80 años, el veneno carnavalero no ha salido de su cuerpo ni de su casa, que está llena de sus creaciones. Además, confiesa que «me gustaría hacer un último traje si consiguiera vencer la resistencia de mis hijos», dice sabedora de que sus vástagos no le van a permitir volver a coser por sus problemas de salud. Eso sí, tiene claro que de poder realizar esa fantasía sería «sin ruedas», algo a lo que siempre se opuso.

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