Un paseo por Las Palmas de Gran Canaria

Más de 500 años de arte e historia

09/08/2017

El Castillo de la Luz ha defendido a la isla de la invasión extranjera a lo largo del tiempo, convirtiéndose en un símbolo de la ciudad que merece la pena redescubrir tanto por dentro como por fuera.

Pocas ciudades pueden presumir de un pasado tan rico en historias como Las Palmas de Gran Canaria. Piratas, ingleses, portugueses, franceses, holandeses... Todos intentaron penetrar en el emblemático Castillo de la Luz, la fortaleza más antigua de Canarias, que se erige en el siglo XV con la intención de defender la isla de la invasión extranjera.

La fusión entre Arte e Historia ha sido hasta hoy una de las constantes en el castillo –sede de la Fundación Martín Chirino– que permanece impasible, como una fotografía antigua, en medio del bullicio urbano.

Los versos de Lope de Vega en La Dragontea ilustraron la valentía de los isleños cuando Francis Drake y John Hawkins, al mando de un flota de 2.500 hombres, se presentaron en la bahía de Las Palmas con claras intenciones de tomar la ciudad.

Pocos años más tarde de esta hazaña, sería Bartolomé Cairasco de Figueroa, fundador de la poesía canaria, quien logre negociar la retirada de Pieter Van der Does después de que éste alzara su bandera en la fortaleza.

Más de 500 años de arte e historia

Actualmente, el castillo es considerado Bien de Interés Cultural y símbolo de la ciudad y, si uno se acerca lo suficiente a los muros de piedra, será capaz de percibir los ecos del antiguo mar sobre el que se edificó (o, al menos, verá sus caracolillos). Además, cuenta con una exposición permanente del escultor Martín Chirino, cuyas obras son un soplo de aire fresco que enfrenta la pesadez del material (metal) y el dinamismo del diseño.

Junto a sus creaciones se encuentran las de otros dos célebres artistas canarios que reflexionan sobre el mundo aborigen: Manolo Millares, más centrado en la abstracción y Óscar Domínguez, con su conocido surrealismo. Cincuenta piezas, la mitad de ellas originales, representan la tradición contemporánea y exploran la trayectoria de estos tres artistas isleños y, de forma paralela, el origen cultural de las Islas.

Sin embargo, más allá del interés particular de la exposición –comisariada por Juan Manuel Bonet y que se mantendrá hasta el 1 de octubre– conviene atender a los recovecos del espacio, donde persiste esa extraña mezcla entre el modernismo artístico y la antigüedad de la fortaleza. El estrecho pasillo, situado en la sala dedicada a Millares, que conduce a un suelo acristalado con vistas a la muralla interior, es una de las perlas del lugar.

También lo es Herramienta poética e inútil, una de las obras de Chirino, suspendida en una alta sala circular, que es recomendable observar desde dos perspectivas: desde abajo y desde el balcón del tercer piso.