«Las prostitutas viven siempre día a día»

31/03/2020

La prostitución sigue el complejo encaje de otros sectores vulnerables de la sociedad en la fractura que ha producido la pandemia. Este periódico informaba que más de 40 prostitutas habían solicitado ayuda a los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, un dato confirmado por la corporación y que ratifica Idaira Alemán, responsable del Centro Lugo. «Ellas viven día a día de lo que ganan y la situación se ha complicado muchísimo», señala.

El Centro Lugo es una iniciativa de Cáritas en Canarias que lleva trabajado en el mundo de la prostitución desde 1988. Más de tres décadas de trabajo voluntario en el que se esfuerzan, recuerda Alemán, en asesorar a las mujeres que ejercen la prostitución.

Y es que la responsable del Centro Lugo acuda rauda a desmontar viejos mitos. «Ellas viven de lo que ganan día a día. Son mujeres que pagan mucho dinero por poder trabajar y que lo hacen obligadas por las cargas familiares que acarrean», relata.

Alemán elude los flancos de la polémica y prefiere centrarse en la realidad de su día a día. Eso sucede también desde otros frentes. Hasta la pasada semana el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria había atendido el caso de 42 mujeres que habían solicitado ayuda ante la falta de ingresos de estos días. Pero fuentes municipales hablan de más de 100 peticiones.

Idaira Alemán hace una radiografía completa del momento. «Nosotras habitualmente trabajamos con estas mujeres. No solo con las de Molino de Viento. Hacemos visitas a los pisos o las casas en las que ejercen. Pero en este momento es evidente que es imposible. Hemos seguido ayudándolas con bonos de comida y les hemos seguido ofreciendo ayuda psicológica, en este caso por vídeoconferencia y con un grupo de WhastsApp que sigue activo», explica.

Dificultades.

Y es que en este asunto el confinamiento no hace distingos y guarda los dramas de cada caso tras la puerta de las casas. Como pasa en Molino de Viento. «El trabajo que hacemos normalmente en la calle es imposible. Porque, además, muchas de estas mujeres están confinadas en las casas o pisos en los que ejercen».

Ahí es donde nace otro de los grandes problemas. «Están haciendo el confinamiento en esas casas en las que ejercen que no son lugares en los que las infraestructuras estén acondicionados para tener a esos grupos numerosos de mujeres viendo allí a la vez. Se sienten inseguras, por ejemplo temerosas de su salud», cuenta.

La salud y la higiene forman parte de la pirámide de las preocupaciones de estas mujeres y de quienes intentan trabajar para que sus condiciones sean las mejores posibles dentro de su situación. «Es complicado trabajar con ellas. Porque las suelen cambiar de casas con una rotación de 21 días. Muchas de ellas, a su vez, están aquí en una situación irregular. Por lo que no tienen acceso a las ayudas», indica la responsable del Centro Lugo.

Centro Lugo lleva trabajando con estas mujeres desde 1988

Una de las funciones del proyecto de Cáritas es de dotarlas de instrumentos de orientación para que puedan buscar fórmulas de ayuda. Un trabajo que también se ve comprometido por las circunstancias que rodean el contexto actual. «Intentamos trabajar para que tengan sus derechos. Esas ayudas no solo son para comer, también son bonos para el agua y la luz. Para que en sus residencias puedan tener unas condiciones de vida decentes junto a sus familias», expresa.

Por eso trata de visibilizar su trabajo, para conectar con esas mujeres que aún no saben donde acudir. «Son mujeres que se sienten muy aisladas. En el 95% de los casos son extranjeras por lo que no tienen acceso al servicio de salud. Por eso trabajamos también intensamente con la gente de Médicos del Mundo, que colaboran con nosotros en darles atención sanitaria».