La vida gotea en las plazas de abastos

27/03/2020

Los mercados municipales hace tiempo que dejaron de ser la mejor fuente de información de la ciudad pero estos días de confinamiento han visto como sus pasillos siguen atestiguando las idas y venidas de una sociedad preocupada y tensa.

Hubo un tiempo –lo recordaran muchos lectores– en los que había vida lejos de los hipermercados. Días en las que los mercados de abastos se abrían como fuentes a la rutina de las ciudades. De ahí salía el potaje del día y las anécdotas de la sobremesa. Hoy ese torrente de información es simplemente un goteo. Poco pasa ya en las plazas, víctimas también del confinamiento de los ciudadanos.

«Voy a la plaza», repetía cada sábado mi abuela como si eso supusiera una alteración relevante en la agenda de la semana. Acudir a cualquiera de los mercados municipales de Las Palmas de Gran Canaria estaba dentro del esquema semanal de cualquier familia. Hace tiempo que eso no es así. Y en este contexto de cuarentena actual han tenido que girar más de una vez la tuerca para encontrar vías de subsistencia.

Llegar a la puerta del Mercado de Vegueta, por ejemplo, impacta. La infraestructura es un páramo solitario que sobrevive rodeada de comercios cerrados. Dentro hay muchos puestos que no han bajado la persiana, pero hay otros que han decidido sobrevivir frente al problema. Algunos incluso ponen de relieve la carga de trabajo que sufren.

Es el caso de una de las fruterías del pasillo central del mercado. «Estoy desbordado», señala su regente mientras descuelga una manilla de plátanos todavía verde. «Mi mujer puso en el Facebook que nos podían hacer pedidos y solo con las madres del colegio de mis hijas estamos repartiendo montón», cuenta antes de aclarar que lo hace tomando todas las precauciones pertinentes.

Los hay que mantienen su leal clientela

En otros casos se impone la libertad y las costumbres. El puesto de papas Alber King, «donde ninguna papa sale ruin», mantiene un buen flujo de clientes. Seducidos por la calidad de un producto de la tierra que como en los tiempos de guerra vuelve a ser el sustento esencial de muchas familias. Y es que esa situación de escenario bélico en la que parecemos vivir en estos días también se percibe en el mercado. Uno llega al umbral de la puerta y no sabe esclarecer si se siente protegido o amenazado. Justo en la puerta hay parado un vehículo todoterreno militar, icono de la sensación de anormalidad de estos días.

Dentro de los puestos el ruego que se escucha a los tenderos no es muy diferente del que se escuchaba hace un mes. «Nosotros también existimos. Que parece que solo hay supermercados, aquí tenemos todo lo que se necesita para mantener una casa», expresan.

Lo que sí que tienen claro es que quieren volver a la normalidad. A restar ese metro de distancia con el cliente que hace que se pierda precisamente lo que uno va buscando.

Tensión

El mercado es área sensible en estos momentos en los que toda prevención es poca. Por eso se producen algunos momentos de tensión. Sucedió en una de sus pescaderías estos días. Un cliente malencarado decidió tocar la paleta en la que se muestran los precios del producto porque no los veía bien, el pescadero, lógicamente, le reprendió: «Con la situación en la que estamos y viene usted y me toca el pescado. Eso no se puede hacer», le recriminó a lo que el cliente le contestó: «Bobo».

Es una simple anécdota. Como esas seguro que ocurren muchas a diario en una plaza de abastos, pero muestra el estado de tensión en el que se vive estos días.