«Estuvimos 76 días sin agua»

01/09/2018

Los vecinos de Tres Palmas protagonizaron en el verano de 1983 la guerra del agua, una movilización contra el Ayuntamiento por la gestión de los recibos del suministro de un «agua que nos cobraban dos veces».

Juana Marerro es incapaz de contener las lágrimas de emoción al recordar el verano de 1983 y la lucha vecinal que se inició en Tres Palmas, el barrio en el que residía con sus cuatro hijos, y que se bautizó como La guerra del agua. «Lo recuerdo con mal sabor», dice al rememorar una lucha que llevó a una comunidad de 508 viviendas a enfrentarse al Ayuntamiento que presidía Juan Rodríguez Doreste para exigir un cambio en la gestión de los recibos del Servicio Municipal de Abastecimiento de Agua y en la que las mujeres tuvieron mucho protagonismo, «porque los hombres se iban a trabajar y éramos nosotras las que nos quedábamos en casa».

«Estuvimos 76 días sin agua», explica Juan Samper, uno de los protagonistas de una iniciativa vecinal que asegura comenzó como protesta porque «los presidentes de las comunidades» de unas viviendas construidas por el Patronato Francisco Franco, «tenían que cobrar puerta por puerta los recibos del agua a los 60 vecinos de cada bloque para luego llevar ese dinero al Obelisco». Esta obligación implicaba también aportar la totalidad del importe, incluso el de aquellos vecinos que no pagaban porque no estaban o no podían.

El otro motivo de la protesta fue «que estábamos pagando el agua dos veces», apunta Samper», «la del contador patrón y la de los individuales». Ante esta situación «nos plantamos», y dice que exigieron al Ayuntamiento que asumiera la gestión del cobro de esos recibos y que se acabara con la duplicidad en el pago.

Dice que en un principio el consistorio reaccionó con cortes en el suministro, cerrando alguna de las dos llaves de paso que había en el barrio o una tercera en Pedro Hidalgo.

«Cuando venían a cerrar bajábamos las mujeres para evitarlo», recuerda Rosi Cabrera. Juana Marrero añade que «un supermercado que había antes hacía sonar una sirena y era la señal de que venían a cortar el agua. Entonces, bajábamos todas y nos sentábamos donde estaba la llave de paso para que no cerraran». Explica que «ponían cemento para que no pudiéramos abrir y dar de nuevo el agua y nosotros los rompíamos. Incluso hicimos noche en Pedro Hidalgo para que no cerraran».

Este tira y afloja con el Ayuntamiento se recrudeció y «el 19 de agosto de 1983 cortaron la conexión del depósito de El Lasso, que es el que suministra agua al barrio», indica Samper.

Aseguran que Sanidad obligó al Ayuntamiento a llevar cubas, pero los vecinos se negaron a usar esa agua y contrataron el servicio por su cuenta.

«Traíamos agua de Telde» explica Samper. Añade que «estuvimos esos 76 días trayendo cuatro cubas diarias desde Telde».

La protesta de los vecinos de Tres Palmas, que se manifestaron en la plaza de Santa Ana e incluso llegaron a protagonizar cortes de tráfico en la avenida marítima, tuvo sus frutos y logró su objetivo. «Juan Rodríguez Doreste tuvo que ceder, pero nunca entendimos cómo se pudo llegar a esto», reconoce Julio Guillén, quien al mirar para esa época destacada «el papel de las mujeres», ya que «ellas eran las que se encargaban de coger el agua y atender la casa y a los niños».

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