«Es la madre de todos los isleteros»

16/07/2019

Más de 10.000 personas tomaron este martes las calles de La Isleta para presenciar la procesión de la Virgen del Carmen en el día de su festividad, un recorrido que se prolongó más de seis horas.

La Isleta se quedó este martes pequeña para acoger a las más de 10.000 personas que calcula la Policía Local capitalina acudieron a presenciar la procesión de la Virgen del Carmen por las calles de un barrio que le demuestra sin reservas su devoción cada 16 de julio. Por eso, fueron muchos los que quisieron acompañarla desde que a las 05.00 horas abandonó su templo de la calle Benartemi cargada por sus costaleros, tras la celebración de la tradicional misa.

Empezaba de esta manera un recorrido que la llevó por Umiaga, la plaza del Carmen, Tamarán, Osorio, Artemi Semidán, Faycanes, Menceyes, Malfú, Palmar, Roque Nublo, Tecén, Tanausú y Romeral antes de regresar a su iglesia. Y en cada esquina de unas calles que se engalanaron para la ocasión durante toda la jornada del lunes se repitieron las escenas de emoción, los momentos de recogimiento que rompía el estruendo de los voladores, las lluvias de pétalos de flores y los vivas a la Virgen seguidos de los «guapa, bonita y ole».

Así, más de seis horas en las que los isleteros pero también los vecinos llegados de otros puntos de la ciudad y de la isla aguantaron estoicamente hasta que, a las 11.21 horas, la imagen entraba en su templo gracias a la pericia de unos costaleros que una vez más se dejaron la piel en el día de Ella, como se conoce en La Isleta la festividad del Carmen.

El único secreto para aguantar tantas horas «es la devoción». Eso al menos es lo que cree Attenya de la Cruz, una vecina de La Isleta que este martes esperaba en la calle Benartemi para ver entrar un trono al que había acompañado desde su salida junto a su amiga Lesa García y la hija de ésta, la pequeña Jimena Santos, que a sus siete años vivía por primera vez la experiencia de madrugar para asistir a la procesión pero que ya había presenciado otros años el momento en el que el trono entra en su iglesia después de recorrer el barrio.

«Es verla», dice Attenya con la emoción en los ojos mientras trata de explicar lo que le lleva cada año presenciar una procesión que aunque parece la misma en cada edición «la vives diferente». Por eso no duda en pedir el día libre en su trabajo. «Me llamaron para trabajar pero dije que no», señala.

Lesa recuerda que «mucha gente se coge vacaciones estos días» porque las fiestas del Carmen están marcadas a fuego en el calendario isletero. Además, apunta que el 16 de julio «es un día especial» porque «se mezclan muchas cosas», y es que la procesión también propicia el encuentro ya que atrae a personas que ya no viven en el barrio, que se fueron pero que no abandonaron del todo La Isleta y a las que ven de año en año.

Ángela Bernal también acude cada año a la procesión con su marido, José Luis Santana. Además, a esta vecina de La Isleta le gusta participar en los días previos de las salidas de la aurora y la noche del 15 y tiene claro que el motivo de que la Virgen del Carmen congregue a miles de personas por su festividad es que «es la madre de todos los isleteros». Por eso ni siquiera los que ya no viven en el barrio faltan. «Aunque se marchen a otros pueblos o a cualquier sitio, siempre todo el mundo viene aquí», señala. Y añade que «familia y amigos que no nos vemos en todo el año, aquí nos encontramos».

Confiesa que «la Virgen del Carmen es muy bonita y para mí es única» y aunque reconoce que «a veces se le piden cosas imposibles, por lo menos se pide con mucha fe».

Su marido, que la escucha con atención, explica que «toda la vida me he criado con el Carmen porque yo nací en el Puerto». Y es algo que heredó de su familia. «La madre, que tienen 96 años, también está aquí», apunta Ángela, que dice que sus nietos también asisten a la procesión.

Pero la llamada del Carmen, como dice el párroco de Benartemi, «traspasa fronteras», y vecinos de otros barrios se acercan a verla en su día. Ese es el caso de Aythami Cabrera, que vive en La Paterna y desde hace cuatro años la acompaña desde la salida. «Me encanta, siento especial devoción por ella», expone pese a su juventud. «Vine un año y me gusto cómo la sacaban los costaleros y año tras año he venido», indica.

Tanto es lo que le atrae la procesión que logró convencer a su madre, Belén Núñez, que a sus 41 años vivió por vez primera una experiencia que no va a ser la última. Y es que tiene claro que aunque este año «llegamos sobre las ocho de la mañana» el que viene estarán desde la madrugada. «La procesión es preciosa y merece la pena estar aquí desde las cuatro y media de la mañana, así que el año que viene si puedo vengo a esa hora», afirma convencida. Este grupo de madre e hijo se completa con Kevin Quintero, un vecino de Tenerife que también se estrenó en la cita.

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