Entrevista al alcalde de Las Palmas de Gran Canaria

Augusto Hidalgo: «Hemos encarrilado los proyectos de futuro»

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12/01/2019

El alcalde de la capital grancanaria encara el tramo final del mandato convencido de que «lo mejor [para la ciudad] está por venir». El socialista Augusto Hidalgo (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) vuelve a poner el pacto tripartito como ejemplo de que un «gobierno de progreso» es viable. Valora la lealtad de sus socios y no le importaría repetir pacto pero aspira, en todo caso, a ganar en las urnas.

— En mayo tendremos elecciones. ¿Qué ciudad recibió usted hace cuatro años y qué ciudad cree que deja para que los vecinos decidan quién es el futuro alcalde?

— Recibimos una ciudad paralizada, con mucho desempleo, que no tenía ninguno de los grandes proyectos ni siquiera iniciados, y nosotros hemos activado la economía, hemos buscado recursos, financiación, hemos iniciado los grandes proyectos de la ciudad y hemos generado empleo y puestos de trabajo en cuatro años. Hemos encarrilado los proyectos de futuro de la ciudad y lo mejor está por venir.

— ¿Hay también una ciudad más cohesionada? ¿Ya no tenemos las dos ciudades de las que tanto habló?

— Es una ciudad más cohesionada. Hemos crecido juntos pero lo hemos hecho generando empleo y el mayor elemento de cohesión que existe es el empleo. Esta ciudad tenía 50.000 desempleados cuando llegamos y era una ciudad más injusta de lo que es hoy, que está en los 40.000 desempleados y bajando. Para hacer eso necesitábamos buscar recursos para generar empleo y también hacer una política social que cuesta dinero. Por eso ha sido determinante que las arcas municipales respondieran a esas expectativas.

— Acaba de presentar los presupuestos. Con unas cifras tan elevadas como las de esas cuentas, ¿cuánto hay de una estrategia de reservar lo mejor para el año electoral?

— No hemos pensado nunca en plan «reservo para...». Lo que hemos hecho es colocar el presupuesto municipal a la altura de las expectativas de una ciudad como esta. Hemos dado un salto de 130 millones más de gasto que en el año 2015 y lo hicimos con una operación que fue determinante: romper el techo de gasto en el año 2017 al 2018. El salto del 35% no lo ha podido hacer ningún otro Ayuntamiento. Hicimos una apuesta por reducir deuda y aumentar la solvencia para garantizar los proyectos de futuro. No se trata de qué hay reservado, porque cada presupuesto se tiene que gastar en el año, sino los proyectos de futuro que están en marcha. Solo con la MetroGuagua, ahora viene la parte más impactante: en el istmo de Santa Catalina y en la zona de los juzgados. En esta vamos a ganar 48.000 metros cuadrados de ciudad al mar, que será la operación más importante de crecimiento urbano desde los años 70. En el istmo de Santa Catalina, igual: vamos a transformar el tejido urbano.

— Son los presupuestos más elevados, ¿pero el ciudadano tiene la garantía de que hay un buen nivel de ejecución?

— Eso lo dicen los números. No me gusta hacer comparativas con anteriores gobiernos pero en el anterior mandato se renegociaban los créditos para presentarlo como gasto ejecutado. Nosotros hemos eliminado la deuda y esos recursos se han trasladado al ciudadano. Le hemos evitado al ciudadano unos 320 euros por persona de deuda municipal, y con los impuestos, son unos 520 euros más que los ciudadanos han recibido gracias a no tener que pagar deudas y tener un presupuesto mayor. Y esos 520 euros han ido básicamente a inversiones. No es ingeniería financiera sino que el ciudadano se beneficia de una operativa presupuestaria que piensa en los vecinos.

— ¿Tenemos un Ayuntamiento que es buen pagador?

— Pues hoy sí. Hubo un momento puntual en que tuvimos algún problema porque cuando elevamos el gasto, esta institución no estaba acostumbrada a ese nivel de ejecución y no estaban ni el personal ni las dinámicas internas engrasadas para que fuera así. Luego tuvimos el hándicap de la Ley de Contratos, que a todas las administraciones nos ha ralentizado la capacidad de gasto, pero al final hemos ido reduciendo de forma sistemática el periodo de pago y hemos llegado a doce días. Otra cosa son momentos puntuales en algunas facturas. Lo importante también es que hemos sacado de los cajones deudas de gran calibre, unas por el ordenamiento urbanístico y que rondaban los 20 millones de euros anuales, y otras producidas en el mandato anterior con los trabajadores, que supusieron 21 millones más intereses con sentencias firmes.

— Algunos analistas dicen que estamos a las puertas de una desaceleración y los más pesimistas dicen que una crisis en toda regla. ¿Está bien posicionado el Ayuntamiento si llegan las vacas flacas?

— Si hoy llegara una crisis como la de 2007-2008, este Ayuntamiento sería el mejor posicionado de España de las grandes ciudades junto con Vigo, según el último dato del Banco de España. ¿Por qué? Porque nuestra situación nos permite incluso endeudarnos por encima del 100% para poner financiar nuestra necesidad de gasto. Tenemos una serie de proyectos estructurantes que estamos convencidos de que se pueden sacar adelante, incluso aunque el entorno macroeconómico entrara en declive, que tampoco creo que vaya a ocurrir.

— Hace una lectura positiva pero sigue habiendo gente que duerme en las calles.

— Llegó a haber 200 personas que dormían en las calles todos los días y ahora hay censadas unas 80. Siguen siendo muchas pero es lo que pasa sobre todo en las ciudades. La gente que está en las calles son generalmente personas que no se adaptan a un procedimiento de inserción a través de nuestros centros sociales. Hemos incorporado algo nuevo que es el piso tutelado, que es la última fase antes de incorporarte a la vida normalizada. Pero esas personas que no entran en nuestros centros generalmente tienen problemas psiquiátricos unidos a politoxicomanías y tendrían que derivarse a otras administraciones. Lo que hemos hecho es no mirar para otro lado, sino construir el llamado centro de día en la antigua fábrica del hielo, que garantizará que esas personas sean atendidas.

Augusto Hidalgo: «Hemos encarrilado los proyectos de futuro»

— Otra queja ciudadana: la ciudad está más sucia.

— Lo cierto es que en este mandato hemos intentado solucionar un problema grave que había en el área de Limpieza: una desestructuración del servicio. Se había contratado personal sin seguir criterios de igualdad, mérito y capacidad, y donde había una parte pública y privada, y en la pública había vehículos y maquinaria que no se habían renovado en 22 años. Hemos hecho la mayor inversión histórica en Limpieza para cambiar esa maquinaria. Y al mismo tiempo iniciar un proceso de selección de personal negociándolo con los sindicatos y abrir la caja de Pandora de la relación de puestos de trabajo, donde era muy complicado porque había tres convenios colectivos. Esa negociación ha tenido momentos complicados, con momentos puntuales en que no se recogió la basura en fines de semana, pero hemos llegado a un acuerdo y en las próximas semanas se producirá una incorporación de personal como nunca se había visto.

— Hablemos de movilidad. ¿Acaba la ciudad mejor o peor en materia de tráfico? Torre Las Palmas sigue como un punto crítico. ¿Hay que seguir fiándolo todo a la MetroGuagua?

— Hay que fiarlo todo a un plan de movilidad urbana sostenible que tiene esta ciudad. Somos el único municipio que lo tiene en toda Canarias. Tiene objetivos que estamos cumpliendo y que garantizan que la prioridad, como ocurre en todo el planeta, empieza por priorizar al peatón; segundo la bicicleta; tercero el transporte público de alta ocupación; cuarto el transporte público; el taxi y después el vehículo privado. Eso es lo que hemos hecho con la peatonalización de calles, los carriles bici o la MetroGuagua, que es quizás lo más visible y que no existía. Es una medida necesaria e imprescindible, como las otras. La guagua está bien vista por el ciudadano pero tiene el problema de que compite con los vehículos privados, mientras que la MetroGuagua es más grande, transporta a más gente, va a pasar cada pocos minutos y no compite con los vehículos privados. Para eso hacen falta obras de infraestructura y lo que hemos hecho es que esas obras modernicen la ciudad.

— Pero las peatonalizaciones entorpecen el tráfico...

— Solo hay que ver lo que ha pasado en el resto de lugares donde se ha ganado espacio para el peatón, para el ciclista y para el transporte público: el tráfico ha mejorado. Pero eso obliga a contar con un transporte público eficiente. Eso es lo que garantiza la MetroGuagua.

— ¿Entonces la contestación a la MetroGuagua a qué se ha debido? ¿Entraba en lo previsible o es que no han sabido comunicar?

— Hubo un momento de respuesta, que tampoco creo que fuera excesiva y que es normal en democracia. Siempre hay un margen de miedo al cambio. Pero hay que evolucionar; esta ciudad no se puede quedar parada. Aquí el debate empieza a declinar cuando se abre el primer tramo y en la calle Galicia ya se percibe el cambio; lo veremos en Blas Cabrera Felipe y en el resto de zonas.

— Más quejas: esta es una ciudad en la que se dan facilidades al ocio nocturno o al deporte en las calles y se olvidan las molestias a los vecinos.

— Todas las ciudades, pero esta en particular, tienen que aprovechar su situación geográfica y su clima. Esta es una ciudad a la que le gusta estar en la calle. Cada vez que se hace algo en la calle, la gente responde siempre. Es la parte positiva y evidentemente hay que acompasarlo con los intereses de los vecinos, y creo que lo hemos hecho compatible. Esto es lo complicado de gobernar. Apostamos decididamente por el ocio como parte de esta ciudad y por la actividad deportiva en el exterior, y lo que hacemos para no molestar a vecinos y vecinas, es regularlo y ordenarlo. Desde el punto de vista del ocio lo que corresponde es hacer cumplir la ley, y es lo que hemos hecho estas navidades en Triana y Vegueta, con el plan de seguridad en la noche de Reyes.

— ¿La ciudad está llegando a su límite de captación de turistas? Ya hay quienes plantean que el alquiler vacacional, por ejemplo, está transformando, y no siempre para bien, barrios como Guanarteme.

— No creo que hayamos llegado a nuestro techo turístico. En cruceros estamos empezando a crecer en verano y es uno de los sectores turísticos que más crece en todo el mundo. Por otro lado, tenemos que seguir creciendo en camas: habíamos bajado de las 7.000 camas y hay margen para nueva planta. Y está la vivienda vacacional, que es un fenómeno que existía en las zonas turísticas, pero que ha migrado a las ciudades. Es evidente que genera presión en el alquiler pero se puede regular y es lo que hemos hecho: el problema es que la normativa autonómica no nos da poder a los ayuntamientos para controlarlo, sino que lo deja en manos de los cabildos.

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