02/07/2018

Las crónicas antiguas de la conquista de Canarias dan fe de que los pueblos que habitaban las islas antes de la llegada de los castellanos dominaban con precisión los calendarios.

Gran Canaria, la isla de las cuevas y los astrónomos

J.M.R / Las Palmas de Gran Canaria

La cumbre del conocimiento astronómico de Gran Canaria se encuentra en Artenara, un lugar salpicado de cuevas. Allí está Risco Caído, con un importante yacimiento con antiguos grabados en sus paredes. En 2009 se descubrió el detalle que hace especial a la cueva número 6: en la mañana del día más largo del año, la luz solar que se cuela por la claraboya que corona su cúpula proyecta contra la pared un rayo que va iluminando, poco a poco, los 30 grabados en forma de pubis femenino que decoran sus paredes. Ese juego de luces y sombras se percibe en su apogeo coincidiendo con el solsticio de verano, pero comienza a producirse con el equinoccio de primavera y termina con el de invierno. Y, para cerrar el ciclo de las estaciones, la primera luz de luna genera el mismo efecto en el solsticio de invierno. Su antigüedad concreta se ignora, pero su valor nunca ha pasado desapercibido. Los arqueólogos han encontrado un documento del siglo XVII que atestigua que la población local sabía que esa era una cueva valiosa.

Relojes solares

Muy cerca de allí, en la caldera de Tejeda, se encuentra el Roque Bentayga. También allí existe un área ceremonial, donde los rayos que se cuelan al amanecer por una muesca de un promontorio rocoso en los dos equinoccios del año se alinean con unos agujeros en forma de cazoleta excavados hace siglos en la roca del suelo. El mismo efecto se puede ver en el barranco de Fataga, en la necrópolis de Artenara, un cementerio utilizado por los pueblos prehispánicos por lo menos durante 700 años, desde el siglo VIII hasta el XV. Allí se levanta un millar de túmulos funerarios. Uno de ellos tiene nombre propio en la tradición oral de la zona: El túmulo del Rey. No hay pruebas de que allí descanse rey alguno pero los lugareños siempre han sabido que esa no es una tumba más. Y no sólo por su lugar central en la necrópolis, sino porque dos días al año -el primer día de primavera y el primero del otoño- los primeros rayos del sol rebasan el risco de Amurga por una muesca natural con forma de V en la montaña y arrojan un espectacular haz de luz directamente sobre la tumba, que hace que sus piedras resplandezcan. El sentido de estos marcadores astronómicos es controlar el tiempo. Existe un puñado más de ejemplos de relojes solares en la isla: como el túmulo de la Guancha o Las Cuatro Puertas de Telde. El Cabildo de Gran Canaria los llama yacimientos con estrella y programa regularmente visitas guiadas a ellos en los momentos clave del año que permiten adivinar cuál era su utilidad para las sociedades que habitaron la isla antes de la conquista.

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