El Valle cumple por el San Pedro más triste

30/06/2020

Sin rama ni romeros, sin música ni fiesta, así fue ayer la celebración del barrio de El Valle de Agaete. Los vecinos aseguran que no recuerdan nada igual, pero aún así salieron a hacer su particular ofrenda al santo

El Valle de Agaete no recuerda una fiesta de San Pedro «tan triste» como la de ayer. El coronavirus lo ha cambiado todo y las celebraciones populares están vetadas. Manda la distancia social y los actos de masas son cosa del pasado, al menos por un tiempo. Pero aún así, y siendo festivo oficial en Agaete, el Valle ayer demostró su devoción hacia el santo patrón, y lo hizo con respeto a las normas y circunstancias actuales. La alcaldesa, María del Carmen Rosario, se vio obligada hace unos días a emitir un bando advirtiendo que la fiesta estaba cancelada y prohibido subir a Tamadaba para coger la rama. Se temía por la llamada a la desobediencia en redes sociales por parte de un particular. Sin embargo, los vecinos cumplieron. Nadie subió a Tamadaba a coger ramas, como es tradición. Eso quedará para el próximo año, cuando la cumbre se haya recuperado del último y devastador incendio forestal. Las laderas de la montaña se ven aún marrones, la huella del fuego está presente, pero también están naciendo nuevos y numerosos pinos. De eso y de otras muchas otras cosas se hablaba ayer en El Valle.

Pero el tema estrella fue la extraña celebración de San Pedro. «Es la primera vez que no se celebra», según María del Pino Sosa. Hasta en la guerra, «siempre hubo mujeres que sacaron al santo», pero nunca antes, «ni por enfermedad, había pasado esto». A las puertas de su casa, una de las primeras que se encuentran cada año los romeros que bajan de Tamadaba, Sosa rememoraba otras ediciones más alegres. Y es que «hoy es un día triste, porque era el día que nos reuníamos en familia. Por aquí, por mi casa con las puertas abiertas, pasaba todo el mundo para tomar un caldo, forasteros o no, amigos o no».

Mientras, su marido, Miguel Sánchez, y el vecino Severiano Juan Sosa, apuntaban que «si llega a ser un día normal, esto estaría lleno; es una fiesta muy familiar y tranquila» que nada tiene que ver con La Rama de Agaete. Y ahí sí que hay ya conversación. «La Rama rama es esta, y de gente de aquí, no queremos que venga más gente». La de Agaete «es una rama de gente de fuera, forasteros la gran mayoría». Tanto es así, según Sánchez y Sosa, que «la gente del Valle, y la de Agaete, la que baila de verdad es esta rama, la del Valle, la de San Pedro». Que algunos la llamen Rama chica no les importa, «siempre ha habido pique entre El Valle y Agaete; pero esta es la auténtica, de fervor y de gente de aquí», y no hay más que hablar.

Y la gente «de aquí» es la misma que ordenadamente asistió ayer a la celebración de la eucaristía en la ermita de San Pedro, apenas una veintena de personas dentro, lo que permitía la normativa actual. Fuera, muchos más, pero siempre manteniendo la distancia de seguridad para evitar nuevos contagios de la covid-19. Aunque, según los datos que maneja la vecina María del Pino Sosa, «aquí no ha habido ni un contagio; y en Agaete solo dos, y porque lo trajeron de fuera».

Así las cosas, aunque no hubiera grandes celebraciones, la actividad en El Valle de Agaete se circunscribía ayer al entorno de la ermita y al del kiosco cercano. Mientras unos mostraban su devoción y se realizaba una ofrenda de alimentos que será distribuida entre las familias más necesitadas del municipio, en la plaza, en la bancada y a pie de barra, los lugareños pasaban un rato distinto. El día anterior, cuando lo normal hubiera sido subir a Tamadaba, de forma espontáneo y por un momento se formó una pequeña fiesta al son de los tambores. Antes de la medianoche, cuentan, la pequeña manifestación popular había terminado. Hay ganas de fiesta pero, en palabas de la alcaldesa, ha primado la responsabilidad. «Es un festivo raro pero responsable».