El lenguaje del silbo pervive en la Isla

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22/05/2017

El lenguaje del silbo también se usaba en Gran Canaria, donde sobrevivió en los rincones más remotos, sobre todo entre pastores. En desuso desde mediados del siglo pasado, se mantuvo entre parejas de silbadores, últimos reductos de este patrimonio cultural. Lo demuestra una investigación del profesor de silbo David Díaz Reyes.

Igual que en La Gomera, el Hierro o Tenerife, en Gran Canaria también se ha usado el silbo para mantener conversaciones a larga distancia en los lugares más montañosos, una práctica que debió ser común hasta hace unos 100 años y que desde mediados del siglo pasado entró en vías de extinción. Una docena de ancianos, antiguos pastores en su mayoría, dan fe de la utilización de este lenguaje articulado en los montes de la Isla.

Una investigación etnográfica de David Díaz Reyes, fundador de la Asociación Yo Silbo, ha confirmado los indicios que ya apuntaban grabaciones, testimonios y artículos de los últimos 20 años. En un trabajo de campo hecho en dos campañas, entre 2012 y 2013 y entre 2016 y 2017, ha entrevistado a 16 silbadores que aprendieron a hablar y a entender este lenguaje articulado siendo niños y lo utilizaron en sus quehaceres agrarios.

El mapa de estos vestigios humanos de un patrimonio cultural casi desconocido en Gran Canaria se inclina hacia el Oeste desde las cumbres, pero también tiene manchas en el Sureste, las Medianías y las zonas altas del Sur.

La investigación, a la que aún le faltaría una tercera fase, concluye que desde los años 40 del siglo pasado el lenguaje silbado ha pervivido en la Isla gracias a algunas parejas de silbadores, que entró en un galopante abandono desde hace unos 60 años y que, como era de esperar, se aprecia el acento insular entre sus practicantes.

La mayoría de ellos aprendieron a sustituir el lenguaje hablado por el silbo de otros pastores, siendo todavía niños y cuidando ganado en los barrancos y los montes, donde esta herramienta les permitía hablar a largas distancias sin tener que caminar varios kilómetros por lugares escarpados para quedar, dar un aviso o comunicar, por ejemplo, que habían visto una cabra ajena en tal sitio. Un alto porcentaje son hombres, pero también hay varias mujeres que lo hablan y que lo entienden.

Esta práctica se concentraba en lugares poco poblados y diseminados de La Aldea, Tejeda, Santa Lucía de Tirajana, Mogán y San Bartolomé de Tirajana y en varios casos se limitaba a parejas de pastores que se silbiaban.

Díaz Reyes demuestra en este estudio que estos silbos no eran una simple señal convenida entre vecinos sino un auténtico lenguaje articulado en el que era posible cualquier contenido entre el emisor y el receptor. Varios protagonistas de su investigación han fallecido en los últimos años, pero mientras han ido introduciéndose en el silbo muchos niños y otros adultos.

Gracias a los cursos que organiza Yo Silbo desde hace 5 años, en Gran Canaria hay unas 200 personas que han aprendido a hablar silbando. Hay grupos de silbadores en la capital, Vecindario, La Milagrosa (San Lorenzo) y Firgas.

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