El desamparo que duele como el fuego

21/08/2019

Unas 85 personas se vieron el domingo confinados en Artenara. No temieron por sus vidas, aunque el miedo va por barrios. Sí mantienen el sentimiento de desamparo tanto por los organismos oficiales como por los vecinos que se fueron

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B. Hernández / Las Palmas de Gran Canaria

Se fue el panadero, el médico, los dueños de los restaurantes, cerró la gasolinera... Los 85 vecinos de Artenara que pasaron la noche del domingo en el centro cultural no temieron por sus vidas ni se vieron desabastecidos. Se sintieron «abandonados por los nuestros». Pero no sólo eso. Critican que «aquí no ha venido el presidente del Gobierno, ni del Cabildo, ni Cruz Roja, el 1-1-2 no nos hizo caso, los bomberos del Consorcio se fueron a hacer un relevo y no volvieron...».
Su sensación de desamparo es tal que hasta se fijan que «en las ruedas de prensa ni nombran a este municipio», como dice un vecino.

Ayer a las tres de la tarde, un sol de justicia caía sobre Artenara. Las calles desiertas contrastaban con los banderines de colores que pregonan una fiesta que no se sabe si se pospone o se suspende. El centro neurálgico del pueblo a esa hora es el bar de la gasolinera -lo único abierto junto a la panadería- y las conversaciones sólo tienen un tema: el fuego y sus circunstancias.

Y es que este municipio también se vio afectado dos veces en una semana por el fuego. El primer incendio fue controlado el martes 13. Cuatro días después, «volvió». Explican los vecinos que, como medida preventiva, y sobre todo por la densa humareda, el sábado se sugirió a la gente que se fuera y el domingo «empezaron a desalojar los barrios. El casco no fue evacuado».

Se quedaron unos 45 vecinos que se trasladaron al centro cultural a los que por la noche se sumaron otros 40 «que se habían quedado atrás, en sus casas». Entre ellos, una docena de niños, tres guardias, tres concejales o el técnico y el chófer del 1-1-2. Solo fue preciso atender a un operario de medio ambiente -por parte de una concejala que es enfermera-. Insisten en que había fuego alrededor y «la gente se ponía nerviosa», pero el pueblo «estaba seguro».

Allí permanecieron desde la tarde noche del domingo hasta el lunes a mediodía. Y con todos los establecimientos cerrados -y con comida en sus casas a las que no podían acceder-, echaron mano del bar de un conocido. «Es del cuñado del alcalde y le dijo donde estaba la llave». Encontraron ensaladilla, pan, galletas y agua. Además, en un almacén preparado para la fiesta tenían chocolatinas, refrescos y colchones. Una familia con dos niños tuvo el triste privilegio de inaugurar la pensión.

En este centro se sintieron seguros, hasta que vieron acercarse el fuego a la gasolinera. «Pensamos que íbamos a saltar por el aire», comentan dos vecinos en el bar. Un equipo Presa hizo un cortafuegos y llevaron las bombonas al campo de fútbol. También los dos helicópteros que tienen base en Artenara fueron trasladados al estadio donde se utilizaron los aspersores para regarlos. Y en medio de toda la tensión, alguien se dio cuenta de que en el colegio había bombonas que tenían que sacar.

Pero además de esas situaciones críticas, ahí se vieron alcalde, concejales y algunos voluntarios llevando agua y comida a las cabras y gallinas de los que se han ido. Un vecino, en el bar y como halago, indica que «el alcalde trabajó como un perro». Éste dice que «no lo pensé. Hice lo que tenía que hacer» porque «el Gobierno y el Cabildo nos dan su apoyo pero aquí no vino nadie». El único, el jefe de Seguridad del Cabildo, Federico Grillo, que «vino, dio unas instrucciones y se fue». En cambio, subraya que los ayuntamientos de Teror y San Mateo, así como una empresa, les han enviado distintos productos.