El Cabildo inventaría el entorno de la cueva

08/11/2019

La empresa Tibicena hará un diagnóstico del estado de conservación del yacimiento. El Servicio de Patrimonio Histórico agradece la colaboración de El Legado. Este enterramiento podría albergar restos óseos de más de 70 cuerpos

El Cabildo ha encargado a Tibicena, una empresa especializada en trabajos arqueológicos, la realización de un diagnóstico del estado actual de la cueva funeraria aborigen sacada a la luz por el grupo El Legado y también del estado de conservación de los numerosos restos óseos humanos que alberga. Además, le ha pedido un inventario actualizado del entorno en el que se halla. La pretensión del Servicio de Patrimonio Histórico de la institución insular, según informan fuentes técnicas del departamento, es que los resultados que arroje este análisis sirvan de punto de partida para luego planificar las intervenciones que precisa este yacimiento para evitar que los restos acaben desapareciendo. La mayor parte de los huesos están expuestos al sol y a la lluvia, por lo que, si no se actúa, en 20 o 30 años no habrá rastro de ellos.

Para la confección de ese diagnóstico, los arqueólogos de Tibicena tomaron muestras de huesos, pese a que se hallan en muy mal estado, y de vestigios de tejidos vegetales de posibles esteras con las que los prehispánicos envolvían sus cadáveres. Las remitirán a un laboratorio especializado de Miami, en EE UU, para ver si así lo pueden datar, es decir, situarlo en una determinada época. El Cabildo confía en que estas dataciones estén en dos o tres semanas y que el informe en sí se le entregue antes de fin de año.

Más de 70 individuos

Expertos consultados por este periódico sostienen que podría tratarse de la mayor cueva funeraria, es decir, con mayor número de restos de enterramientos, que se conserva en Gran Canaria. A priori, y tras la primera inspección realizada, se estima que allí haya vestigios de más de 70 individuos. Además, también hay restos vegetales y de madera.

La cavidad cuenta con 14 metros de largo y 6 de fondo y se halla enclavada en un lugar inaccesible. El Cabildo prefiere no concretar en qué punto de la isla se encuentra, pero sí apunta que está en una zona que ya fue objeto de un inventario arqueológico a finales de los años 80 del siglo XX. Para llegar hasta ella hay que escalar. O usar un dron, que fue el método al que recurrieron los integrantes de El Legado.

Desde el Cabildo, los técnicos ponen el acento en la importancia de la colaboración ciudadana. No en vano, advierte de que de la veintena de hallazgos arqueológicos casuales (unos en sitios ya conocidos y otros no) de este año, la mitad fueron el fruto de la colaboración de la gente.

De los primeros enterramientos

Entre los valores potenciales que encierra esta cueva funeraria es la de que podría ser un vestigio de los enterramientos de los primeros poblamientos aborígenes Gran Canaria, de entre los siglos III y IV después de Cristo. Aunque los restos están muy desordenados y alterados, su potencial arqueológico puede ser alto. De ahí, por ejemplo, las dataciones que se han mandado hacer. Además, los técnicos señalan que el Cabildo se ha decidido también a actuar al constatar el mal estado de conservación de todo ese material. De no intervenir, podría desaparecer sin ni siquiera haberlo estudiado.

Esteban Gopar ya estuvo en la cueva hace entre 25 y 30 años

Roque Ramírez leía ayer el periódico mientras desayunaba cuando se dio de bruces con una foto que le resultó familiar: la de la cueva llena de huesos desordenados en la que se observan tres cráneos dispuestos en línea. Hizo una llamada y confirmó lo que intuía, que su primo Esteban Gopar Cordero, entusiasta de la arqueología, y su hermano Daniel Ramírez, ya habían estado en esa cueva hace entre 25 y 30 años y que llegaron hasta ella escalando, jugándose el tipo. «Me encontré unos huesos abajo, al pie de la ladera, como que se habían caído, así que me decidí a escalar y descubrí esa cueva». Esteban recuerda la sorpresa que le produjo ver tantos huesos. Es más, apunta que fue precisamente él quien colocó los cráneos en esa disposición. También halló una tapa como de cesto que estaba hecha de junco. «Estaba nueva, como recién hecha». Se la llevó para entregarla al Museo Canario, al que alertó de su hallazgo. «Me ofrecí a guiarles, pero no me pusieron asunto». Gopar advierte de que cerca hay otra también llena de huesos.