Nieves Concepción Lorenzo: “Unamuno y Mistral tuvieron una relación epistolar profunda”

01/03/2018

nieves concepción

Cuando se habla de las cartas de escritoras hispanoamericanas a Miguel de Unamuno, se piensa en la más polémica: Delfina Molina, quien incluso vino a visitarle desde Argentina a su confinamiento en Fuerteventura en 1924. ¿Realmente fue una pasión epistolar o solo no correspondida por el intelectual vasco?

— Efectivamente Delfina es todo un mito en cuanto a relaciones epistolares con el escritor, pero, como no respondía al objetivo de esta edición de la cátedra cultural, no he entrado a valorarla aunque desde luego fue una apasionada epistolar de Unamuno durante unos 30 años, de hecho la primera carta que le envió data de 1907 y la última del final de la vida del intelectual. Comprendo que en esta isla se tenga interés por Molina, que fue poeta, profesora de Química e investigadora, y que es un personaje tocado por la investigadora María Nieves Pinillos. Sus cartas a Unamuno también han sido publicadas e incluso se dice que, cuando él muere, había algunas sin abrir. Pero no he incluido a Delfina entre las autoras hispanoamericanas porque nos interesaba de la lectura de las cartas a Unamuno mapear el tipo de mujeres incipientes que tenían sus primeros tanteos con la poesía y se inscribían dentro de la estética de vanguardia, que entonces despuntaba.

— Dentro del afán epistolar de Unamuno, que a largo de su vida llegó a redactar unas 3.000 cartas, la primera con quince años, ¿qué papel tiene la correspondencia con las seis autoras de Latinoamérica?

— Son seis escritoras hispanoamericanas: la uruguaya Juana de Ibarbourou quien el remitió la carta más temprana cronológicamente hablando; la cubana Mari Blanch Casabas; la venezolana Teresa de la Parra (Venezuela); la salvadoreña afincada en Argentina Alicia Lardé; Gabriela Mistral (Chile), quien tiene una relación muy, muy profunda con Unamuno desde el punto de vista afectivo y desde punto de vista de compromiso ideológico; y por último Concepción de Villaroel que es una periodista y poeta mexicana. Todas estas autoras se mueven dentro de la búsqueda de un nuevo lenguaje poético, si bien todavía con resabios modernistas , en el que ya se perfilaba la condición de mujer, en muchos casos con un erotismo más o menos atenuado. Unamuno les responde con una o dos cartas que se inscribían en un formato muy de la época que consistía en que, dado el carácter de faro intelectual y de magisterio que había supuesto el escritor y su interés por la literatura hispanoamericana, autores jóvenes que le escriben y le envían su obra, esperando una respuesta. En algunos casos, la respuesta de Unamuno se dio, como en el caso de Ibarbourou o de Parra, siempre en el formato de presentación de la autora y envío de un libro.

— ¿Palpa usted diferencias entre las misivas que Unamuno intercambió con estas autoras y las que envió a escritores hispanoamericanos como Darío o Rodó?

— No he estudiado las cartas a estos autores, pero sí es cierto que Unamuno, como personaje que está entre dos aguas, se muestra sincero con esa crítica que le solicitan las escritoras y también receptivo a los nuevos lenguajes y propuestas. Además, como buen maestro, da consejos a las autoras.

— ¿Con qué tono Miguel de Unamuno se dirige a estas mujeres intelectuales de principios del siglo XX en su contestación: benevolente, protector o comprensivo?

— Por un lado, el escritor vasco reivindica ese papel virginal femenino muy propio del contexto intelectual que sin duda bebe de un pensamiento tradicional y, por otro lado, es un personaje que por lo menos se presta a escuchar los nuevos lenguajes, lo que resulta muy importante para interpretarle como figura plural, polisémica y abierta. Yo definiría a Unamuno, con respecto a la mujer intelectuales de su época, como un personaje que hereda un pensamiento anterior y que recibe propuestas a las que se abre.