Ángel Martín, hombre hoy por hoy de rutinas inalterables, posa en un parque de Madrid. / JOTXO CONTUMAZ

La semana de...

Ángel Martín: «He encerrado en un sótano mis demonios»

Al presentador y monologuista, que repasa en su libro 'Por si las voces vuelven' el episodio psicótico que le tuvo hospitalizado, le han salvado el trabajo y el apoyo de su pareja. «Mi vida es ordenada como una hoja Excel»

Sergio García
SERGIO GARCÍA

No sé a ustedes, pero a mí me parece que preguntarle a uno de los artífices del éxito televisivo 'Sé lo que hicisteis' por su día a día tiene algo de justicia divina, aunque detrás de Ángel Martín (Barcelona, 1977) lo que se esconde sea una vida, asegura él, «ordenada al milímetro, como una hoja Excel». No siempre fue así. El presentador y monologuista acaba de publicar 'Por si las voces vuelven' (Planeta), donde habla a calzón quitado del brote psicótico que sufrió en 2017 y que acabó con él atado a una cama de hospital. Cuatro años después, y en medio de un escenario pandémico que ha visto dispararse las enfermedades mentales y las crisis de ansiedad, a este artesano del entretenimiento no se le puede negar el don de la oportunidad: el libro se encuentra entre los más vendidos, lo que no deja de sorprender al sumergirse en el proceloso -y estigmatizado- mundo de la locura. Eva, su pareja, y el trabajo son su «refugio», seguidos a cierta distancia de un coro, esta vez amable, de ladridos, los de 'Xena' y 'Rocco', dos pitbulls con los que se le cae la baba.

Lunes

4.30 horas. Tengo un espacio en redes sociales, 'Informativo matinal para ahorrar tiempo', que me obliga a madrugar todas las mañanas. Instagram, TikTok, LinkedIn, Facebook, Twitter... Me despierto con la aplicación Sleep Cycle del móvil, una ducha rápida, un café, un zumo y a lo mejor hasta una pieza de fruta. Ojo, esto no es el desayuno, sólo para espabilar.

6.50 horas. Preparo el informativo, reviso el guión, últimas noticias del día, me aseguro de que todo está bajo control... Al cabo de una hora me pongo a grabar. Resumo en dos minutos y veinte segundo las noticias que se va a encontrar todo el mundo en los medios de la mañana. Hay que subtitularlo, preparar los formatos para cada red social... Como Juan Palomo, todo desde el ordenador de casa.

7.45 horas. Es el turno de los perros, 'Xena' y 'Rocco', dos pitbulls. Es una raza con muy mala fama, pero totalmente inmerecida. No creo que haya animales más dulces. Vivo a las afueras de Madrid, en una zona con campo que prefiero que no identifiques. De vuelta en casa, cuatro horas después de haberme levantado, es el momento del auténtico desayuno. He descubierto la granola, una especie de cereales que se toman con leche y se pueden mezclar con fruta. A estas alturas ya habrán caído un par de cafés. Con éste van tres.

Martes

10.00 horas. Dedico la mayor parte del día a lo que es mi trabajo realmente: la escritura de guiones. El que estoy preparando ahora es un 'stand-up comedy', busca la interacción con el público. Esta mañana estaba centrado en relatar cómo era meter la mano en el bidé para sacar el tapón después de haberte lavado el culo con ese agua, lo que a todas luces me parece un atraso tremendo a la vista de los avances de la tecnología. Todavía no tiene título, lo empecé en noviembre y calculo que me llevará 3 ó 4 meses. Como me dedico a la comedia, la escaleta de mis días no es muy estándar que digamos.

11.30 horas. Empiezo a pergeñar lo que Eva y yo vamos a comer (ella estudia) y si faltan ingredientes en casa salgo a buscarlos. Nunca compro por internet, prefiero ver con mis propios ojos lo que me llevo. Hoy han tocado unas lentejas que dejé preparadas la víspera y una dorada acompañada de un pisto con huevo. He descubierto tres libros de cocina -Chicote, isasaweis y Arguiñano- que lo explican sencillo y bien y que a los que estamos empezando con esto de los fogones nos vienen de lujo.

17.00 horas. Vuelvo con el monólogo. Si me hubieras preguntado hace un año, te diría que acaparaba todo mi tiempo el libro 'Por si las voces vuelven', que decidí escribir después de sufrir un episodio psicótico del que mi chica fue consciente antes que yo mismo. No me di cuenta de que había vivido en esa especie de 'Matrix' hasta que desaparecieron las voces. Ahí vino la hostia grande, cuando me rompí totalmente. De ella me han salvado el trabajo, mi constancia, mi cabezonería y mi paciencia. Y, por supuesto, tener alguien a mi lado que supo entenderlo. El libro no ha sido un intento por conjurar los demonios, más bien la forma de echar un cable a los que estaban pasando por lo que yo pasé. Te das cuenta de que es un trabajo muy terapéutico, sí, pero eso es después de sumergirte a una profundidad como no imaginabas.

Miércoles

11.00 horas. Dos veces por semana practico defensa personal con Enrique, mi monitor, en casa. Es la única forma de hacer deporte sin tener la sensación de que estoy perdiendo el tiempo. Sí, ya lo sé. El deporte es ultrasano, todos deberíamos hacerlo, etc. Pero no puedo entrenar con máquinas porque me aburro soberanamente, y necesito que lo que hago tenga una intención. Esto me mantiene la mente despierta, aunque tengo muy claro que en caso de pelea lo prudente sea siempre salir corriendo.

13.45 horas. Me tumbo en el suelo con los perros o leo algún libro, el caso es desconectar hasta que vuelvo al trabajo. Ahora estoy con 'Manifiesto para los héroes de cada día', de Robin Sharma, y con 'Siete Martes, de El Chojin, el rapero.

18.00 horas. La rutina preside mi día a día. No sé si a raíz del brote psicótico me pillas en un momento en el que se impone el orden, todo está al milímetro. Mi vida es como una hoja Excel que poder romper cuando yo quiera y de la forma que yo quiera; sin depender de jefes, cadenas o productoras.

Jueves

11.30 horas. Un monólogo de los míos suele durar hora y media, pero prepararlos, darles forma, es un proceso que exige mucha disciplina y que puede durar hasta nueve meses cuando lo combino con otras cosas, que ahora no es el caso. Súmale el tiempo que lleva probarlo en salas, hacer ajustes... Es lo que pasó con '103 noches', que luego fue adaptado para la televisión y se tituló 'Nadie esta preparado para esto'.

17.00 horas. Se ha convertido en un ritual, siempre este día y a la misma hora quedo con José Lozano, mi compañero del podcast 'Misterios cotidianos' y juntos tomamos un café en un bar que tenemos ambos cerca de casa.

21.00 horas. Una vez por semana interpreto un monólogo en La Chocita del Loro, en la calle Brasil. Es un local de comedia que hay en Madrid donde la cerveza le ha ganado la batalla a las copas.

Viernes

19.30 horas. Toca otro ratillo con los perretes, lo justo para hacer hambre. De vuelta en casa, preparo algo ligero. Una ensalada César, a veces unas hamburguesas... nada de comprarlas hechas. Cuando terminamos de recoger, Eva y yo buscamos una película o una serie que nos enganche a los dos. La última es 'Sucesión' (HBO) o 'Peaky Blinders' (Netflix). Aguantamos un par de capítulos, eso si son cortos.

23.00 horas. No duermo más de cuatro horas y media, eso sí, aprovechadas, profundas. Antes de apagar la luz aprovecho casi siempre para escribir. Algo muy personal, de diario casi, donde resumo lo que ha dado de sí el día. El propósito es bajar un poco a la tierra, recuperar mi ritmo.