Álvaro Urquijo, el cantante de 'Los Secretos' / R.C

«Lo importante es la música que hicimos, no las sustancias que nos metimos»

«Con la muerte de mi hermano Enrique se inventaron una historia, hasta se habló de jeringuillas cuando él llevaba un año limpio», asegura el cantante de los cantantes de 'Los Secretos' Álvaro Urquijo

ARANTZA FURUNDARENA

Es probablemente el tío al que mejor le queda una gorra al revés, y lo sabe. «Tengo la frente muy Urquijo, muy grande, y eso evita que me haga cara de paleto», bromea. Con 59 años, y tras 40 de «mucho tute», Álvaro Urquijo homenajea a su hermano Enrique con 'Desde que no nos vemos', un disco en directo repleto de colaboraciones. A la vez publica 'Siempre hay un precio', que narra «la historia jamás contada de Los Secretos».

–¿Se acabaron los secretos, los ha desvelado todos?

–Imposible, en 40 años han pasado tantas cosas... Doy líneas generales de mis recuerdos. Estaba un poco harto de que siempre me hablaran de lo mismo en las entrevistas buscando titulares. He decidido dar todos los titulares juntitos. Hay mucha deformación del recuerdo.

–Se refiere al final de su hermano Enrique, presentado como el de un yonqui muerto por sobredosis en un portal.

–Sí. Porque no fue así. Se inventaron una historia. Decían que se le veía por Malasaña, hasta se habló de jeringuillas... Llevaba un año limpio. No murió por sobredosis de heroína, sino por una mezcla de fármacos. Tardé dos meses y medio en enterarme. Me enfadé tanto que estuve un año sin hablar con la prensa.

–¿Por qué ha esperado hasta ahora para aclararlo?

–Por respeto a mis padres, que ya no están. Y porque mi hija y mi sobrina eran pequeñas y no quería que en el colegio les dijeran que si tu padre esto o lo otro...

–¿Usted también fue adicto a alguna droga?

–De muy joven y por poco tiempo. Le vi enseguida los cuernos al toro y lo dejé. Con veinte años estaba desintoxicado de la tontería que pudiera haberme metido cuando quien no se metía parecía idiota.

–Siempre hay un precio. ¿El suyo ha sido demasiado alto?

–Me siento un privilegiado, querido por mis compañeros y por el público. He pagado un precio, sí, pero en cuarenta años ¿a quién no se le ha muerto algún familiar o amigo?

–En su caso, fueron dos muertes muy prematuras. ¿Se siente un superviviente?

–Más bien un afortunado por poder prolongar la leyenda de mi hermano, limpiar su nombre, poner el de Los Secretos donde debía estar y generar derechos para mi sobrina, a la que adoro como a una hija. Es más importante la música que hicimos que las sustancias que nos metimos. Enrique y yo siempre preferimos ser pobres y estar orgullosos de lo que hacíamos a estar pendientes de las listas de ventas.

–¿Le costó muchos años de terapia digerir todo eso?

–No me avergüenzo de nada. He ido a un psicólogo para superar inseguridades y digerir lo que me pasaba.

–¿Qué cambiaría si pudiera volver atrás?

–Me presentaría en el local de ensayo de Los Secretos de jóvenes y les diría: «Chicos, no firméis esto, y esto otro ni tocarlo...». A mí me diría: «Oye, Álvaro, tío, que esto es muy peligroso, estas sustancias no las pruebes. Y cuidado con los mánagers, que te intentarán tangar, porque tú eres una fuente de ingresos para mucha gente y tu talento va a servir para que estos te lo chupen».