Los tres miembros del jurado de MasterChef, Samantha Vallejo-Nágera, Pepe Rodríguez y Jordi Cruz. / r. c.

«Hablar de cocina pura y dura sería un coñazo»

Los jueces de 'MasterChef' desconocían el medio televisivo y ahora ya superan el ecuador de la décima edición

J. MORENO Madrid

No habían hecho apenas televisión ni conocían el medio, pero diez años después se han convertido en estrellas de la pequeña pantalla. Pasaron de los fogones de sus restaurantes a dominar, como auténticos maestros de ceremonias, el concurso, la tensión y la diversión de 'MasterChef', el gran éxito de La 1 de TVE que continúa este lunes por la noche (22:10 horas) con su décima temporada, en una nueva entrega en la que recibirán a la actriz Carmina Barrios. Además, tras la doble expulsión de Patricia y Teresa, el 'talent show' culinario celebrará la ansiada repesca, que dará la oportunidad de regresar al programa a uno de los exaspirantes expulsados en anteriores semanas.

Diez ediciones de 'MasterChef', cuyo inicio se remonta a 2013 cuando la cadena pública, en colaboración con Shine Iberia, apostó por un 'show' gastronómico en el horario de máxima audiencia que no contaba con precedentes de éxito en nuestro país. Por entonces, los medios los titulaban como el «'Operación Triunfo' de la cocina». Los tres miembros del jurado, con experiencia en la cocina pero con poco hábito delante de las cámaras, recibieron la llamada de la productora para ofrecerles «algo de televisión» que no entendían muy bien qué era.

«Me pusieron el formato original delante de un ordenador. Nunca había oído hablar de 'MasterChef' y me preguntaron si yo lo haría. Después hicimos un piloto, desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche, con un guion que no entendí nunca, y le dije a mi mujer que ojalá no me llamaran. Que estaba muy cómodo en mi cocina. Hasta ahora», asegura el cocinero manchego Pepe Rodríguez, que sí había probado el medio con un espacio en Canal Cocina, pero nunca había hecho un formato como un 'talent show'. «Lo hemos probado, nos ha gustado, lo hemos hecho lo mejor que creíamos y con todo el cariño posible durante diez años», añade, por su parte, su compañero en las labores de valoración, Jordi Cruz.

En 'MasterChef' tuvieron que abandonar por momentos la cocina para prepararse la comunicación delante de una cámara. De juzgar a presentar, especialmente tras la marcha de Eva González para conducir 'La Voz' en Antena 3. «Estamos haciendo un trabajo relacionado con nuestra vida profesional que no tiene nada que ver con la cocina. Somos presentadores, viajamos, juzgamos… Hacemos un poco de todo. Lo importante es que nos llevamos muy bien entre nosotros», dice la chef y empresaria Samantha Vallejo-Nágera.

Recuerdan los tres jueces cómo aparecieron en la primera edición del formato, con un 'look' muy diferente al actual y con más «mala leche». «No sabíamos lo que había que hacer. Nos decían que éramos los jueces y teníamos que valorar. Eso hace que te lo tomes en serio. Pero cuando te sueltas dices: 'Pero si yo nunca he sido serio, no sé porque tengo que serlo ahora'», relata Rodríguez. «Somos personas tan simpáticas y antipáticas como cualquier hijo de vecino. Al principio estaba más serio y decía las cosas más crudas. Nos hemos ido equilibrando», agrega, en cambio, el cocinero catalán.

Escepticismo

Sin embargo, en el propio sector de la cocina también hubo un poco de escepticismo con el formato porque no se sabía bien cómo se iba a desarrollar el programa. «En aquella época hubo algún que otro espacio en el que no se encajó bien la cocina con el entretenimiento. En la primera edición tiramos de amigos. Todos han entendido que la divulgación, hecha con respeto, siempre es buena. Tenemos una familia, no solo de aspirantes, sino también de chefs que vienen», explica Pepe Rodríguez.

Al jurado de 'MasterChef' no le obsesionan las críticas. No les puedes gustar a todos los espectadores, insisten. Y defienden que haya dosis de 'reality' en el formato: «Debe existir. ¿Cuántas personas te ven? ¿Dos millones? ¿Y cuántos te critican en Twitter? ¿10.000 tuiteros? Eso es proporcional a lo que pasa en mi pueblo», bromea el manchego, para quien «la magia del programa» está en «esa delgada línea roja» que separa «la parte seria de la cocina, el entretenimiento, la diversión, el surrealismo y volver a la parte de la gastronomía».

«Es la realidad de lo que pasa en la cocina. Es entretenido. Si hablásemos solo de cocina pura y dura sería un coñazo y nos vería menos gente. Y hay un equilibrio entre hacerlo entretenido, hacerlo real y hacer gastronomía», asegura Jordi Cruz que coincide, además, con que se publiquen sus sueldos en el formato, unos 130.000 euros por temporada, a 10.000 por capítulo. «Todo lo que sea transparencia es maravilloso», dice. «No me parece mal, en un medio público las cuentas deben ser claras. Luego podemos debatir si es mucho o poco», opina, por su parte, Pepe Rodríguez.