El líer libio Muamar Gadafi, jaleado por sus seguidores en 2011. / Reuters

Una clase de tres horas para ser un buen dictador

La serie documental 'Cómo se convirtieron en tiranos' muestra las claves de algunos de los mayores déspotas del siglo XX

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁN Madrid

Un Un veterano de la Primera Guerra Mundial amante de la pintura. Un soldado que sirvió en el Ejército británico cuando la mitad del continente africano estaba bajo el Gobierno de su majestad. Un miembro de la resistencia contra el invasor japonés. Personas diferentes, oriuondos de puntos distantes del planeta, pero que tienen dos cosas en común: les gustaba mucho mandar y que nadie les llevase la contraria. Eran Adolf Hitler, Idi Amin y Kim Il-sung, tres de los más terribles dictadores y genocidas que ha tenido el mundo durante el siglo XX. Son también la mitad de los protagonistas de una de las propuestas más curiosas de Netflix: 'Cómo se convirtieron en tiranos'. Una serie documental de seis capítulos desenfadada en el tono, pero no en el fondo.

La producción original del gigante del 'streaming' cuenta cómo seis de los peores tiranos del pasado siglo llegaron al poder, subyugaron a su población y se convirtieron en seres deleznables. La serie está basada en el libro 'El manual del dictador' (Siruela), publicado hace casi una década por Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith. Estos dos politólogos de la Universidad de Nueva York analizaron durante dos décadas los éxitos y los fracasos de autócratas, democracias e incluso principales ejecutivos de las empresas y llegaron a la conclusión de que los líderes están dispuestos a hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder. Un objetivo que consiguen a pesar de arruinar a sus países o mantener a su población en la pobreza y de incumplir la promesa de que con ellos, la vida de sus conciudadanos será mucho mejor.

Los dos autores del libro participan, junto a otros expertos, en esta serie desenfadada que repasa la vida de Adolf Hitler, Sadam Husein, Idi Amin, Joseph Stalin, Muamar Gadafi y la dinastía de los Kim en Corea del Norte. Sin embargo, en vez de contar las peripecias de estos personajes de forma biográfica en cada episodio, 'Cómo se convirtieron en tiranos' lo hace por materias. Cada sesión apenas dura media hora y aborda las mejores maneras de llegar al poder y de mantenerse en él. Por ejemplo, para el primer paso, una de las formas es estar en un segundo plano y medrar hasta conseguir el 'trono'.

Así lo hizo Stalin (logró el poder tras la muerte de Lenin), Gadafi o Amín. Estos dos dieron sendos golpes de Estado desde dentro del sistema contra Idris I (en Libia) y Milton Obote (Uganda). Sadam Husein invitó a Ahmed Hasán al Bakr a marcharse. Cuando lo hizo, ya tenía engrasada toda la maquinaria para poder destituirlo, tomar la jefatura de Estado e iniciar su época de terror.

Engañar al pueblo

El conductor y uno de los productores de esta serie documental es Peter Dinklage, actor que dio vida a Tyrion Lannister en 'Juego de tronos'. Su forma de contar las historias es similar a la narración de un manual para que el espectador se convierta en un perfecto tirano. «Poder absoluto. Sabes lo que quieres. Simplemente no sabes cómo conseguirlo», dice Dinklage en uno de los capítulos, cuyos creadores usaron la animación para ilustrar aquellas escenas que no tenían los archivos audiovisuales. Además sacrificaron un lenguaje más academicista para ganar en agilidad.

Una de las maneras más lógicas de perpetuarse en el poder, desde el punto de vista de un negacionista de la democracia, es la manipulación de la verdad. Un aspecto en el que Stalin sobresalió y le permitió purgar las filas comunistas y realizar auténticos genocidios. Otra manera de buscar de forma fácil el apoyo del pueblo es la búsqueda de enemigos locales (los judíos para Hiler o los indiougandeses para Amín) o extranjeros (EE UU para los norcoreanos, Huséin o Gadafi). El objetivo está claro: fomentar la imagen de salvador de la patria. Y si no funciona, estos narcisistas no dudarán en aplicar el miedo, el adoctrinamiento y la represión. En definitiva, seis lecciones, tres horas en total, para ser un perfecto mandamás despótico.