Raúl Ginés. / c7

¿Hay vida después de un reality?

La telerrealidad (también conocido por el anglicismo reality show), es un género de televisión que se encarga de documentar situaciones «sin guión», en las cuales aparecen personas que, normalmente, hasta entonces eran desconocidas.

@ROBERTO.MARTHIN @ISLAINFLUENCIA Las Palmas de Gran Canaria

En España todo empezó con Gran Hermano, por el año 2000, como un programa sociológico donde los concursantes vivían rodeados de cámaras.

La espontaneidad de aquellos inicios, en la actualidad, se ha convertido en un teatrillo, ya todos saben lo que conlleva estar delante de las cámaras y lo que viene después.

Uno de estos concursantes es Raúl Gines (canario y concursante de la 3º edición de la Isla de Las Tentaciones) que, en opinión de mucha gente, formó parte de la pareja más real de todas las ediciones hasta ahora, y con el que hemos mantenido esta conversación para poder conocer su opinión.

¿Qué recomendarías a los adolescentes que quieren entrar a concursar en un reality?

Es peligroso que los jóvenes tengan como único objetivo entrar en un reality porque en ese tipo de programas se manipula mucho a la gente y los usan y después los tiran como juguetes rotos. Hay que tener una formación para cuando eso se acabe puedas seguir con tu vida

Conclusiones positivas y negativas de participar en La Isla de las Tentaciones

Positivo: Te da la oportunidad de viajar, conocer gente y tener experiencias nuevas durante un periodo de tiempo. Así como vivir de tus redes sociales gracias al boom del programa.

Negativo: No merecen la pena las cosas positivas. Si pierdes a alguien que quieres, todo lo demás sobra. Considero que tienes que estar muy preparado psicológicamente, tanto para el programa, ya que es muy duro y hay mucha manipulación porque es un show televisivo, como para el post programa, porque todo el mundo te reconoce por la calle y pierdes tu intimidad en todos los sentidos.

¿Se puede vivir como un influencer?

Yo ahora mismo vivo como influencer desde el programa, es una profesión que no tenía pensado dedicarme y lo quiero enfocar a dar visibilidad a cosas que a mí me importan mucho. Ahora puedo aportar mi granito de arena gracias al alcance que tengo en las redes sociales.

Hemos querido conocer la opinión de Cathaysa González, canaria con más

de 50.000 seguidores, y con una gran capacidad para llegar a su

comunidad gracias a su empatía y la forma de relacionarse tan

espontanea…

Catha ¿qué opinas de los influencers que salen de los realites con más de 200k?

La palabra «INFLUENCER» no está del todo definida. Se le llama influencer a todo aquel que tiene seguidores en redes sociales y no creo que sea lo más apropiado y justo para creadores que llevamos años creando una comunidad digital con mucho trabajo de calidad.

Un personaje de reality (o «celebrity») se ha hecho popular por un trampolín televisivo que mueve masas. Por el contrario, un influencer o creador de contenido es un anónimo que ha ganado repercusión digital con seguidores con los que comparte algo. Esos seguidores, en su mayoría, se fían de su palabra porque llevan tiempo siguiendo su contenido por algún motivo.

En el caso de los concursantes de La Isla de las Tentaciones, que son los que últimamente están saliendo como «Nuevos Influencers», se han visto sorprendidos repentinamente por un gran número de seguidores, sin saber cómo gestionarlo. Por poner un ejemplo, las colaboraciones de «súper oferta XX» que casi todas las concursantes de LIDLT hacen tras el programa. Ni siquiera se han parado a mirar de dónde viene el producto, cuál es la calidad, cuál es su precio real o la historia de la marca para recomendarlo a su comunidad. Solo les importa la cantidad de dinero final que van a recibir en contraprestación.

No hay que meterlos a todos en el mismo saco, ya que hay perfiles, como Susana Bicho, que supieron usar el trampolín televisivo a su favor. Hoy en día, ella acumula 1 millón de seguidores creando contenido de moda, que es algo que ya hacía antes de pasar por el reality.

¿Cuál es el esfuerzo que conlleva a un influencer a conseguir 50k como tú sin haber estado en un reality?

Para mí, todo empezó como un pasatiempo cuando era azafata de vuelo en Dubai, pero en poco tiempo se convirtió en un reto personal y en casi una disciplina.

Ahora que lo pienso, pasados estos cuatro años han sido muchísimas las horas que he pasado editando vídeos y muchísimas las ocasiones en las que me he llevado la bronca de un familiar o amigo por tener todo el rato el móvil en la mano.

¿Afecta a tu familia o pareja el estar tan expuesto en redes?

A nadie de mi familia le importa que esté en redes sociales. Todos saben que soy muy espabilada en cuanto a generar ingresos y ahora flipan con lo que me he montado. Mis primas me ayudan con las fotos y mi abuela y mi madre son las protagonistas de más de un reels viral que tengo.

Con el tema de la pareja sí que me ha ocasionado más de un problema, porque es un trabajo 24/7 muy difícil de entender. Tu pareja, o está en tu equipo o es tu contrincante.

¿Se puede vivir siendo influencer en Canarias?

Yo diría que sí. Hay muchas maneras de generar dinero con las redes, no todo son colaboraciones con marcas. Además, depende de la plataforma en la que generes tu contenido. Hay creadores con 10k que generan el mismo dinero que creadores con 100k.

Pero, a lo que pago de marcas a creadores se refiere, estamos a años de igualar lo que se paga en grandes ciudades como Madrid o Barcelona.

¿Cómo convive ser influencer con otro trabajo como azafata de vuelo?

Así es como empezó todo y es la manera en la que estoy acostumbrada a trabajar. El trabajo de azafata de vuelo tiene muchas horas muertas en escalas, hoteles, etc. Unos los usan para ver series y yo los uso para crear, editar y gestionar.

Además, la aviación y los viajes son el tema principal de mis redes y este trabajo me facilita crear contenido orgánico para mis seguidores.

Gracias a Catha y Raúl, hemos conocido un poco más que hay detrás de los influencers que han sabido crear sus redes desde cero y los que han aprovechado la oportunidad de participar en un reality sin perder la cabeza.