Clase de confección en la escuela taller de Mbarara. / C7

Moda con impacto social: de las bodas en España a una escuela de costura en Uganda

La marca G·LEM, creada por la grancanaria Elena Moreno, da formación a jóvenes en Mbarara para que puedan tener una futura salida laboral

Loreto Gutiérrez
LORETO GUTIÉRREZ Madrid

La grancanaria Elena Moreno iba para diplomática, pero tras acabar los estudios de derecho y relaciones internacionales tuvo claro que lo suyo era la moda. Se fue entonces a Londres a aprender cómo se gestionan las marcas y de ahí a Barcelona, donde entró a trabajar en Pronovias.

Conoció a Álvaro, el que hoy es su marido, que le metió en el cuerpo el gusanillo de África, y decidieron dejar sus respectivos trabajos para enrolarse como cooperantes en una ONG que los llevó a Uganda. Ahí empezó a gestarse G·LEM. Y así lo cuenta ella, del tirón, cronológicamente y con detalle, casi sin pausas, para que no se le quede nada atrás.

Un periplo vital intenso del que nació una marca de moda hoy pujante -en julio obtuvo el premio de la Barcelona Fashion Forward por su apuesta por la sostenibilidad y la innovación- y una escuela de costura en la localidad de Mbarara en la que ya son 45 las chicas jóvenes que se forman para tener una futura salida laboral.

Elena Moreno, luciendo uno de sus modelos. / C7

El proyecto de cooperación con el que llegaron a Uganda tenía como fin montar una escuela y un centro de salud en una pequeña aldea que poco tenía que ver con Memorias de África. Mientras tanto, Elena descubrió un rico mercado textil, de estampados coloridos y tejidos muy diferentes a lo que se puede ver en Europa.

Ya por entonces le rondaba en la cabeza la idea de crear una firma de moda especializada en vestidos para invitadas a bodas. «Cuando iba a una boda nunca encontraba que ponerme y a mis amigas les pasaba igual», señala, «y pensé que confeccionar vestidos para fiestas y eventos podía ser una buena opción».

Conoció a una artesana, empezó a hacer pruebas, y cuando sus amigas de Barcelona fueron a visitarla a Uganda se entusiasmaron con los vestidos. Eso le animó a seguir adelante.

Realizó un estudio de mercado, hizo una mini producción de aires étnicos y al acabar el proyecto de cooperación, en diciembre de 2019, volvieron a España. Con los vestidos confeccionados y la marca creada, lanzó su página web el 5 de marzo de 2020. Nueve días antes de que se decretara el confinamiento por la pandemia.

«Emprendiendo y confinada, fue duro», cuenta ahora al recordarlo. Pero al principio no iba mal, porque el círculo cercano se amplió través de las redes sociales. «La gente pensaba que el encierro iba a durar un mes, y que la boda que tenía prevista en mayo se iba a celebrar», señala.

Pero no. Solo cuando se levantaron las restricciones G·LEM empezó a coger carrerilla y en 2022 llegó la explosión. «Todas las bodas y eventos que se cancelaron durante dos años se han celebrado ahora, este año ha sido de locos», indica.

Ya son 45 las chicas que se forman en el proyecto al que G·LEM destina el 10% de su facturación, / C7

Ese crecimiento ha permitido que la G·LEM Fashion School de MBarara, que nació como una forma de devolver parte de lo que el país le ofrece y a la que la firma destina el 10% de la facturación, también se amplíe.

Ya son dos los locales donde las chicas reciben formación gratuita y en la hoja de ruta está montar una residencia para que las alumnas puedan alojarse durante el año que duran los estudios.