Una modelo luce una de las creaciones de la firma española Dominnico. / EFE

Brochazos de arte sobre la pasarela

Pertegaz, Schlesser, Marcos Luengo y Dominnico muestran un complejo trabajo en el que prima el detalle en la Madrid Fashion Week

Gloria Salgado
GLORIA SALGADO Madrid

Tenía dos opciones. Acabar hasta el gorro de ver a su madre coser y dar clases de costura –lo que también hacía su abuela, su tía y anteriormente su bisabuela– o engancharse al oficio familiar. Optó por lo segundo pese a la oposición materna. La decisión le costó un tiempo sin hablarse con ella, que quería una vida menos sacrificada para su vástago. No había nada que hacer, lo llevaba en las venas. Ahora, admiradora de su hijo, puede presumir de que en tan solo dos meses –eso sí, sin dormir– Juan Carlos Mesa haya realizado una colección con su propia firma –Maison Mesa– y otra con Ángel Schlesser, con la que se estrenó como director creativo en la segunda jornada de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.

El que fuera mano derecha de Ágatha Ruiz de la Prada durante 15 años volvió a poner en órbita a una firma que no levantaba cabeza desde la marcha de Schlesser. Mesa dejó de lado las suposiciones para conocer de primera mano lo que querían las clientas de la marca. ¿Cómo? Hablando con ellas personalmente tras entrevistarse con todos y cada uno de los dependientes y responsables de tienda.

Para las fieles compradoras va dedicada la primera propuesta del madrileño para la histórica firma. La figura de Katharine Hepburn y su faceta menos explotada, la ambigüedad sexual, dieron forma a la propuesta. Ella, que en sus tiempos mozos se vestía de hombre sin perder por ello un ápice de feminidad, inspira siluetas andróginas, minimalistas, elegantes, contemporáneas y de acabados impecables en colores potentes, algunos incluso a brochazos.

El modista recupera así las piezas de noche porque, como recuerda Mesa, Ángel Schlesser fue el rey de las lentejuelas, que precisamente en esta colección aparecen en su versión curva haciendo el efecto del bordado de canutillo. Lo que más se agradece es que no haya versiones idénticas del archivo de Schlesser, como ocurrió durante los últimos años.

Ropa para una mujer muy real que poco tiene que ver con la vestida por Dominnico. La ciencia ficción es la excusa para rendir homenaje –no confundir con la apropiación cultural– a la comunidad afroamericana por la situación de violencia policial que padecen en EE UU. Nyota Upenda Uhura, la oficial de comunicaciones del la nave estelar Enterprise de 'Star Trek', es su musa envuelta en licra. Sin los volúmenes exagerados de la anterior colección, con la que debutó en el calendario de los consagrados, crea prendas retrofuturistas en verde menta, azul tormenta y malva. La peletería es rescatada de otras propuestas, al igual que los tafetanes, en una apuesta por la sostenibilidad y los estilismos más comerciales entre los que, por primera vez, hay estampación con su anagrama.

Arriba, carrusel de Pertegaz. Abajo, imágenes del desfile de Schlesser. / Agencias

Entre los complementos destacan las pamelas de rafia y los bolsos de cordero confeccionados por la empresa alicantina Suritt. Era fácil imaginar a su clienta e inspiración, Rosalía, en la mayoría de sus prendas.

No todo fue rompedor sobre la pasarela. El estilo clásico tuvo en Marcos Luengo y Pertegaz a dos grandes estandartes. El primero en subir a la pasarela fue el modista asturiano. Luengo basó su colección en las obras simétricas y coloristas del pintor Alexander Zuleta. Los estampados transmiten la riqueza de la estética y cultura ancestral guatemalteca sobre piezas trabajadas en materias primas nobles como la seda, el satén y la gasa para los 'looks' de líneas fluidas. La rigidez y flexibilidad de la organza permite elaborar los adornos de hojas y flores que salpican algunas de las prendas. Los cinturones, fajines y grandes pendientes de latón completan la puesta en escena, en la que imperan los tonos piedra, morados, corales, turquesa y azul petróleo.

No podía faltar Jorge Vázquez, aunque esta vez se centró en la dirección creativa de Pertegaz. En manos del gallego cayó, al principio del confinamiento, el reportaje que 'Vogue América' realizó en 1968 a don Manuel en la Alhambra. Y de ahí vino toda la inspiración. Lunares, volantes, siluetas de rejoneador y sombreros cordobeses huyen de los tópicos.

Claveles bordados sobre príncipe de Gales, mantones convertidos en vestidos con los flecos hechos a mano para una visión mucho más comercial. Eso sí, esta vez los excepcionales trajes del diseñador no pudieron estar acompañados de una orquesta durante el evento, algo que deja al borde de las lágrimas a Vázquez, amante de los buenos espectáculos aunque consciente a la vez de que la rueda debe seguir girando, aunque sea de un modo diferente.