Rossy de Palma, en el desfile de Andrés Sardá. / Efe

La moda española cambia de rumbo

La pasarela Mercedes-Benz Fashion week Madrid más atípica mira a un futuro más sostenible

Gloria Salgado
GLORIA SALGADO Madrid

El bullicio ensordecedor ha dado paso a un suave murmullo. Los estudiantes de diseño ya no se agolpan ante las puertas de la pasarela desde primera hora de la mañana para ocupar los pocos espacios libres de las gradas, que ahora lucen casi desiertas. En todas ellas están extendidos ingeniosos carteles comparando el canon clásico de belleza (igual a 8 cabezas) con el de la distancia de seguridad de 1,5 metros que deben mantener los invitados a los desfiles de una de las primeras pasarelas internacionales híbridas, alternando los presenciales con los digitales. El panorama para los veteranos en estas lides es triste, pero necesario para poder llevarlo a cabo.

Las presentaciones de la primera jornada de la 72 edición de Mercedes-Benz Fashion week Madrid han tenido algo en común: todas miran a un futuro más sostenible. La primera firma en desfilar ha sido Andrés Sardá. La casa catalana sabe como reponerse de los baches que se han ido presentando en su camino a lo largo de la historia. Convirtieron el negocio de las mantillas en el de ropa íntima cuando las iglesias dejaron de ser lo que eran. Ahora toca otra vuelta de tuerca por una pandemia que paralizó su producción. Cambiar para sobrevivir. Ese cambio lo han dado en una comunión con la naturaleza representado un mundo submarino que tuvo a Rossy de Palma de maestra de ceremonias.

La actriz abrió la puerta a un mundo de sensuales medusas, exóticos peces, misteriosas sirenas y exuberantes corales. Piezas espectaculares pese a sus líneas puras de diseño sobrio. El fondo marino tiñe la lencería y la colección de baño, en la que también tienen espacio las rayas clásicas. Aros ocultos, dobles tejidos y copas de quita y pon son algunas de las estrategias de diseño en prendas versátiles que celebran ante todo la comodidad. Piezas de una gran simplicidad que se adaptan y ensalzan el cuerpo gracias al poder transformador de los pequeños detalles.

Arri& Lomba. Abajo, a la izquierda, una propuesta de Hannibal Laguna, a la derecha, de Malne. / EP / Efe

Devota & Lomba ha apostado por una mirada al origen en una búsqueda de la esencia como punto de partida a un horizonte en libertad. Modesto Lomba se mantiene fiel al minimalismo arquitectónico pero con un toque más femenino que en otras ocasiones con patrones casi líquidos. Las siluetas se deslizan en algodones puros en las tonalidades de la tierra. Un concepto sencillo que no comparte Malne. La firma ha utilizado la alta costura como herramienta para hacer más sostenible el planeta. Piezas artesanales trabajadas como antaño con miriñaques, bustiers interiores y sus clásicas hombreras pagoda para vestir a una mujer fabulosa y nada discreta, con escotes interminables y guiños al tejido vaquero más lujoso.

Hannibal Laguna se ha acordado de las madres que, por culpa de la pandemia, se han quedado con las ganas de celebrar las bodas de sus hijos. Las que llaman a su taller para poner mangas a un vestido que, con suerte, podrán enfundarse en otoño. Con ese motivo, es la primera vez que sube a la pasarela su línea 'atelier', creada hace un lustro con su hermana Isabel al frente. A medio camino entre el 'prêt-à-porter' y la costura, la que la clienta puede transformar algunos destalles de la pieza su gusto. «Suelen pedir subir los escotes y acortar las colas», especifica el modista, que fue la primera vez que no tuvo a su madre sentada en primera fila para evitar riesgos. Los fastuosos enlaces de Laguna dieron paso a la fiesta africana de Agatha Ruiz de la Prada. La diseñadora, una apasionada del continente vecino, ha plasmado su viaje del pasado año a Guinea en una divertida propuesta en la que destacan los vestidos pareo y en la que sus iconos toman forma en vidrio reciclado.