Michelle Calvó, la alegría por bandera

06/04/2019

El trabajo le deja poco tiempo pero siempre se escapa a Tenerife para disfrutar de la familia y del mar. Protagonista en la serie de Telecinco Secretos de Estado, ahora está rodando

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Su personaje en Secretos de Estado, Paula Campillo, es una mujer fría, ambiciosa y manipuladora, cegada por la intangible erótica del poder. Pero cuando se apagan los focos y se despoja de la piel de jefa de prensa de la Moncloa, aparece la Michelle Calvó real, risueña, parlanchina y alegre, decidida a disfrutar de los buenos momentos y aprender de los menos buenos, positiva -«sin llegar a vivir en los mundos de Yupi», puntualiza-, que valora y cuida por encima de todo los afectos que le ha regalado la vida. Si acaso lo único que comparten personaje y actriz es que ambas son mujeres fuertes que se marcan metas, una tras otra, y no paran hasta alcanzarlas.

Michelle Calvó nació en Madrid por avatares del destino, pero a los dos años su familia se trasladó a vivir a Tenerife, que se convirtió desde entonces en su lugar en el mundo. «Soy canaria, me siento canaria y estoy muy orgullosa de serlo, no pierdo oportunidad de dar a conocer las maravillas que tenemos en las islas», señala. Ahora que anda enfrascada en varios proyectos y que apenas para entre rodaje y rodaje, dispone de menos tiempo para volver a la tierra, y aunque se declara feliz haciendo lo que hace reconoce que echa de menos a su familia -lo más importante para ella, en la que incluye a sus amigas del alma-, la playa y el carácter afable de la gente de Canarias.

Con 19 años se fue a vivir a Madrid -ahora tiene 27- y tras trabajar algún tiempo de camarera para pagarse los estudios no tardó demasiado en poder vivir de lo que le apasiona, la interpretación. Se hizo popular por su papel protagonista en la cuarta temporada de Amar es para siempre, donde daba vida a Sofía Contreras. Antes ya había hecho la película El club de los incomprendidos y apareció en la serie Aída, además de participar en varios videoclips musicales de grupos como Maldita Nerea o Pignoise.

De pronto todo comenzó a ir muy rápido, recogió lo sembrado, le llovieron los papeles, se sucedieron los proyectos y hoy puede decirse que Michelle atraviesa su mejor racha profesional hasta el momento. El año 2019 ha tenido para ella un comienzo intenso, con el estreno con apenas un mes de diferencia de Secretos de Estado y Los nuestros 2, donde interpreta a Elena, una joven que se convierte al islam siguiendo los pasos de su hermana, y ahora está en pleno rodaje de Desaparecidos, aún sin fecha prevista de estreno.

Ya tiene club de fans y la reconocen por la calle, pero asegura que su vida no ha cambiado. «No interpreto un personaje 24 horas al día, la fama no me quita el sueño porque mi prioridad es ser feliz, no dejo de hacer nada por ser más o menos conocida», asegura, «me siguen gustando las mismas cosas, compartir con la gente que quiero, hacer deporte, soy la misma Michelle de siempre, la que disfruta de un paseo al sol o de un rato de risas con amigos. Eso es lo que me da vida», añade.

En las redes sociales se define como feminista, animalista, madre perruna -de Titán, un bulldog francés, y Timón, un cocker spaniel- y vegana, además de actriz. Su amor por la interpretación le viene de familia, porque de pequeña pasaba horas viendo los ensayos del grupo de teatro en el que participaba su madre y ya entonces supo que aquello era lo que quería hacer.

Pero también agradece a su madre que la llevara de niña a practicar vóley-playa, deporte que empezó a los once años por afición y en el que llegó a formar parte del equipo nacional. Sigue practicándolo siempre que puede, aunque ya ha dejado de competir por falta de tiempo. «Para mí el deporte es una necesidad», asegura, «me gusta nadar, el senderismo, el tenis, y si estoy junto al mar cojo la tabla de surf, no me imagino la vida sin deporte», añade.

El intenso trabajo y sus múltiples actividades no le impiden sin embargo seguir con sus estudios de educación infantil. «Si te organizas bien hay tiempo para todo», asegura entre risas antes de volver al plató donde la reclaman.