Un imagen de Cádiz a punto de anochecer con el yate Azzam anclado en su puerto. / R. C.

Cádiz acoge el megayate Azzam

Del tamaño de dos campos de fútbol y con sistema antimisiles, es propiedad del emir de Abu Dabi, la familia anfitriona desde agosto del rey Juan Carlos

Alfonso Torices
ALFONSO TORICES Madrid

Deslumbrante y majestuoso, hace honor a su nombre, Azzam, que en árabe significa decidido. El yate privado más grande del mundo, de c inco pisos y con el tamaño de dos campos de fútbol, atraca desde este verano en el puerto de Cádiz. Su presencia en la dársena pegada a la ciudad, la misma que antes de la pandemia acogía los cruceros turísticos, lo ha convertido en polo permanente de atracción para vecinos y visitantes, que han inmortalizado su estilizada silueta en miles de selfis, y en una gran promoción para Cádiz, con su imagen en televisiones de todo el mundo.

El Azzam es propiedad del presidente de Emiratos Árabes Unidos y emir de Abu Dabi, Jalifa bin Zayed Al Nahayan. Desde el pasado 3 de agosto es el anfitrión de don Juan Carlos, que supuestamente se aloja en su lujosísimo 'resort' Emirate Palace. El emir encargó a comienzos de esta década a los astilleros alemanes Lürssen que le construyesen el rey de los mares.

El resultado es una embarcación única. Un superyate de 180 metros de eslora que, con su botadura en 2013, terminó con el reinado del Elipse del millonario ruso y propietario del Chelsea, Román Abramóvich, también descomunal, pero que mide doce metros menos.

Los casi 500 millones de euros que pagó el jeque le proporcionaron una nave de seis cubiertas, con helipuerto, sistema antimisiles, discoteca, cine, spa, con 'suites' capaces de acoger a más de 30 invitados, y con un gran salón, diáfano, de 500 metros cuadrados. El megayate, equipado con ocho motores que rinden hasta 90.000 caballos, es capaz de mantener una muy alta velocidad de crucero (32 nudos, unos 60 km/h).

Su anclaje en las dársenas gaditanas es una escala técnica, que, sin embargo, está previsto que pueda alargarse hasta finales de año. No hay constancia de que el emir de Abu Dabi haya estado en suelo gaditano desde que el Azzam fondease el 1 de agosto ni de que tenga intención alguna de venir. Se cree que en su interior siguen parte de los 60 miembros de la tripulación, que realizan tareas de mantenimiento en un puerto elegido por su enclave estratégico –entre el Atlántico y el Mediterráneo– y por su capacidad para acoger este tipo de naves.

El megayate pagá unos 1.300 euros diarios solo por el amarre, y si se queda hasta navidades la factura total de gastos puede rondar el medio millón. Algo que no quitará el sueño a su propietario, que posee una fortuna de más de 15.000 millones de euros.