Un grupo de inmigrantes asiste ayer a un concierto improvisado de unos músicos franceses. / jlr

«La situación en Las Raíces es bastante desesperante»

Unos 1.500 inmigrantes permanecen ubicados en el acuartelamiento de Los Rodeos, donde un amplio grupo de jóvenes continúa su huelga fuera

José Luis Reina
JOSÉ LUIS REINA La Laguna

Justo hace una semana de la masiva manifestación de los inmigrantes que tuvo lugar en La Laguna. Unas 1.400 personas salieron desde Las Raíces y se dirigieron a la plaza del Adelantado, frente al Ayuntamiento de la ciudad. En aquella protesta la petición era clara: libertad. Fue la palabra más utilizada por los jóvenes, que sorprendieron a propios y extraños por la espectacularidad de la marcha, tanto por el amplio número de participantes como por la puesta en escena.

Hoy, una semana después, la situación en el viejo acuartelamiento de Las Raíces sigue igual. Igual de mal. Unas 60 personas permanecen en el exterior del complejo militar, en un campamento alternativo que escenifica la protesta que están llevando a cabo el grupo de jóvenes. Allí el agresivo frío lagunero no tiene piedad. Las noches son especialmente duras, con una humedad al 100%, lluvias regulares y unas temperaturas bajas. A pesar de ello, estos 60 jóvenes prefieren quedarse ahí. Lo consideran más confortable que el interior, donde se quejan de no tener agua caliente, señal de internet para hablar con sus familias ni comida suficiente.

Precisamente las condiciones meteorológicas y la falta de comida son las principales causas de los momentos de tensión en el campamento. Escenas que se han repetido con una triste regularidad. Peleas masivas, agresiones a los encargados de la seguridad, enfrentamientos con la policía, descargas y numerosas detenciones en el interior.

En la entrada a este campamento de protesta, sobre un árbol destaca una pregunta: ¿Sabes qué pasa aquí? Es una pregunta que le formulo a un grupo de diez senegaleses que asisten sentados a un improvisado concierto de dos músicos franceses.

«Queremos irnos de aquí y no nos dejan. Nadie nos explica el motivo por el que nos tienen atrapados en Canarias», responde uno de ellos. «Estamos aquí fuera para ver si así conseguimos que nos dejen seguir nuestro camino». Ese camino, para la gran mayoría, son diferentes países europeos. Les prometieron que si se subían a la patera rumbo a Canarias, seguirían sin problema hacia su destino final. Pero la realidad es otra. Ahora tienen que dormir en unas casetas construidas por ellos mismos, con materiales que se han ido encontrando por la calle. Han puesto bolsas de plástico en el exterior para intentar que no se filtre el agua en los días de lluvia, pero no suele ser efectivo.

«Estamos pasando hambre. Mucha gente viene a ayudarnos, nos traen ropa, mantas y comida. Y es gracias a esa gente que no nos hemos muerto de hambre». Se refieren a la cantidad de vecinos que se acercan a ayudar. Al principio era un goteo de personas, pero ahora es frecuente ver a gente de muchas partes de la isla que llenan sus coches de ropa y mantas para tratar de evitar el sufrimiento de los jóvenes. Incluso una vecina de la zona, en lo alto de Los Rodeos, acude a diario con un caldero lleno de comida, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados del día.

Precisamente el reparto de comida en el exterior es uno de los momentos que más tensión genera. El hambre es evidente, como reconocen los propios inmigrantes y voluntarios de diferentes plataformas que acuden a diario desde que abrió el centro. Y cuando llega el momento de repartir, al no haber una organización, muchas veces predomina la ley del más fuerte. Y es ahí donde se evidencia el drama. La solidaridad que existe entre ellos desaparece cuando está en juego un plato de comida caliente. En el interior del centro, «la comida es de mala calidad y escasa», se quejan.

Mientras los músicos continúan con el concierto, muchos jóvenes permanecen en el interior de las casetas, y se asoman de vez en cuando a ver las novedades que hay fuera. Otros ponen rumbo a una caminata de una hora para llegar al centro de La Laguna y ver así la rutina de la ciudad. Y otros, en primera fila, bailan sonrientes.

Roberto Mesa, voluntario. / jlr

«Estamos muy preocupados porque cada vez es peor»

Roberto Mesa es un joven voluntario de la plataforma Asamblea de Apoyo a Migrantes de Tenerife. Acude a diario al campamento de Las Raíces, donde los inmigrantes lo idolatran. «La situación es bastante desesperante, estamos muy preocupados porque cada vez es peor», se lamenta Mesa, que apunta que «son muchas las personas que están dentro y no quieren seguir ahí. Se quejan de la escasez de comida y del frío». Además, según apunta el voluntario, «hay dos enfermeras para 1.500 personas, no dan abasto. No se están realizando las curas ni hay medicinas». En el exterior, «hay que organizar el reparto de comida, para evitar momentos de tensión».