Rayco Rubén González, con camisa azul, asistido por su abogado y sentado enfrente del fiscal Javier Ródenas. / C7

CASO MASCARILLAS

Rayco González: «La gente cogió dinero pero nadie ayudó a que se solucionara el problema»

El dueño de RR7 insiste en que siempre quiso cumplir el contrato y si no lo hizo fue por el proveedor e intermediarios

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

Rayco Rubén González, administrador único de RR7 United SL, investigado por estafa agravada y blanqueo de capitales en el marco de caso Mascarillas, insistió al fiscal Javier Ródenas que siempre su esfuerzo fue dirigido a cumplir el contrato y traer las 3M y si no fue así, fue por los incumplimientos que sufrió del proveedor y los intermediarios. Incluso, mostró su malestar con ellos: «La gente cogió dinero pero nadie ayudó a que se solucionara el problema», manifestó.

¿Cómo se gestó la posibilidad de suministrar mascarillas al SCS?

El empresario contó al fiscal Anticorrupción que en la época del confinamiento empezó a conocer este negocio del material sanitario: «Fuimos conociendo vía telefónica a suministradores y colaboradores para conseguir cualquier producto que necesitaran empresas o gobiernos y seguimos abriendo opciones». A raíz de esa primera incursión en este sector, le surgió la posibilidad de contactar con el Servicio Canario de Salud y fue por medio de un intermediario. «A mí me lo pide Samuel Machín, que es un colaborador que sabía que yo estaba metido en el mundo ese... La oferta la presentó, no recuerdo la fecha, porque Machín me pide si puedo conseguir ese producto ya que él tiene acceso directo a Sanidad. Le dije que sí podría conseguirlo y fue cuando ya empezamos a moverlo para intentar conseguir ese producto», declaró.

¿Cuáles eran los riesgos de que la operación no saliera adelante?

«Los riesgos eran mínimos porque, cuando se hacen esto pagos, se asegura que la mercancía se va a embarcar y no hay ningún problema a la hora de servirla ni de que sean recogidas. [...] Cuando se plantea esta operación me preguntan si yo puedo comprarla y luego cobrarlo cuando llegara aquí. Evidentemente les dije que no, que era mucho dinero, no tenía capacidad de afrontar ese gasto pero se me iba de las manos, pero sí la de conseguir ese producto», contó González.

Las comisiones

¿Les dijo a los intermediarios cuánto iban a ganar?, le preguntó Ródenas. «No se dice a nadie porque había más partes. Aunque yo sea el responsable por poner mi empresa, no se repartía el dinero según mis criterios. Estaba Lucas Cruz que era el responsable de conseguir al distribuidor, luego estaba Ihsan que era el distribuidor, estaba Samuel Machín y otra parte que era Osvaldo Lastras... Éramos cinco o seis personas. Se dividía en partes iguales a excepción de la de Samuel. Él y otro contacto era 100.000 euros cada uno y luego por Ihsan, Lucas y yo nos repartíamos la otra parte. Samuel Machín 100.000 euros, otros Osvaldo Lastras que trabajaban juntos y lo demás del total de 1,35 millones se repartía por igual entre Ihsan, Lucas y yo».

Llegaron unas mascarillas falsas

Tras muchos meses de espera, llegaron a la isla unas mascarillas que resultaron ser falsas. «Primero tenía que llegar un millón de mascarillas 3M y llegaron 910.000 y otras de otro tipo. El primer sorprendido fui yo y cuando me llamó la abogada de 3M en España me dijo qué hacía yo trayendo estas mascarillas al país... Le dije que era porque tenía una carta del SCS que me pedía ese producto y me respondió que esas no podían entrar en Europa. Le conté que las había comprado a Ihsan, que Lucas me había pintado que era un jeque que se dedicaba al mundo de petróleo y que trabajaba con un abogado que estaba relacionado con la familia real británica. Le di sus contactos y sé que ellos hablaron», expuso el investigado.

Almacenamiento y destrucción

Las mascarillas «las analizaron y concluyeron que eran falsas. Tuve que pagar el almacenamiento y destrucción de la mercancía», se quejó González. ¿Cómo reaccionó cuando vio que le trajeron mascarillas falsas y encima le reclamaban la devolución del dinero?, insistió el fiscal: «Pues mal. Hablé con mi asesor, el abogado, Samuel y Lucas. De hecho, cuando pasa el tema de la destrucción de las 3M decido no saber nada de Samuel, la gente cogió dinero pero nadie ayudó a que se solucionara este problema».

La renegociación del contrato

El contrato con RR7 estaba ya resuelto y, a pesar de ello, el SCS realizó una modificación del mismo para traer unas mascarillas Honeywell. ¿Cómo se gestó ese nuevo acuerdo?, le cuestionaron a Rayco González: «Se hizo porque se le reclamó a Ihsan que las mascarillas eran falsas y nos estaban obligando a destruirlas. Él lo negó y decidió, presionado por Lucas, hacer el cambio por las otras mascarillas. Fue Samuel el que se lo propuso a Lucas por si el SCS aceptaba».

Sobre las 3M falsas:«Si el SCS te manda a buscar un producto...»

Según le cuestionó el fiscal Javier Ródenas a Rayco Rubén González, lo «básico» para hacer una operación mercantil, era «saber si el producto se podía traer a España», en referencia a las 3M que tuvieron que ser destruidas. «Yo, personalmente, cuando iniciamos este negocio no sabía que no podíamos servirla. Yo me comprometí a servir las mascarillas, nada más», justificó el investigado.

Pero, «¿no se informó de ello antes de negociar el acuerdo», le insistió el fiscal. «Yo no lo sabía, no me informé y tampoco me lo dijo el proveedor. Si el SCS que es una entidad pública, te manda a buscar un producto, descarto que no se pueda traer. Si una carta oficial me manda a buscar un tipo de mascarillas, que intentamos comercializar en otras partes y sí se podía, pues no me paré a pensar de que no podían entrar en España», dijo.

González declaró que no le había sorprendido que el SCS cambiase de objeto un contrato que estaba resuelto. «Era servir unas mascarillas que no llegaron por otras. Era una pérdida asumible del beneficio. Por eso no me sorprendió que me hubiesen hecho el cambio», detalló.

El responsable de RR7 United hizo ver que no era consciente de las consecuencias que le iba a generar el incumplimiento del contrato:«Hasta el día que yo presento la denuncia contra Lucas e Ihsan, pensaba que se iba a servir ese producto a pesar de que había demoras», contó.

«El distribuidor luego habló con Ana Pérez y le dijo que hacía falta un dinero para pagar un impuesto que eran unos 400 y pico mil euros y yo le dije a Lucas que eso era inviable. Había que mandar las mascarillas. [...] Cuando me entero de la noticia decidí denunciar para intentar cumplir al SCS por mis propios medios porque yo, ingenuo, siempre pensé que todo se iba a resolver. Mi intención siempre fue cumplir y ayudar, aunque confiando en las personas no adecuadas. Soy responsable de esa sociedad y nunca jamás he intentado llevarme el dinero, solo ayudar y me veo en esta situación por haber confiado en ciertas personas».