Quevedo (NC) dejará el acta de diputado tras el próximo pleno. / efe

Pedro Quevedo se despide del Congreso

Tras once años como diputado, el representante de NC cede su escaño a CC para cumplir el compromiso asumido en la candidatura conjunta

Loreto Gutiérrez
LORETO GUTIÉRREZ Madrid

El próximo pleno pondrá fin al actual periodo de sesiones y también a los once años de Pedro Quevedo (NC) en el Congreso de los diputados. Cuando en septiembre se reanude la actividad parlamentaria ordinaria será ya María Fernández (CC), número dos de la lista conjunta con la que ambos partidos se presentaron en 2019, quien ocupe el escaño obtenido en las urnas.

Superadas las discrepancias sobre la fecha en la que debía producirse la cesión -el acuerdo establece treinta meses para NC desde el inicio de la legislatura y dieciocho meses para CC hasta el final de la misma-, será el 30 de junio al término del pleno cuando Quevedo renuncie a su acta de diputado y diga adiós a una larga trayectoria en la Cámara Baja para dar paso a Fernández.

Durante tres legislaturas ha visto de todo, ha tenido momento de gran protagonismo -cuando se convirtió en el decisivo diputado 176- y otros en los que hubiera preferido no estar bajo el foco mediático -como presidente de la comisión de investigación de la financiación irregular del PP-, pero el balance que hace, tanto personal como político, es positivo y se va sin demasiada pena.

«Es inevitable pensar que hay cosas en las que me gustaría estar presente, como la negociación de los próximos presupuestos, pero tenemos un acuerdo y siempre he mantenido que se iba a cumplir, a pesar de que algunos hayan intentado ensuciarlo», señala.

Al hacer el repaso de estos años no tiene dudas en señalar su segunda legislatura, la de 2016-2019, como la de la irrupción de Canarias en la política nacional, especialmente con los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2017, a los que logró incorporar el descuento aéreo del 75% a residentes y partidas decisivas para las islas a cambio de dar con su voto la mayoría a Rajoy para salvar las cuentas estatales.

«Resolvimos cosas que eran impensables apenas un año antes, como la dotación del Plan Integral de Empleo de Canarias (PIEC) que Montoro -ministro de Hacienda del PP- había recortado primero de 42 millones a 21 y luego de 21 a 0, y tuvo que volver a poner los 42 millones para contar con el voto de NC», recuerda.

Su apoyo a aquellos presupuestos del PP lo convirtieron en diana de ataques por parte de quienes le reprochaban que una formación de izquierdas salvara a un Gobierno de derechas, especialmente porque en esa ocasión NC había ido a las elecciones en alianza con el PSOE.

«Algunos no lo entendieron, pero bastaba con leerse los papeles», asegura, «porque nuestro compromiso era apoyar a Pedro Sánchez para ser presidente del Gobierno, pero esa opción no prosperó, y lo que hicimos entonces fue aprovechar el papel determinante de NC para aprobar unos presupuestos que desbloquearon asuntos muy relevantes para Canarias. Mereció la pena pese a las críticas, porque demostramos que cuando se es consciente de lo que se defiende se puede negociar sin necesidad de perder la coherencia ideológica ni claudicar», añade.

Cuando todos los ojos estaban puestos en él como diputado 176, se produjo otra «insólita correlación de fuerzas» que lo convirtió contra su voluntad en presidente de la comisión de investigación sobre la financiación irregular del PP, en la que tuvo que comparecer Rajoy, porque su nombre fue el único que concitó consenso. «Lo hice a rastras, y lo dije, me llevaron por los pelos, pero cuando te llaman tirios y troyanos y te dicen que sin ti no hay comisión, no se puede decir que no», expone.

Quiso dejar claro entonces que si alguien estaba pensando en mangonearlo, mejor que se olvidara. Pero presiones hubo, y muchas. « Tuve que desarrollar una paciencia infinita, pero creo que mantuvimos la dignidad de la comisión aunque hubo intentos de convertir aquello en un circo», asegura.

De la experiencia de la candidatura compartida con CC y de estos dos últimos años y medio en el Congreso con posiciones distintas, Quevedo valora el lado más práctico. «La ventaja es que no tratamos de engañar a nadie, ni unos ni otros», expone, «se trataba de tener voz en el Congreso y solos era prácticamente imposible. Dijimos que íbamos a intentar coincidir y mantener políticas comunes y lo que no lo discutiríamos, pero no hubo mucho que discutir porque desde el principio a la hora pactar o no con el Gobierno de Sánchez ya surgieron las diferencias», añade.

Asegura que su formación ha cumplido el acuerdo de investidura que suscribió con el PSOE, pese a que no han faltado las desavenencias. «Hemos sido unos socios leales en circunstancias tremendas, pero ha habido tensiones, claro, porque ya sabemos que Canarias hay que explicarla todas las semanas en Madrid y este Gobierno se ha saltado el REF en varias ocasiones. Y no es una cuestión de dinero sino de respeto al fuero canario y eso sí que es una cuestión de principios», expone. A partir de la semana que viene las reuniones a cara de perro con la correosa ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya serán historia.