Un precipicio de 62.000 votos acaba con el feudo de Podemos

11/11/2019

La formación morada es incapaz de detener su sangría en la provincia, un progresivo desplome que le ha llevado a perder casi la mitad de los votos que logró en su primera comparecencia electoral nacional en diciembre de 2015. Algunos miembros del partido echan de menos más autocrítica en el balance.

La desaceleración progresiva de Podemos ha tenido en la provincia de Las Palmas un impacto notable. La formación morada logró mantener el escaño de Victoria Rosell, pero perdió el de Meri Pita tras una caída notable en relación a los comicios del pasado mes de abril. Pero con unos datos especialmente llamativos desde las elecciones de diciembre de 2015, la cúspide de la relación entre el partido y los electores. En aquellos tiempos de plazas llenas y puños en alto Podemos llegó a sumar en la provincia 62.201 votos más que el pasado domingo.

La involución de la marca de Pablo Iglesias es total. Duele especialmente en Las Palmas, territorio fetiche de un partido que tuvo en las islas orientales, especialmente en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, uno de los feudos claves de su meteórico ascenso en 2015.

El partido fue perdiendo fuelle, desde los 136.583 votos que en diciembre de hace cuatro años les catapultaron a segundo fuerza en la provincia hasta los 74.382 sufragios de las últimas elecciones.

Eso no condicionará demasiado la vida interna del partido. Meri Pita pierde su escaño y no tiene el gobierno orgánico del partido en las islas, cosa que evidentemente sí era así cuando ostentaba la secretaría general. Pero a pesar de la catástrofe en las urnas sigue contando con respaldo en Madrid, cerca de la cúpula de Pablo Iglesias, en la que es secretaria estatal de Plurinacionalidad y Diversidad Territorial.

Al respecto de la pérdida de un escaño por Las Palmas, Meri Pita, la perjudicada por ese retroceso electoral situó el problema en varios flancos: el movimiento tacticista del PSOE que derivó en nuevas elecciones y los resultados ya conocidos y la aparición de Más País, con Errejón al frente, y la división del voto de izquierdas.

Hay quien dentro del partido esperaba algo más de autocrítica por parte de la que ha sido diputada en las últimas legislaturas. Y lo cierto es que los números evidencian un desgaste importante del artefacto político más disruptivo de las últimas décadas en Canarias.

El techo llegó con los 136-583 votos de diciembre de 2015

Si Podemos reventó todos los pronósticos llegando a su techo en diciembre de 2015, nadie sabe si su suelo estará en lo que sucedió el pasado domingo. Sus candidatas, Rosell y Pita, señalaban que sí. Pero otros miembros del partido que compartían sede recordaban que «como decía un politólogo, el único suelo electoral que existe es cero».

Diciembre de 2015 marcó el escenario nunca imaginado por un partido que por primera vez llegaba a las urnas. 136.583 votos, el 26,48% de los sufragios en la provincia, y la segunda preferencia de los electores por encima del PP. Parecía que la ilusión que trasladaba el partido había calado en un electorado que le aupaba a la división de oro.

Pero desde ahí todo fue caer. Paso a paso. Ya en junio de 2016, con la primera repetición electoral de los últimos cuatro años, perdieron 23.000 votos quedándose en 113.256. Una pérdida de apoyo que este año siguió evidenciándose con los 91.126 votos de abril y, el peor dato de todos, los 74.382 del pasado domingo. Una situación que obliga al partido a una lectura interna intensa y dura.