Interior de las precarias instalaciones en las afueras de Arrecife que se emplean como Centro de Atención Temporal de Extranjeros. / CARRASCO

Las naves de Lanzarote para albergar a inmigrantes triplican su capacidad

Arrecife ratifica en pleno el rechazo a la apertura del CATE montado por Interior. En una semana han llegado en patera unas 700 personas

JOSÉ R. SÁNCHEZ Arrecife.

Entre el sábado pasado y ayer viernes, contando con la barquilla localizada en Órzola este viernes, han llegado a Lanzarote cerca de una quincena de pateras, con unos 700 ocupantes. O sea, mimbres para superar los registros de 2021, con 137 pateras y 4.929 personas a bordo, al margen de las vidas perdidas durante la travesías desde el continente africano. Para dar atención a estas personas, las administraciones aún no han sido capaces de poner en marcha un Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) en condiciones.

Y no hay visos de cambio, visto el debate plenario de ayer en el Ayuntamiento, donde se acusó a Estado y Gobierno canario de desviar «la atención sobre el problema de la inmigración en instituciones que no tienen competencias». Quedó patente que parece irreversible la decisión de evitar que entre en servicio el campamento dispuesto por Interior junto a la comisaría, en suelo de la Autoridad Portuaria.

En consecuencia, la atención a los inmigrantes se va a seguir dando en dos naves ni mucho menos ideadas para tal fin, junto a la autovía LZ-20. Con capacidad para poco más de un centenar de usuarios, ya van días en que la capacidad se ha triplicado, con el consiguiente aumento de riesgo de contagio de enfermedades y más posibilidades de roces, por la imposibilidad material de dar espacios específicos a magrebíes y subsaharianos. Como efecto, sobreesfuerzo de los agentes de la Policía Nacional venidos desde Gran Canaria, así como del personal de seguridad privada y del colectivo humanitario Accem.

Alquilada por el Estado, la nave principal, inmueble que en tiempos se usó por una distribuidora, está en Arrecife, en el límite con San Bartolomé, de subida. La otra, de bajada, que en tiempos fue almacén, aloja a personas que ya están en condiciones de libre circulación, ya fuera del límite capitalino. Ambas, junto a la depuradora de aguas residuales e instalaciones ganaderas, lo que se nota y respira. Son habituales las cucarachas y cuando se deja en el aire la pregunta de si frecuenta algún roedor, el panorama invita a decir que así pasa.

De ello da fe la abogada y activista Loueila Mint El Mamy mientras coordina esfuerzos para ayudar a algunas de las personas llegada en patera. «Esto no puede seguir», lamentaba ayer tarde, para a continuación demandar un cambio urgente. «El CATE estaría mucho mejor que la nave», propone como solución inicial.

Para cubrir deficiencias, por el Consorcio de Emergencias de Lanzarote, según su gerente, Enrique Espinosa, se han instalado camastros y se han dispuesto baños químicos en el exterior. También se han doblado los turnos de limpieza, con el lógico desembolso extraordinario.

Como solución intermedia alternativa, se valora trasladar parte de la infraestructura dispuesta junto a la comisaría, para con ello gozar de suficientes duchas y buen material para el descanso.

En inmigración, al margen, ayer se confirmó que han llegado a buen puerto los contactos entre Interior y Haría para la instalación final del necesario radar del SIVE (Sistema Integrado de Vigilancia Exterior) en el norte de la isla. Irá en una parcela negociada por el Consistorio, con lo que evitará el deterioro del mirador de Guinate. Se firmará un convenio para «regular las condiciones, derechos y obligaciones relativas a la cesión de uso de la parcela donde se instalará este sistema», según fuentes locales.