La campaña acaba sin despejar dudas sobre el bloqueo político

08/11/2019
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Loreto Gutiérrez / Madrid

Durante una semana intensa los candidatos a la Moncloa se han desdoblado en multitud de actos, han tenido presencia constante en los medios y han participado en un debate clave para contrastar mensajes, pero la campaña electoral del 10N se cierra hoy sin despejar las dudas sobre la gobernabilidad del país. Más bien al contrario, la rigidez de las posiciones alimenta la sensación de que la distribución de fuerzas que surja de la repetición electoral dificultará aún más el desbloqueo.

A dos días de la cita con las urnas todo sigue abierto. Los sondeos dan por segura la victoria del PSOE -durante la última semana de campaña está prohibido divulgar encuestas, pero no dejan de hacerse-, con un resultado similar o incluso algo por debajo de los 123 escaños que obtuvo el 28A sin que se perciba el crecimiento que esperaban los socialistas. A partir de ahí los pronósticos entran en terreno nebuloso al analizar las posibles salidas al bloqueo político que tiene paralizado el país desde hace meses.

La recta final de campaña es siempre decisiva y a Sánchez le puede pasar factura el patinazo de atribuirse el control sobre la Fiscalía General del Estado durante una entrevista al abordar la extradición de Puigdemont. Tras la reacción airada del poder judicial proclamando su independencia y el ataque frontal de los adversarios a los que dio combustible, el presidente en funciones se vio obligado ayer a rectificar y reconocer su error, que atribuyó al cansancio.

El aumento del paro -el mayor en el mes de octubre desde 2012- y la previsión a la baja de la UE sobre el crecimiento de la economía española en cuatro décimas le han estallado también al PSOE en el último tramo de la carrera electoral, con posible efecto en las urnas. Si sumamos que Sánchez mantiene su negativa a un gobierno de coalición con Unidas Podemos, mientras que la formación de Pablo Iglesias -que baja pero amortigua la caída pronosticada- insiste en que solo aceptará entrar en el Ejecutivo, el resultado es que la alianza progresista que ya fracasó tras el 28A sigue desdibujada.

En el bloque contrario el PP rentabiliza su giro moderado y atrae a buena parte de los votantes que pierde Ciudadanos -que se hunde salvo que se plasme la remontada con la que sueña Rivera-, pero sigue por debajo de la barrera de los cien escaños y lejos de poder articular una mayoría con las otras fuerzas de derechas.

El factor Vox puede tener por contra un peso determinante. La formación de extrema derecha sube considerablemente en los sondeos aupada por el conflicto de Cataluña y por la visibilidad que su líder, Santiago Abascal, obtuvo en el debate electoral, en que lanzó sin estridencias mensajes de dudosa constitucionalidad que nadie rebatió.

Si los pronósticos se cumplen y Vox se coloca en torno a los 50 escaños -en abril sacó 24- la opción de una gran coalición entre PSOE y PP como eventual solución al bloqueo va a resultar muy complicada, por la presión que la formación de Abascal ejercería sobre Casado para que no facilite un gobierno presidido por Sánchez.

De momento ni PSOE ni PP ven viable esa gran coalición y Sánchez la ha rechazado expresamente para no ahuyentar a su electorado más progresista, pero las previsiones dicen que un escenario posible tras el 10N es que la suma de sus escaños sea la única combinación que alcance la mayoría absoluta sin la participación de otras fuerzas. Una abstención técnica de la oposición para que Sánchez sea investido tendría un recorrido corto y la legislatura podría volver a encallar en la negociación de los Presupuestos. La respuesta a las dudas, a partir del lunes.

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