Una relación de nueve meses sin final feliz entre Canarias y Madrid

17/02/2019

En un primer momento parecía que Canarias y el Gobierno de Sánchez se iban a entender bien, pero pronto empezaron a surgir los escollos y las diferencias de criterio que enrarecieron el diálogo y acabaron por precipitar el enfrentamiento

Los casi nueve meses que Pedro Sánchez lleva en la Moncloa -se cumplirán el 2 de marzo, tres días antes de que se disuelvan las Cortes- han sido un camino sinuoso y empedrado para las relaciones entre Canarias y el Estado, que han transitado a trompicones desde las buenas intenciones a la total desconfianza mutua.

Justo a la inversa del fugaz recorrido que el 1 de junio de 2018 llevó a cabo la diputada de CC en el Congreso, Ana Oramas, al pasar en unas horas del anunciado voto en contra de la moción de censura de Sánchez -al que tachó de «irresponsable» por ahondar en la inestabilidad del país- a la abstención de último momento como «muestra de confianza» cuando se vio claro que iba a ser el próximo presidente. Conviene llevarse bien.

Sobresalto permanente

Sánchez se comprometió entonces a cumplir la agenda canaria y a sacar adelante el REF económico y el nuevo Estatuto de Autonomía, que estaban en trámite parlamentario pero en permanente sobresalto ante un eventual final precipitado de la legislatura. Felizmente, el adelanto electoral tardó lo suficiente como para que ambas leyes fueran aprobadas y entraran en vigor en noviembre.

La formación del Gobierno socialista dio alas también a las expectativas canarias: en los primeros días el Ejecutivo de Fernando Clavijo llegó a calificar de «solvente» e «ilusionante» al flamante Consejo de Ministros nombrado por Sánchez. Todo eran por entonces parabienes.

El 75%,a ritmo de Ábalos

Pero la política es terreno poco abonado para la armonía y los problemas tardaron poco en aparecer. El primer toro le toco lidiarlo al ministro de Fomento, José Luis Ábalos, que se encontró con el descuento del 75% al transporte de residentes encima de la mesa y ante las dudas administrativas para su aplicación lo despachó con un «esto no sale hasta diciembre» y a otra cosa. Tal fue la reacción política y social desde las islas que al poco se vio obligado a rectificar y solucionó el embrollo, no sin antes reconocer que el 75% lo había traído por la calle de la amargura.

Luego llegaría el vía crucis de las carreteras, también con Fomento de por medio, los apremios de Canarias para firmar el nuevo convenio, los plazos no cumplidos marcados por Ábalos -otro dolor de cabeza para el ministro- y finalmente un acuerdo parcial que solo se pudo rubricar el 22 de diciembre, con el eco de los niños de San Ildefonso de fondo pero sin premio gordo, porque quedó pendiente el pago de la deuda de 935 millones avalada por el Supremo, aún por resolver.

Convenios pendientes

Mientras tanto, el presidente Clavijo pedía hora para verse en la Moncloa con Sánchez y poner al día la agenda canaria. En el Ejecutivo regional empezaban a cuestionar el conocimiento del Gobierno estatal de la singularidad isleña e incluso el grado de voluntad política, porque el resto de los convenios pendientes se topaban también una y otra vez con obstáculos que retrasaban la firma necesaria para librar los fondos presupuestados. La entrevista en Moncloa llegó en octubre, aunque con magros resultados: apenas un difuso compromiso de Sánchez de que todos los convenios quedarían firmados en noviembre, que nunca se cumplió.

Partidas borradas del presupuesto

A partir de ahí todo se precipitó. Los desaires de Sánchez en sus visitas a las islas, durante las que -molesto por la subida de tono del Gobierno canario- evitó verse con Clavijo, una parte de los recursos de 2018 bloqueados, convenios sin firma... Y en enero, la guinda: un proyecto de Presupuestos que borraba de un plumazo algunas de las partidas canarias vinculadas al REF y al Estatuto, una negociación fallida y una enmienda a la totalidad que a la postre contribuyó a precipitar el fin del Gobierno de Sánchez. A partir del 28 de abril, vuelta a empezar con quien gobierne.