Juan Carlos Monedero, en las instalaciones de CANARIAS7. / cober servicios audiovisuales

La entrevista

«No estoy en el Gobierno porque mi reino no es de ese mundo»

Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963) se desplazó a Gran Canaria para participar en el programa 'Trópico distópico' que emite Televisión Canaria, e hizo un hueco para contestar en CANARIAS7 a preguntas sobre la actualidad política, el papel de Unidas Podemos en el Gobierno y su futuro político. En el encuentro informativo también participó Rafael Álvarez Gil, columnista del periódico

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Profesor y fundador de Podemos Estuvo en los orígenes del partido, codo con codo con Iglesias y Errejón, después pasó a un segundo plano, instalándose en el mundo de las ideas, la reflexión, la docencia y el análisis de lo que sucede. Con ese bagaje, mira en esta entrevista al pasado y presente de la política, incluido el fracaso de la moción de censura.

- ¿Cree que el divorcio entre Casado y Abascal, entre el PP y Vox que vimos en el debate de la censura es un divorcio real o hay mucho de postureo?

- Igual que hay matrimonios de conveniencia, hay divorcios de conveniencia. El diseño político de la salida de la dictadura tenía tres grandes redes: el bipartidismo, la monarquía asentada sobre el centralismo, y el mantenimiento de un capitalismo muy clientelar. En el 15M todo eso se dinamita: el bipartidismo se ha roto, el rey está en Abu Dabi, los casos de corrupción tienen al PP en las cárceles, y llegan la señales de que hay una España plurinacional que cuestiona ese centralismo. Eso tiene a la derecha descolocada, porque se les ha roto el bipartidismo. El capitalismo también vive una pugna entre las pequeñas y medianas empresas con las grandes empresas apoyadas tradicionalmente por el Estado. Todo eso ha explotado, y con la irrupción de las reivindicaciones independentistas en Cataluña, se ha quitado la careta una parte de la derecha. Casado ha escenificado una pelea con Abascal que personalmente no me la creo, porque para que sea de verdad, tendrían que romper hoy mismo los gobiernos de Madrid, Andalucía y Murcia. Y no lo van a hacer. Casado se ha dado cuenta de que Vox lo arrastra a posiciones que en Europa no son aceptadas. Hay un cordón sanitario frente a la extrema derecha en todas las capitales europeas y que miran con preocupación cómo el PP se deslizó hacia esa derecha 'trumpista'. Pero al mismo tiempo, si Casado asume un alejamiento de esa derecha, ¿con quién va a gobernar? Está en una especie de trampa, y además con Feijóo acechando al próximo error.

- En gran medida Podemos canalizó el malestar imperante en un Estado del bienestar. ¿No está pasando ahora lo mismo con Vox, con el riesgo de que arrastre un voto transversal, incluso entre quienes apoyaron a Podemos en su día?

- El discurso de Abascal era 'magufalandia', era la traslación de los presupuestos de Trump a España. Abascal debió pensar que si Aznar declaró la guerra al islote de Perejil, él puede hacerlo a China... es un discurso delirado. Es verdad que una parte de ese discurso de la extrema derecha europea bebe del malestar frente a la globalización neoliberal, un discurso que podrían expresar una parte de los chalecos amarillos, que es un movimiento más complejo. El problema de Vox es que son señoritos, son requetés, son ricos, defienden el capitalismo financiero, nunca se les ha visto votar en contra el sector bancario, defienden al rey en un momento en que suena extraño por los comportamientos extravagantes del padre y también del hijo... Es una extrema derecha desubicada. Sí que puede atraer a los desencantados de la política pero eso no construye una mayoría. Esos 298 votos en el Parlamento contra sus 52 son una señal de que España mira con una mezcla de sorna y preocupación a Vox, con Abascal convertido en una mezcla de Chikilicuatre y un pistolero del Far West.

- ¿Y no ve a Unidas Podemos también desubicado en el Consejo de Ministros? En un Gobierno que participa en la salida del rey a Abu Dabi, en un pacto en el que una parte llega a un acuerdo con Bildu para la reforma laboral y luego eso se frena... ¿Qué pinta ahí Podemos?

- El sistema querría que Podemos se comportase como la izquierda tradicional que plantea 'o todo o nada'. Y eso la condenaba a no poder gobernar. Cuando fundamos Podemos, creo que acertamos en el diagnóstico y fuimos honestos al plantear que no éramos el 15M, porque queríamos gobernar. Entendimos que lo que hacía daño al sistema no era estar en las calles levantando las manos, porque el sistema había casi incluso desactivado las huelgas generales. Lo que les molestaba era que accediéramos al Gobierno. Pero no podíamos engañarnos pensando que íbamos a conseguir todo... ni siquiera en quince años. Los cambios son más lentos y la síntesis siempre tiene parte de la tesis y de la antítesis. Tenemos una visión muy realista de la transformación y entendemos que desde el Gobierno puedes sumar a más gente. Cuando ponemos en marcha un Ingreso Mínimo Vital y funciona, que es algo que forma parte de una confrontación entre PSOE y Podemos, pues de repente hay millones de personas que dicen: «Pues me va mejor cuando gobiernan estos». Lo importante es tener el horizonte claro. Se refleja en una frase que suele decir Pablo Iglesias: «Estoy dispuesto a tragarme algunos sapos pero no cualquier sapo». Decía Lenin que gobernar es caminar entre precipicios y la izquierda tiene que acabar con la maldita costumbre de medir con el propio cuerpo cuánto de hondo es el propio precipicio.

- Según su análisis, Podemos puede estar consiguiendo cosas desde dentro del sistema, incluso cambiando el sistema, pero uno mira los resultados de las últimas elecciones autonómicas y lo que se ve es un declive en el voto de Podemos, sus mareas, confluencias y diversas fórmulas. ¿Qué está fallando en Podemos como partido?

- Unidas Podemos tuvo seis millones de votos y a partir de ese momento se activó la policía política, nos plantearon una veintena de querellas, la mayoría archivadas pero parece que da lo mismo, porque en los periódicos hoy mismo aparecen los ataques de hace seis años, con unos medios convertidos en los partidos que le hacen la tarea a la derecha. Al final eso va dejando su mella. No se ha demostrado en ningún juicio que Podemos haya recibido financiación de Venezuela, pero da igual: hay una parte importante de los españoles que está convencido de que es así. ¿Cómo se defiende esto, si los medios deciden ser deshonestos?

- ¿Por qué esa manía de Podemos con los medios? En un país con 40 años de democracia, la gente va al quiosco o en los últimos tiempos a internet y tiene donde elegir. Y si elige una parte de la prensa, habrá que respetarlo. Es como criticar que la gente vea 'La isla de las tentaciones' cuando a la misma hora en La 2 hay un documental o una buena película.

- Ahí la frase típica es el ejemplo de las moscas y adónde acuden... Una de las reflexiones que tiene que hacer la izquierda es cómo ser más atractiva. Pero es verdad que tenemos que hacer un esfuerzo, porque si no hay esfuerzo, no creces. Y es verdad que es más divertido ver cosas de risa, pero si quieres crecer personalmente, tienes que aprender a leer e incluso leer un ensayo. En eso la izquierda ha fallado, pero cuando acierta es muy eficaz. Es muy difícil pelear contra el dinero: hoy son fondos de inversión los dueños de las principales cabeceras de este país y yo me pregunto: '¿Qué demonios hace un banco llevando un periódico, sino contaminando las noticias para condicionar mi manera de ver el mundo?' Lo estamos viendo también con las redes sociales, con neurobiológos y mucha neurociencia determinando los anuncios y la tecla del Like, del 'me gusta', para al final condicionarte a comprar algo. Ya hay muchos estudios que demuestran que una noticia falsa genera muchas más respuestas que una verdadera. Hay que regularlo pero no es sencillo porque hay que salvaguardar la libertad de expresión. Hay que intentar que la gente no escoja leer mierda, que es algo que pasa. La solución no es clara pero hay que abrir el debate: si al final gana las elecciones el que dice más mentiras, estamos perdidos.

- Caso Neurona: ¿le quita el sueño esa investigación judicial a esa consultora, para la que usted trabajó?

- No. En absoluto. Cada semana que pasa se archiva un trozo de esa querella. Esta semana se ha archivado la supuesta caja B, que ocupó portadas, abrió telediarios... y no era una caja B en absoluto. ¿Por qué se ataca a Neurona? Porque es de las pocas consultoras de izquierdas. El resto trabaja considerando que su candidato es una mercancía, lo venden y da igual lo que haga ese candidato si gobierna. Yo trabajé hace dos años con Neurona y no he vuelto a trabajar con ellos y la presentan como la consultora de Monedero. Forma parte de la estrategia para dejar un poso: ¡Qué más da que se haya demostrado que no defraudé a Hacienda, que no había caja B!, si al final hay gente que se lo cree. Al final lo que dicen es que Neurona se llevó el dinero a México... ¡Pues claro: es que su central está en México!

- Ya que habla de América, ¿de verdad alguien de la izquierda democrática española puede estar orgulloso de cómo gestiona la izquierda en algunos países americanos? ¿Pasarían esos modelos de gestión por el tamiz de una democracia como la nuestra?

- Por el tamiz de nuestra democracia no pasa ni Estados Unidos, donde Trump ha roto los consensos básicos al nombrar a una jueza del Tribunal Supremo sin esperar al resultado de las elecciones, para que si ese resultado electoral es ajustado, sea el Supremo el que decida quien gobierna. Esto de los estándares y compararlos es complicado. A ningún biólogo se le ocurriría pensar que puede trasplantar el corazón de un águila a una paloma o de un gorrión a un jilguero, pero sin embargo se nos ocurre esto de trasplantar un modelo de gobierno de un país a otro. En el caso de Venezuela hay que conocer su historia, cómo se construyó en su día, confundiendo Gobierno y Estado, con una enorme ineficiencia a partir de que tenía petróleo. ¡A quién se le ocurre pensar que esa lógica de Estado rentista petrolero se puede trasladar a otro lado!; es una estupidez, pero se repiten esos silogismos baratos.

- Desde su condición de politólogo y también como peninsular, ¿cómo ve a Coalición Canaria, que con una diputada en el Congreso tiene mucha proyección mediática en la península?

- CC siempre me ha recodado a la momia antes de convertirse en serrín, que siempre está ahí, pero la ves tan rancia que puede seguir años pero sabes que puede desvanecerse. Cuando escuchamos a Ana Oramas, que un día dice una cosa y el día después puede decir lo contrario, representa de alguna manera la vieja política, que puede ser eficaz mientras no emerja lo nuevo. CC es un partido rancio, envejecido, que gestiona lo de siempre pero tiene dificultades para 'enamorar'. Para mí Oramas es un nicho que subsiste porque están expulsando a los jóvenes de Canarias.

- ¿Y Nueva Canarias y Pedro Quevedo?

- Es tan evidente que la España autonómica ha quedado desfasada que hemos convertido el Congreso en una suerte de Senado, donde de repente tienen mucha importancia voces como Oramas, Quevedo, Teruel Existe... es exótico para los medios pero no es la expresión de que la España federal está por construir.

- Si hay elecciones a corto o medio plazo, ¿le veremos en una candidatura?

- La política se ha convertido en una montaña rusa, como en las series de televisión, donde los capítulos acaban dejando abierto un abanico de oportunidades, pero no ya para la siguiente temporada sino para el siguiente capítulo. No tiene sentido decir 'yo nunca beberé de este agua'... No me veo en la gestión pero sería hipócrita decir que nunca lo haré porque hemos visto a tanta gente decir frases de ese tipo y luego comérselas. Así que prefiero decir: 'No está en mis planes pero dios proveerá'.

- ¿Por qué no está usted en el Consejo de Ministros? ¿Se quedó esperando la llamada de Iglesias o le dijo que no cuando lo llamó?

- No estoy en el Gobierno porque mi reino no es de ese mundo (sonrisas). Me hizo gracia porque hubo una semana en que yo sonaba como ministro y como participante en 'Supervivientes', en Telecinco. Y he de reconocer que pagaban mucho más en el 'reality'... Desde el comienzo le dije a Pablo que no quería asumir ninguna responsabilidad en el Gobierno, que mi tarea estaba más acompañando, pensando... y que me veía más útil en la fundación y pensando en el medio y largo plazo, y haciendo lo que sé hacer: aprender y enseñar.