Entre la ilusión y algunos disgustos

22/09/2019

Se cumplen los cien días desde la constitución de los plenos municipales tras las elecciones del 26M. Nuevos alcaldes y concejales hacen su particular valoración de una experiencia con algunas trabas

El alcalde de Santa Lucía de Tirajana, el psicólogo Santiago Rodríguez Hernández, cumple sus primeros cien días de mandato derrochando el mismo entusiasmo con el que comenzó su labor. Ni el hecho de haber desplazado del poder a cuarenta años de nacionalismo, ni el desagradable «vacío» que le hicieron sus antecesores al llegar al cargo, ni el abrumador número de vecinos que insisten en hablar con él en persona, han conseguido borrarle la sonrisa. «Esta es un experiencia muy bonita, tengo que reconocerlo, estoy encantado», asegura con un aplomo propio de un veterano.

«Llevo dos semanas en las que he tenido que crear un plan de choque para poder atender a todos aquellos vecinos que están intentando hablar personalmente conmigo, porque ellos entienden que hasta ahora nunca han tenido esa oportunidad y, como se las estoy ofreciendo, he tenido que poner horarios de visitas también por las tardes», afirma.

Santiago Rodríguez, que gobierna en un pacto de cuatro partidos políticos -La Fortaleza, Agrupación de Vecinos, Partido Popular y Podemos-, asegura que nunca imaginó este camino, con tantas personas queriendo ser escuchadas por el propio alcalde. «Para mí es una grata sorpresa, y además no tengo dificultad en dedicarles todo el tiempo necesario, además es muy satisfactorio que la gente se acerque y quiera hablar, aunque a veces tenga que disculparme porque me abordan en la calle cuando voy con el tiempo justo a otros compromisos».

Dramas. Rodríguez quiere creer que esta dinámica desaparecerá en pocos meses, «porque esto viene dado por un cambio en la gestión que ha sido algo deseado por la ciudadanía, y entonces vienen a comprobar si efectivamente hay un nuevo talante, y tengo que decir que nadie ha salido molesto o enfadado de su visita; digo no a la que es no y no miento», apunta.

La vertiente dramática de su experiencia fueron tres hechos que le hicieron perder la calma. Uno, el incendio de un vertedero de rafia, material utilizado para amarrar tomateros, que generó una humareda tóxica que casi obliga al desalojo de Casa Pastores. «Ese momento me pudo», señala el alcalde. El otro, la urgente puesta en marcha de los comedores escolares, al siguiente día de tomar posesión y sin estar familiarizado con la administración; y el último, la nube de polvo de las obras en Pozo Izquierdo. Más allá de esto sus cien días han sido de trabajo pero con normalidad.

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