Clavijo obligó a meter a sus amigos en las grúas

28/11/2017

Cuando fue alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo presionó a José Padilla, entonces dueño de la empresa Autogrúas Poli, para que «metiese» como trabajadores de la misma a varios de sus «amigos». Así lo declaró ante la Guardia Civil el 4 de septiembre de 2013 el citado empresario.

Las declaraciones de José Padilla ante la Guardia Civil en abril de 2012 y septiembre de 2013 cobran gran valor ahora que el caso grúas se encuentra en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias tras elevar la causa la juez Celia Blanco ante la condición de aforado de Fernando Clavijo al ser presidente del Gobierno canario. Cuando se iniciaron los hechos objeto de la investigación, Clavijo era primero concejal del área de Seguridad y después alcalde de La Laguna.

En su relato de septiembre de 2013, José Padilla muestra su malestar por el hecho de que el Ayuntamiento lagunero le fue reteniendo pagos de la concesión de grúas para, según su opinión, acabar forzándole a vender la compañía a unos trabajadores que eran amigos de Clavijo. Relata el empresario que fue «varios meses antes de abril de 2011» cuando, en el marco de una conversación con el entonces concejal de Hacienda, Juan Antonio Alonso, para reclamarle esos pagos municipales pendientes, éste le contesta que «había alguien que quería comprarle la empresa y que se la vendiese». José Padilla menciona a Esteban Jesús Hernández, «muy amigo» del edil de Hacienda; Santiago Ramón Casanona, «que era muy amigo del alcalde, sabiendo que iban a competir en kárate a la península» y que, «según cree», Clavijo fue padrino de boda de la segunda esposa de Santiago Ramón Casanova, «haciéndole el mantenimiento también al alcalde de los edificios de los que era administrador de fincas»; y Pablo Bartolomé Ginovés, cuya esposa trabajaría donde estuvo el despacho profesional de Clavijo. Añade asimismo que el resto de personas que le compraron la empresa «tenían vinculación directa o indirecta con el alcalde».

Seguidamente, el empresario detalló cómo algunos de esos trabajadores convertidos en dueños de la compañía de grúas hablaban delante suya por teléfono con Clavijo, llegando este «a obligarle a que metiese a varios de ellos a trabajar en la empresa». Y añade que «en una ocasión» que contrató a otra persona que no era de ese círculo de amistades, Clavijo le llamó por teléfono y le reprochó esa contratación «sin su consentimiento».